EL SUPLICIO POR UN SUEÑO ROTO


VOXPRESS.CL.- Un antiguo y conocido proverbio alemán dice que “hablar ofrece plata, pero callarse, oro”. Como suele ocurrir en este país, y muy especialmente en los tiempos que corren, nuestras autoridades parecen interpretar exactamente al revés tal adagio: creen más rentable hablar que guardar silencio.

El callar cuando se es necesario hacerlo, es todo un don, del cual suele no hacer gala el Presidente de la República: calló cuando debió gritarle al mundo que intentaron darle un Golpe, y anunció un mensaje “de conmemoración” de la subversión para poner foco en “la paz social”…Menos mal que alguien de buen criterio le sugirió que no lo hiciera.


Pocos días antes, en medio de ácidas disputas por acusaciones constitucionales y por las invariables, e infundadas, acusaciones a Carabineros, el Presidente apareció en pantalla para comunicarle al país que “hemos entrado a la carrera espacial”…Horas s después salió a defender la soberanía económica marítima ante la presencia, en aguas internacionales, de una flota pesquera china, una actividad cotidiana en los océanos del planeta.


De un tiempo a esta parte, el Presidente tomó la iniciativa de dar lectura a periódicos discursos desde La Moneda, a la hora de almuerzo, anunciando como nuevos, viejos anuncios, repitiendo otros o repitiendo, a la letra, trozos de textos anteriores.

Dada su deteriorada apariencia física, su poca fresca expresión facial y el progreso de movimientos incontrolables de partes de su cuerpo, hacen pensar seriamente a profesionales médicos que el Presidente realmente se halla en una crisis de salud, y entre ellos hay diversas visiones sobre la patología que lo afecta.


Existe la convicción de que el Mandatario superó todos los niveles de estrés, pero no el conocido por los habituales reventones del organismo a causa del exceso de trabajo. Tratándose de un inagotable hacedor de dinero en el mundo de las inversiones y de las Bolsas, de poco dormir y de pasar toda su vida vinculado las 24 horas a computadores y teléfonos, lo que menos puede creerse es que su físico ha terminado siendo víctima de un trajín laboral excesivo.

El deterioro general del Presidente es producto de una conjunción de factores, todos ellos políticos, que le reventaron en su cara. El impensado impacto de duras experiencias, tratándose, según él, de un ser superior capaz de manejar hasta los más complejos problemas, terminó por voltearlo. Hoy, no puede hacerse a la idea de que era falible. La vez en que fue elegido Presidente por primera vez, su gran amigo Carlos Alberto “Choclo” Délano, lo ensalzó hasta la saciedad, diciendo que “su inteligencia es tan enorme que tiene dos cabezas”…


Cuando era senador, reunió a un grupo de periodistas en un viaje a la ONU, para decirles que “ustedes están al frente del futuro Presidente de Chile”. Al abandonar La Moneda el 11 de marzo de 2014, tras devolverle el poder a la socialista Michelle Bachelet, al día siguiente ya estaba en campaña ´para ser reelecto y lo consiguió. Sus cercanos decían de él que “se levanta y se acuesta como candidato”.


Al cumplir dicho objetivo, se propuso una meta más ambiciosa para cuando terminase su período, el 11 de marzo de 2022: ocupar un importante cargo de relevancia mundial: no soportaría tener que dejar La Moneda para volver a su oficina a incrementar su riqueza. Lideró el reemplazo del fracasado e izquierdista MERCOSUR por el PROSUR, se auto propulsó al liderato del medioambiente mundial, logró que lo invitasen a reuniones del G 20 y se alistó para lucirse como majestuoso anfitrión de una cumbre climática de la ONU (COP25) y de una asamblea de la APEC.


Su incontrolable afán de lucimiento personal lo indujo a cometer el peor error de su vida, porque ésta ya no terminará siendo de gloria como la planificó y soñó: se embarcó, por cuenta propia, en una campaña en contra de la dictadura venezolana, que lo llevó, incluso, hasta viajar a sus fronteras para gritarle a Nicolás Maduro que se marchase.


Fruto de un elemental desconocimiento de la política internacional, el Presidente creyó que Maduro iba a caer en cuestión de días, y, con ello, su condición de líder en ese objetivo, lo catapultaría como figura internacional y primerísimo defensor ¡de la democracia!


Bien protegido por el socialismo internacional y ayudado por el narcotráfico, el dictador todavía ejerce su poder y disfrutó el placer de vengarse de quien se creyó su vencedor: le organizó y financió el Golpe extremista del 18 de octubre.

Dicha pasada de cuenta es el origen de la actual mala salud del Mandatario, y fue el comienzo del fin de su rutilante sueño de grandeza y, por lo tanto, ser recordado por la historia como uno de los grandes prohombres de la vida nacional, casi a la altura de héroes, premios Nobel e intelectuales célebres.


Todavía con su ego intacto, mientras el transporte subterráneo era arrasado, se fue a celebrar un cumpleaños con un nieto y debieron sugerirle que “es mejor que regrese a La Moneda. Decretó un Estado de Emergencia que en cosa de horas le fue desbaratado por la izquierda, ante la amenaza de sacarlo de Palacio acaso no lo levantaba, iniciándose el aniquilamiento de bienes y ciudades con las peores acciones vandálicas conocidas por la población, y respecto a las cuales, le informó -hace poco- a la ONU que se trataron de "justas demandas sociales”. Su cobarde cesión fue el golpe terminal para un personaje hinchado de orgullo y cubierto de plumas reales.


Para aferrarse al cargo y evitarse el amargo trance de la renuncia, le entregó mansamente la Constitución al enemigo, le regaló cuota importante del poder exclusivo que debía ejercer y, con ello, traicionó a la democracia, la que prometió cautelar cuando consideró simple expulsar al tirano Maduro.


El Presidente sí está enfermo, y lo está porque nunca en su vida, ni en la peor de sus pesadillas, soñó que iría a llegar este momento en que, sin ruborizarse, daría vuelta la espalda a quienes lo eligieron, tendría que pedir misericordia al adversario y transar en lo que éste quiere, a cambio de que lo deje llegar al fin de su período y que, al término, no le pase ninguna cuenta ni le toque sus siempre preciados bienes personales.


Quien vivió cazando siempre sueños de grandeza y hoy clama por piedad, no puede estar sano. Y eso se nota.

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