DESEMBARCO DE MINISTROS, A LA VISTA


VOXPRESS.CL.- ¿Ayudar a salvar al país o hundirse junto al Presidente? La disyuntiva se la formularon varios ministros y subsecretarios del Gobierno que, en la primea reunión de Gabinete post plebiscito, notificaron al Presidente “su interés” en ser candidatos a la Convención Constituyente o al Parlamento, para luchar, desde esas trincheras por los valores que él no defendió para priorizar su supervivencia en La Moneda.




Así de categórica es la división que dejó la consulta ciudadana al interior de un equipo ministerial que se parceló mucho antes de su realización.

Ante la realidad de un gabinete fracturado pese a representar, se supone uniformemente, al bloque que proclamó y eligió al Presidente, éste tomó el peor de los caminos: prohibir a sus ministros que hablaran en favor de sus preferencias. Sin embargo, al menos en los casos de los secretarios de Desarrollo Social y de Defensa, éstos nunca lo cumplieron, y fueron entusiastas colaboradores del Mandatario en sus convocatorias a la participación ciudadana, condición sine qua non para que la izquierda saliera con la suya. Y así, no más, fue.


El quiebre interno se vio duramente agravado en la víspera del plebiscito con la pugna interministerial Interior-Defensa, a raíz de los argumentos presentados legalmente por Víctor Pérez en su defensa ante la acusación constitucional en su contra. Pese a que éste se remitió estrictamente a lo que establece la Constitución, debió excluir de su argumentación las líneas que hacían referencia a que en Estado de Excepción son las Fuerzas Armadas las que asumen el control del orden interno, y así lo demuestra el que es dotación militar la que sale a fiscalizar el respeto al toque de queda.


Mayor prueba de que Pérez tiene la razón –la tenía, mejor dicho- es que durante el brevísimo Estado de Excepción posterior al 18 de octubre, patrullas de las FF.AA. se desplegaron día y noche en las calles de todo el país, pero simplemente no se atrevieron a reprimir a las hordas por temor a terminar en Punta Peuco.


No obstante, el Presidente le dio la razón a su ‘ahijado’ Mario Desbordes y ordenó a su ex edecán Mario Rozas que expresara públicamente que “nunca Carabineros ha recibido órdenes de Defensa”…


Tampoco fue buena cara la que puso el canciller Andrés Allamand, cuando el Presidente lo instruyó a que instruyera a las embajadas y él dijera ante la ONU que el 18/O fue “una justa demanda social” y que después de ello, “el país ha vivido en plena normalidad”… La esposa del ministro de Relaciones Exteriores, Marcela Cubillos, presentó su renuncia al MINEDUC, comunicándole al Presidente su desacuerdo con la ley del silencio. De paso, se refirió a Desbordes, acusándolo de usar el discurso de la izquierda en el corazón del oficialismo.


No hay que escarbar mucho para dar con los motivos que tienen algunos ministros y subsecretarios para no seguir al lado del Presidente hasta el 11 de marzo de 2020. El primer gran razonamiento que ellos hacen es su propio peso, porque se trata de gente con firmes convicciones, a quienes no les resulta de agrado convivir con alguien que sólo actúa en beneficio de su ego, sin importar cuantas veces sea necesario cambiar el rumbo de una nave, cuyo timón lo entregó al peor piloto de todos: la izquierda.


Ejemplo de ello es que el habitante de La Moneda no cesa de hablar de “sus” ayudas sociales, siendo que éstas nunca las pensó. Incluso, con los efectos de la peste demoliendo al país, fue renuente a profundizar en gastos fiscales, y sólo la presión opositora lo obligó a hacerlos. Su permanente actuación ‘bajo amenaza’ del adversario es la que terminó por hartar a algunos de sus colaboradores, al menos los que tienen una reserva de dignidad personal y de altivez política.


El plebiscito fue, sin duda, el que gatilló las diferencias internas en el equipo ministerial, porque el Mandatario, ni siquiera en la intimidad de alguna conversación, tuvo la entereza de reconocer que tanto el plebiscito como la nueva Constitución le fueron impuestos por la oposición. En entrevistas televisivas recientes lo arrinconaron, al punto que tuvo que reconocer que en su programa de Gobierno jamás tuvo en carpeta a alguna de estas iniciativas, sino sólo “la idea de hacer una reforma a la Carta Fundamental”. Cayó como una bomba que se atribuyese su autoría, omitiendo que fue obligado, primero por el Golpe destinado a derrocarlo y, luego, por la izquierda parlamentaria. Menos se trató de un “acuerdo”, como ahora lo define.


Quienes comunicaron su abandono del barco no son ‘ministros de compañía’, como los y las hay, que no dudan en seguir hasta el final de la administración, especialmente por los beneficios económicos que esa condición les reditúa. Un secretario de Estado gana un sueldo bruto de $9.349.853, y un ingreso líquido de $6.980.507. Quienes han optado por ser candidatos a convencionalistas recibirán $2,5 millones al mes, y, antes, tendrán que sortear una elección para materializar dicha aspiración. Estas circunstancias enaltecen aún más su interés por ser parte de una asamblea en la cual se jugarán los destinos del país, los mismos que el Presidente puso al borde del precipicio, al anteponer el personalismo de salvar sólo su pellejo.


Algunos de quienes alistan el desembarco desde La Moneda, tienen aspiraciones parlamentarias para los comicios de noviembre del 2021, y por una mínima cuestión de sentido común, no podrán representar a comunas donde se impuso claramente el Rechazo, estando compartiendo con quien fuera un paladín del Apruebo.


Hay dos plazos para salir por la puerta grande de La Moneda y dejar atrás una incoherencia histórica del dueño de casa: el 21 de noviembre para los interesados en ser parlamentarios y el 11 de enero para quienes aspiran a ser candidatos convencionalistas. Estos abandonos del barco materializarán otra de las muchas derrotas presidenciales en el marco de uno de los períodos presidenciales más oscuros de los últimos tiempos, ya que en el transcurso del último cambio de Gabinete, pronosticó que “este es el equipo escogido para recorrer el tramo final de mi Gobierno”. Tampoco ello va a ocurrir y, conociendo la sangre de reptil que corre por las venas del personaje, hay que estar atentos a que el desembarco a la vista se produzca un buen tiempo antes de lo que marcan los límites para concretarlos.

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