EL ‘SUSTO’ DEL MAGISTERIO


VOXPRESS.CL.- Luego de que una ronda de ministros de Estado diera a conocer las innovaciones en el siempre conflictivo, contradictorio y hasta enredado sistema Paso a Paso, entre las reacciones de los nunca conocidos “expertos”, de la población y de los más interesados en un relajo de las restricciones, la del Colegio de Profesores, además de insultante, resultó inaudita: trató de “criminal” al titular de Educación y lo responsabilizó “de la muerte de miles de niños que se van a producir”…


Tal agravió se lo ganó Raúl Figueroa por haber anunciado que, a partir de ahora, las escuelas públicas y colegios que “así lo estimen” podrán volver a clases presenciales, incluso en régimen de cuarentenas.


Hace poco, se conocieron de concentraciones callejeras de niños y jóvenes que, en coro, pedían retornar a las aulas. Todos los informes psicológicos, sociales y médicos sobre la catastrófica vivencia de la educación online, fueron lapidarios para este método que, por motivos de la epidemia, ha originado el peor apagón en la historia de la enseñanza en el país.


La propia OMS, ya el año pasado, se encargó de solicitar a los países que, en lo posible, impidiesen la no asistencia de escolares a sus establecimientos. Las conclusiones científicas sobre la realidad de la educación a distancia son lapidarias: los estudiantes ya llevan perdido el equivalente a un año en la adquisición de conocimientos y su emocionalidad está severamente dañada por la falta de sociabilidad.


Independiente de ello, al revés de lo que denuncia el Colegio de Profesores, el que se retomen las clases presenciales no aumenta la brecha “entre ricios y pobres”, sino, por el contrario, la aminora, ya que el real choque de realidades se produce por el no acceso a la tecnología y por la ausencia de equipamiento computacional en los hogares más pobres. Aún más, para emparejar la cancha, un término del vocabulario izquierdista, el MINEDUC, aportará $ 2.500 millones adicionales, para reforzar las medidas de prevención sanitaria, en forma simultánea a la vacunación a menores, para lo cual existe una reserva importante de dosis del fármaco que requiere sólo un par de inoculación como garantía inmunológica.


El magisterio, por años en manos de la extrema izquierda, se niega a ver la realidad, porque está ceñido a una pauta general, toda una estrategia política, que la siguen al píe de la letra todas las entidades, dirigentes y partidos adherentes a la oficialmente proclamada “desobediencia civil”.


El hecho de autorizar clases presenciales en cuarentena no es un crimen, sino apenas una anécdota, ello de acuerdo a los niveles de inconsistencia de los confinamiento, lo que, además de un fracaso, los llevó a ser irrelevantes por las dos dosis de vacuna. El pase de movilidad, condicionado a aquello, bajó considerablemente los riesgos de contagios y permitió que gran parte de la población, la cívicamente comprometida, pueda circular en días de restricción. Hoy, las ciudades, a excepción del comercio, recuperaron su dinamismo habitual.


Mucho antes de estas flexibilizaciones, más de un 50% de establecimientos ya había optado por la enseñanza híbrida, mezcla de presencial y online, y un número inferior se inclinó, de frentón, por la asistencia personal a las aulas, sin registrarse problemas, siquiera de mediana índole, a causa del riesgo de contagio. Los propios alumnos, conscientes, pese a su precocidad, del auto cuidado y el celo de los padres en igual sentido, son, por lejos, los mejores paliativos para descartar los hipócritas miedos de los miles de docentes que priorizan su trabajo político por sobre la transmisión de competencias.


No hay mejor retrato para graficar las auténticas intenciones de un magisterio sin vocación pero ideológicamente mal intencionado, que el profesor de Historia de Tomé que, en su particular curriculum de contenidos, pasó a sus alumnos una materia tremendamente relevante: los “crímenes” de soldados y policías en el mal llamado estallido social.


Permanentemente, los profesores no vocacionales, se han negado a las clases presenciales. Primero adujeron que su integridad estaba en riesgo y se paralizó la agenda de vacunaciones para atender específicamente a ellos, y, ahora, rehúsan hacerlo en cuarentenas fantasmas, porque “morirán miles de niños”.


La veracidad de sus conductas está íntimamente vinculada a su arraigado espíritu de boicot y a su conocido apego a la flojera, pues les resulta comodísimo hacer clases –que no es lo mismo que pasar materias- desde sus casas, en pijamas, evitándose los madrugadores y rutinarios viajes en transporte hasta el lugar de trabajo.


Quienes realmente han acogido con genuina vocación la aflicción de los menores escolares y de los apoderados agobiados por el encierro de sus hijos, son ajenos y enemigos de la contaminación ideológica y malos hábitos de quienes, hace muchas décadas, son fieles seguidores del más influyente ideólogo comunista, Antonio Gramsci, quien proclamó que para masificar y profundizar su doctrina por el mundo había que penetrar, sí o sí, la educación.


Claro, ello, además de los seminarios eclesiásticos, de los Poderes Judiciales y, más recientemente, de las Fuerzas Armadas.