MÁS PANTALLA PARA LA IZQUIERDA























VOXPRESS.CL.- Si hay algo que le debe doler a Ricardo Lagos Escobar -aparte de la traición del PC el 2017- es que ni siquiera en su propio sector, ni en el corazón de la izquierda, se reconozca como de su autoría la actual Constitución. Él se encargó de reformarla radicalmente, quitándole todos los enclaves autoritarios incluidos en ella por sus autores originales del 80. Al estampar su sello presidencial el 2005, le anunció al país que “al fin tenemos una Carta Fundamental totalmente más democrática”, lo cual sus fieles seguidores de antaño hoy lo desconocen: continúan refiriéndose a ella como “heredera de la dictadura”.


Tampoco resultó efectivo ni creíble la contagiosa afirmación suya en cuanto a que “dejemos que las instituciones funcionen”, porque desde antes que lo manifestara, durante y después, el país ha sido y es testigo de que ello no es así, porque si hay algo de lo mucho que anda mal, son precisamente las instituciones.


Enumerar a las que, a los empellones, tratan de parecer que lo hacen bien en medio de su oscuridad, sería muy largo. Son casi todas. Una de ellas es el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), nombre pomposo para un ente pequeño aparentemente creado para una función relevante, pero que ha terminado por restringir su campo de acción a banalidades.

Remitiéndonos a definiciones oficiales, el CNTV es un organismo del Estado, cuya misión es controlar el funcionamiento de los servicios de televisión. Leído así, se deduce que su objetivo es eminentemente profesional y técnico, y, por lo tanto, impedido de inmiscuirse en circunstancias políticamente ideológicas.


Fue fundado el 24 de octubre de 1970, once días antes de la asunción de Allende, concluyéndose que por la fecha y el período político que se avecinaba -la Unidad Popular-, su destino sería el de uno de los tantos ‘interventores’ que el Estado socialista incrustó en el funcionamiento de la sociedad civil.


Con rango constitucional, se ha convertido en un recipiente de quejas de quienes se sienten perjudicados por alguna transmisión de un canal e incluso, suele recoger inquietudes de simples televidentes molestos por alguna edición que contraviene sus gustos y creencias.


Dada su aparente autoridad en el marco de la industria televisiva, podría, hace tiempo, haberse convertido en un estimulador de una TV de calidad y revertir la caída libre en que se halla en estos momentos. Sin inmiscuirse en la libre decisión de los controladores, podría ser un nido de creativos que reemplace la ausencia total de lucidez e imaginación existentes hoy en las tele estaciones y, si se lo hubiera propuesto, hubiera jugado un rol clave en las dificultades y deficiencias que originó la peste en el inesperado acomodo a clases a distancia y hasta pudo ayudar a millares de niños sin recursos que quedaron sin contacto con sus profesores. Nadie sabe -¡nadie!- que el Consejo es el que fija los contenidos de CNTV Infantil, canal educativo en una señal del cable.


Hace mucho que el CNTV renunció a su misión central de “supervisar el correcto funcionamiento de la industria”, para convertirse en un ente político, tremendamente oportunista, opinante y subjetivo. Pese a su condición de neutral e independiente, a cargo de la franja televisiva del plebiscito se ha caracterizado por sus injerencias políticas, como afirmar, por ejemplo, que “será una muy buena oportunidad para reestablecer los vínculos entre las organizaciones civiles y los partidos políticos”.


Ello es una falacia absoluta, pues el país en su totalidad sabe que las colectividades de izquierda constituyen un todo con las organizaciones civiles, muchas de ellas partícipes del Golpe extremista del 18/O y activas patrocinadoras del terrorismo en La Araucanía.


Fue la izquierda, ya dominante después del falso Acuerdo de Paz del 15 de noviembre, la que presionó para que se diera cabida a organizaciones civiles en una franja política, todas de notoria incidencia en los ámbitos comunitarios en que se desenvuelve, territorios donde campea el extremismo y en los cuales los conversatorios y diálogos vecinales hicieron nata, tras el intento de derrocamiento del Presidente.


El CNTV fue una de las primeras instituciones en resentir la rendición presidencial ante la oposición por la gran cercanía entre su presidenta y el Mandatario. De ahí en adelante, investigó todas las denuncias de la izquierda en cuanto a la “injusta mayoría” de políticos de derecha -dirigentes, parlamentarios y alcaldes- en diferentes programas de los canales.

Por los derechos que le otorgan todas las leyes sectoriales y nacionales, las estaciones de TV son soberanas de exhibir en pantalla a las personas que deseen en la medida en que conserven el respeto y las buenas costumbres. Incluso, se celebró su abstención con motivo de la grosera expulsión desde un matinal de un invitado partidario del régimen militar, episodio que, por lejos, superó un mínimo de buena educación.


Sin embargo, ante los reclamos de la izquierda por su menor presencia en pantalla, el CNTV no tuvo empacho en perder el tiempo haciendo una investigación al respecto y concluir que “a los matinales son invitados más hombres que mujeres y más políticos de centroderecha que de oposición”.


Ese tipo de estudio hace del Consejo una institución de nula credibilidad, porque si de contar quienes de un lado y de otro participan en los programas de TV se trata, debió haber incluido a los panelistas y, principalmente, a los periodistas, quienes también suman en las opiniones, y que hoy en todos los espacios sin excepción constituyen una descarada mayoría opositora y del Apruebo, contraviniendo el más elemental principio de objetividad y profesionalismo.

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