ESPERANDO LA CARROZA


VOXPRESS.CL.-Resultan entendibles pero inaceptables las expresiones de un influyente ministro de Estado y, quizás, el más cercano al Presidente, en cuanto a que del futuro de la Convención Constitucional habrá que preocuparse “sólo cuando entre al análisis de materias sustantivas”.


Decimos que dicha afirmación es “entendible” porque la escalofriante situación política e institucional a la que ha llegado el país, es responsabilidad absoluta de este Gobierno, tras su claudicación del 15 de noviembre de 2019, cuando cobardemente eludió extinguir la subversión, entregar la Constitución al adversario para que la hiciera añicos y cederle parte importante del poder que, en exclusiva, le corresponde al Ejecutivo.


Chile se encuentra, hoy, amagado por todas partes e incluso, como si fuera poco, por el Presidente argentino que insiste en apropiarse de la plataforma antártica. El peor acoso de todos estos flancos, es, por lejos, la Convención Constitucional, porque el futuro del país dependerá de lo que resuelvan los 155 asambleístas, con un centenar de ellos afines a la izquierda, entre ellos la treintena de ‘voceros del pueblo’, integrantes de las brigadas protagonistas del “octubrazo”, todos unos saqueadores de profesión.


Es una irresponsabilidad, o, tal vez, un encubrimiento, desentenderse de todo lo que está ocurriendo, ya mismo, al interior de la Convención en sus primeros 45 días de caótico funcionamiento. Ningún organismo financiado por el Estado, esto es, con dineros de todos los chilenos, y ceñido a la institucionalidad puede dar señales tan nefastas y equívocas como las entregadas por algunos de sus miembros. Fue tan procaz el comportamiento de la presidenta, Elisa Loncón, y de la arrolladora machi Francisca Linconao, al mismo nivel de los exponentes de la Vocería del Pueblo, entre quienes domina la prepotencia y la virulencia.


Loncón escuda su arbitrario accionar en que “a nosotros nos eligió el pueblo y tenemos que hacer su voluntad”, pero si bien la peligrosa y vulgar sociedad entre el Frente, el PC y los ‘voceros’ tuvo mayoría en las elecciones del 15 y 16 de mayo, ello no le da derecho a arrogarse la representación de toda la población, y menos con un 50% de abstención de votantes que, por la pandemia y por no captar la trascendencia de la materia, no concurrieron a sufragar.


Cualquiera persona al tanto de asambleas y no sólo de machitunes, sabía, y sabe, que cualquiera instancia naciente de cualquier tipo, debe partir por dotarse de un reglamento interno con una detallada agenda de funcionamiento. Sin embargo, ésta comenzó con la exigencia de liberar a inexistentes “presos políticos” y con una rápida instalación de una muy sospechosa comisión de DD.HH., ello antes de generar un manual de operaciones. Cómo será de arbitraria la arremetida de esta minoría, que los convencionales socialistas debieron ir en socorro de una mínima democracia en su funcionamiento.


Cuesta hacerse la idea de que, con los hechos a la vista, existan personas que todavía no se percatan de que el desenlace de esta Convención se prevé trágico para Chile. La retroexcavadora prometida por el senador PPD Jaime Quintana en el Gobierno socialista de Michelle Bachelet, está operando en la Convención. Ello ocurre a la vista de todos…y ante la indiferencia de todos.


Gran parte de la gente que está en su interior no es digna de crédito ni de una mínima confianza. El protagónico colectivo Vocería del Pueblo, con el refuerzo de los convencionales de las etnias aborígenes –que exigen el indulto para los terroristas de La Araucanía-, proclamaron a su propio precandidato presidencial, el sindicalista cuprífero Cristián Cuevas, y al hacerlo, traicionaron lo que predican: su distanciamiento de la política tradicional y su fidelidad al feminismo. Sus adherentes no eligieron a ninguna de las dos mujeres postulantes, pero lo hicieron con un ex militante PC y de Convergencia Social y bacheletista ‘apitutado’ por la ex Presidenta como agregado ¡laboral! en España.


Éste no es un simple antecedente, sino un signo de que estos revoltosos transformadores sociales no son más que transformistas políticos. Su cacareada “honestidad” para “servir al pueblo” es una falacia, porque si de algo se preocuparon de entrada, fue aumentarse en un 100% sus ingresos mensuales.


Pareciera no haber conciencia de que un 70% de los convencionales corresponde a la calaña de quienes su único propósito es exterminar el actual modelo institucional para imponer un régimen totalitario, el que, en rigor, establece la anhelada igualdad para todos: todos sin libertad, todos sin derechos individuales y equiparados en la hambruna y la pobreza. La Convención es prisionera de todos ésos, y sus pocos aleteos de democracia ni siquiera logran trascender.


Es urgente reflexionar acerca de su futuro resultado y no esperar a que se debatan temas “más sustanciales” para visualizar lo que se viene. Es una ceguera intencional no hacerlo, y más patético aún, estando en conocimiento de conductas discriminadoras e irrespetuosas de gestión para una misión que requiere del mayor respeto y hasta de una serena solemnidad.