LA FRONTERA PERMEABLE A LOS ILEGALES



VOXPRESS.CL.- Parafraseando los versos de Pablo Neruda que dieron vida a la tonada sobre José Miguel Carrera, no habrá que decir “pasan y pasan los años, y la herida no se ha cerrado”, sino pasan y pasan los años y el problema no se ha solucionado. Nos referimos, específicamente, a que la frontera norte del país continúa siendo un libre tránsito de extranjeros que ingresan indocumentados al territorio nacional, con la asombrosa nueva realidad de que no se trata, como antes, de un tránsito furtivo, sino de un flujo sostenido, masivo y con todo tipo de apoyo logístico desde fuera y desde dentro. Es una copia de la oleada de haitianos llegados en aviones, pero esta vez de venezolanos arribados en buses previamente contratados.

En cuestión de meses, sólo Iquique, esto es, una pura ciudad, ha recibido a más de mil inmigrantes, obviamente ilegales. Con el cada vez menos creíble pretexto humanitario, Chile, sospechosamente, se ha convertido en el destino favorito de oleadas de venezolanos que no parecen venir ni tristes ni mal alimentados.


Sabe el mundo la tragedia que está sufriendo el pueblo venezolano, sometido a los crueles dominios de una tiranía comunista, y, por lo mismo, de los países sudamericanos que deben poner más atención a estas oleadas, es Chile el número 1, y ello por el simple hecho de que continúa bajo la mira amenazante no sólo del chavismo, sino del extremismo internacional. Uno de los métodos para destruirlo es ahorcarlo socialmente.


Semanas atrás, el Gobierno informó tener lista la expulsión de un grupo de venezolanos detenidos durante el Golpe del 18/O y anunció que en carpeta se halla la deportación de otros 30 por el mismo motivo.

Entre los muchos errores que cometió La Moneda tras el ‘octubrazo’, estuvo el no denunciar ante el mundo la veracidad de lo sucedido y, particularmente, la intromisión política extranjera. Acaba de desaprovechar la asamblea general de la ONU para hacerlo, y hechos recientes revelan que no ha asumido acciones concretas de prevención, control y de aplicación de las normas de Extranjería.


Tres buses repletos de ‘inmigrantes’ venezolanos atravesaron todo el desierto nortino hasta llegar al liceo A 7 de Iquique para ser recibidos y hospedados. Los inmigrantes reales, en cambio, se cobijan bajo carpas en las playas, capeando el frío nocturno costino.


Dicho sea de paso, hacia Calama fue desviado otro bus con ilegales provenientes de la frontera sin conocimiento de la Gobernadora provincial.


Mucho forcejeó el Presidente para que la oposición de izquierda le permitiera disponer de las Fuerzas Armadas para vigilar las fronteras del norte con la finalidad de evitar el libre tránsito de todo tipo, especialmente por la infinidad de pasos ilegales. Hoy dichas zonas han vuelto a ser territorios de nadie, entregados sólo a la insuficiente presencia de Carabineros.

Una vocería de La Moneda, al tanto del cómodo ingreso de estos ilegales venezolanos, se remitió a anunciar que “serán expulsados”. No hubo una mínima extrañeza respecto a que en el trayecto entre la frontera e Iquique, nadie, ni por curiosidad, controlara el desplazamiento de los buses ni su irregular carga humana.


Antes de una lógica y rápida deportación, resulta imprescindible interrogar a los ilegales en, al menos, un intento por detectar el modus operandi de su arribo clandestino al país.


Resultan demasiado claras las evidencias de entidades y personas ayudistas que funcionan al interior del país, incluso vinculadas a la Iglesia Católica, cuyos propósitos van más allá de gestos humanitarios.

Quienes teóricamente huyen del régimen venezolano enfrentan una disyuntiva muy precisa sobre un eventual lugar de destino, porque dadas las crisis que todas las naciones americanas viven consecuencia de la peste, al sitio que vayan encontrarán similares y deprimentes realidades.


Chile, al igual que todos, está sumido en una crisis socioeconómica muy profunda y el Gobierno se encuentra abocado a una campaña de incentivo al empleo para paliar las todavía dramáticas cifras de cesantía, tanto de varones como de mujeres. El país vive en una anormalidad permanente, con todo tipo de repercusiones, y no son pocos los inmigrantes que exigen ser repatriados con cargo al erario nacional. No existe una sola señal de que se están reabriendo las condiciones para recibir más extranjeros que llegan a pujar por empleo, vivienda, salud y educación.


En cuanto a lo político, el único argumento razonable de quienes, sinceramente, son desplazados por una dictadura sanguinaria, como la de Nicolás Maduro, es apuntar como destino una nación cuyo sistema sea matemáticamente contrapuesto al venezolano, y que no es, hoy, el caso de Chile. A raíz del 18/O y, luego, del 15/N con el ficticio Acuerdo de Paz, subyace un régimen en transición, con un Presidencialismo sustituido por un Parlamentarismo de facto. Según lo que decidan el plebiscito, las Convenciones constituyentes y los comicios parlamentarios y presidenciales del 2021 se sabrá si pasamos a un modelo socialista, del cual los ilegales escapan. Nadie hoy puede garantizar que nuestro país continuará siendo una democracia plena con una institucionalidad sustentable en el tiempo, como hasta el 2019.

Imaginamos que en el caso particular de los venezolanos, están en conocimiento de los llamados que sus propios compatriotas, por años residentes acá, hacen a los chilenos para desconfiar de todo tipo de asambleas populares, pues ellos, en su momento, cayeron en el engaño del chavismo.


Los extranjeros desplazados desde cualquier país, pueden creer, fantasiosamente, que la realización de sus sueños y la recomposición de sus vidas se halla en estas tierras, y ello no es así. Acá, las oportunidades son escasas hasta para los nativos.


Como ésta es una realidad indesmentible, es hora de que el Gobierno cierre la boca y actúe con practicidad en la frontera norte, que haga respetar la valía y el honor de nuestro pasaporte y que investigue, dada sus alardeadas buenas relaciones con el vecindario, la incidencia desvergonzada de los ‘coyotes’, individuales o grupales, y que el desierto no siga siendo recorrido impunemente por buses repletos de alegres ‘inmigrantes’ que son recibidos en hospedajes preparados para la ocasión como si fuesen hoteles.


A simple vista, es fácil darse cuenta de que en esta materia existen conspiraciones internas y externas. El temor al adversario político no puede ser tan inmenso como para no atreverse a denunciar violaciones tan flagrantes en contra de la soberanía territorial.


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