ESCONDIENDO LA PIEDRA


VOXPRESS.CL.- Partiendo de una base tan realista como que, a excepción del inefable Parisi, cuatro de los candidatos a la primera vuelta son tajantemente de izquierda, todos ellos y sus respectivos adherentes, están involucrados en una hipócrita estrategia de esconder tras sus espaldas las piedras que portan.


La de ellos, se trata de una conducta natural y frecuente en maldadosos que quieren pasar ‘piolas’, haciéndose los buenitos. El ahora evidente riesgo que semanas atrás parecía no correr el candidato extremista, llevó a su sector en su conjunto a engatusar, torpe y visiblemente, a la ciudadanía con la finalidad de que ésta no le pase la cuenta en las urnas.



Duro le resultó a la izquierda comprobar el desencanto de eventuales votantes de Gabriel Boric cuando éste, por respetar el programa gubernamental del PC, anunció que de ser electo los fondos de pensiones -privados y propiedad de cada trabajador- pasarán a ser controlados por el Estado. La alerta para evitarse más defraudados y decepciones, urgió al extremismo y a su órbita a omitir conductas que se hubiesen concretado, hasta con violencia, de no faltar apenas horas para una elección presidencial.


Por primera vez desde que encendió el fuego de la subversión en La Araucanía, la izquierda deja solos y abandonados a los comuneros terroristas, ello luego de un enfrentamiento que, en otras circunstancias, le daba para exprimir hasta la última gota de protestas, y de las más violentas.


Dado el antimilitarismo acendrado en la izquierda criolla y alentado sin límites entre las nuevas generaciones extremistas, el enfrentamiento entre infantes de Marina y terroristas, y la muerte de uno de éstos, debió haber prendido la mecha de la revuelta y de la desobediencia civil. No obstante curiosamente, nada de ello ocurrió, a excepción, como está dicho, de manifestaciones acotadas y muy locales de comuneros radicalizados en Arauco y Temuco.


Inadvertida por muchos e ignorada por otros, esta hipócrita conducta de no lanzar la piedra esta vez, sino esconderla tras la espalda, es su respuesta a la conciencia cada vez más generalizada en el país de que a cualquier precio hay que exterminar la criminal violencia en La Araucanía, agravada dicha situación por la injerencia del narcotráfico, por la presencia de guerrilleros extranjeros y por la importación ilegal de armamento de guerra.


A excepción de Aucan Huilcaman, vocero indigenista del socialismo en la zona, ninguno de los candidatos de la izquierda -Boric, Provoste, Enríquez y Artés- ni dirigentes partidistas del sector cuestionaron una consulta ciudadana en la que un 80% se pronunció por la continuación del Estado de Excepción en cuatro provincias heridas por el terrorismo en las Regiones de Bío Bío y La Araucanía.


Nadie del entorno de ellos levantó la voz para condenar la actuación de los marinos, ni menos para responder al Comandante en Jefe Naval que los respaldó sin condiciones, como nadie tampoco, populistamente, exigió sus bajas, algo casi rutinario cuando uniformados reprimen la violencia extremista.


El cuidar los votos por encima de sus principios dogmáticos, es una de las jugarretas más recurrentes del socialismo en su tenebroso practicismo. Es proclive al uso de palabras que le hacen sentido a la gente, pero no a sí mismo, como libertad y democracia. Fue escudándose en ellas que esclavizó a cándidos seres en diversos territorios del planeta. Cuba, Venezuela y Nicaragua son los más cercanos al nuestro.


Otra inconsecuencia fríamente pensada se fraguó sólo horas después de que, para satisfacer un capricho casi infantil, la mayoría opositora de la Cámara de Diputados aprobase una acusación constitucional contra el Presidente a sabiendas de que no iba a poder concretarse. Terminada aquella caricaturesca sesión, esa misma Cámara de dominio izquierdista se abocó a pronunciarse sobre un decreto de quien, minutos antes, habían formalmente sacado del poder, para extender por dos semanas el Estado de Excepción en las provincias sureñas asoladas por el terrorismo. Estando el ambiente todavía tibiecito como para infringirle al Mandatario otra derrota, esta vez, y por sustancial diferencia, esa misma Cámara opositora le aprobó el prolongamiento de la emergencia y, con ello, la permanencia en terreno de los militares que odian.


Se trata de un contrasentido mayúsculo y de una incongruencia ideológica tremenda, pero ello fue parte, también, de esta estrategia hipócrita de no atemorizar a la gente con apoyos visibles a la violencia .La muestra más patética de este pánico electoral al “qué dirán”, la dio la oposición al sacar de la agenda de discusión legislativa un proyecto con urgencia inmediata, el del indulto a sus “presos políticos”, presentado -como se sabe- por Catalina Pérez (FA) y Yasna Provoste (DC). Resultaba demasiado peligroso que antes de los comicios se supiera quiénes estuvieron a favor de liberar a estos peligrosos delincuentes políticos.


El PC y el Frente Amplio se negaron a firmar una ley específica de repudio a la violencia. Hoy maliciosamente se distancian de ella para no arriesgar la fuga de eventuales votantes.


Ante la sospecha de que la fracción ciudadana anti-violencia ha crecido sustantivamente, la izquierda optó por el camino de camuflarse de pacífica y, aunque mordiéndose la lengua, escogió, una vez más, engañar al electorado, cubriendo su lomo, como siempre, con una alba piel de cordero.