LA ONU CONOCIÓ A UN CHILE IRREAL





















VOXPRESS.CL.- Más allá de que la ONU, a estas alturas, no represente más que los intereses económicos e ideológicos de un puñado de naciones poderosas, su periódica Asamblea General continúa siendo, lejos, la mejor vitrina para que cada Presidente aproveche de contarle al resto del mundo acerca de sus propios dolores y males. Es ‘la’ oportunidad de los socios minoritarios de que el resto los escuche, porque el interés global gira durante todo el año en torno a la voz y prepotencia de los grandes.


Chile acaba de dejar pasar la ocasión de narrarle al mundo que fue víctima de un fallido Golpe de Estado urdido por una dictadura comunista, y del cual todavía hay graves secuelas humanas y económicas. Perdió, también, la oportunidad de decirle en su cara al Secretario General de la ONU que por culpa de su inepto dependiente director de la OMS, la pandemia continúa incontrolable y que por injerencia de su Consejo de los Derechos Humanos, Chile sigue sin resolver su progresivo aumento del terrorismo en la zona sur.


Hablar ante la asamblea de la ONU, por muy a distancia que esté, siempre constituye una oportunidad para decir “las cosas por su nombre”, como lo hacen, y sin temor, sus socios mayoritarios: El Presidente Trump denunció lo que todo el mundo calla, en cuanto a que China es la responsable de ‘exportar’ la peste por cerrar su espacio aéreo sólo para vuelos internos y no hacía el exterior.


Como refresco a la memoria, hay que recordar que hace un año, con la Asamblea General en vivo, el Presidente de Chile se lució, codeándose con líderes mundiales, como paladín de la defensa del medioambiente. En su estilo, explotó una oportunidad única para sobresalir, tal como lo hizo el fallecido dictador soviético Nikita Kruschev, al quitarse un zapato y golpear su escritorio en señal de desacuerdo.


El mismo día en que el canciller Andrés Allamand, con voz firme y decidida, comunicaba al Congreso que, definitivamente, Chile no firmará el Acuerdo de Escazú por considerarlo un peligro para los soberanos intereses del país, el Presidente pronunciaba su mitológico discurso ante la ONU, elogiando el multilateralismo, el mismo que, en muchas materias, tiene al país dependiendo y actuando según lo establecido por los socialistas en innumerables pactos y convenios internacionales.

En un discurso decididamente irreal, grabado y leído desde La Moneda, el mensaje de Sebastián Piñera fue exhibido ante una desteñida asamblea celebrada en forma telemática en la sede de la ONU en Nueva York, luego de las intervenciones de los mandatarios de Brasil, Jair Bolsonaro, de Estados Unidos, Donald Trump, y del dictador chino, Xi Jinping.


A raíz de las críticas en contra del ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, centró la primera parte de su exposición en defender el modo chileno de combate a la peste e insistió en que “sólo podrá solucionarse multilateralmente”… Después pidió un Gobierno de transición para Venezuela, sin alusión alguna que fue su dictador quien planeó el Golpe que intentó derrocarlo.

Al hacer alusión al mal llamado Estallido Social, eludió referirse a la magnitud de los daños y de los perjuicios causados a la ciudadanía, remitiéndose a una explicación más cobarde que realista, al decir que “el Gobierno escuchó con atención, con sensibilidad y con sentido de urgencia estas demandas y puso rápidamente en marcha una nueva agenda social”. Por una cuestión de ego - imaginamos-, escondió la verdad de que todo lo bueno contado por él fue impuesto por la oposición izquierdista a condición de no hacerlo saltar de su cargo.


Al referirse a las “manifestaciones de unas minorías”, afirmó que el Gobierno “hizo todo” para resguardar el orden público y el respeto a los derechos humanos”, lo que todo el país sabe que no fue así, porque al levantar el Estado de Emergencia y restarle potestad a Carabineros, dejó a la ciudad a merced de los extremistas. En refuerzo de su imaginario poder, expresó que “vamos a hacer todos los esfuerzos para que en Chile no haya impunidad, ni para quienes atentan contra los derechos humanos ni contra los violentistas". Ese mismo día, el adulto autor del incendio a un edición patrimonial próximo a Plaza Baquedano, en noviembre, fue dejado en libertad vigilada…Simultáneamente, se reveló que las escopetas anti-disturbios de la policía uniformada sólo tendrán tres balines de goma en lugar de los doce originales del arma.


Como inentendible broche de oro a un discurso fantasioso, el Presidente le contó al mundo una historia imaginaria sobre el plebiscito constitucional. Tras omitir, nuevamente, que ello le fue impuesto a cambio de seguir en el cargo, muy suelto de cuerpo manifestó que “la crisis social abrió una oportunidad para lograr un acuerdo constitucional; estoy convencido de que la inmensa mayoría de los chilenos queremos perfeccionar, modernizar o cambiar nuestra Constitución".


Esto último fue lo único rescatable, al menos para los chilenos, de su mensaje al mundo: reconoció, formal y definitivamente, que, pese a que el referéndum le fue impuesto por el adversario político, está feliz por su realización y se halla de acuerdo con que se venga una nueva Constitución, muy distinta a la que él juró en dos oportunidades y la que le permitió, con el paso de los años, ser uno de los individuos más ricos del país.