EL SINIESTRO PC


VOXPRESS.CL.- Avezado maestro en cazar incautos y ‘tontos útiles’, el Partido Comunista –el chileno- da una prueba más de su diabólico proceder, al intentar modificar, vía un proyecto de su diputada Camilo Vallejo, el quorum acordado, sin su presencia, por el fatídico y engatusador Acuerdo de Paz del 15 de noviembre de 2019.

A muchos dejó perplejos este intento de rebajar el quorum de 2/3 a 2/5 para aprobar o rechazar el articulado de la nueva Constitución, aunque es una ingenuidad e inocencia creer que esta artera maniobra comunista es algo novedoso o inusual. El totalitarismo es así, se impone mediante el garrote, pasando a llevar, sin miramientos, lo que el ‘pueblo’ quiere.

Más de 7 millones de chilenos, algunos de buena fe, concurrieron a las urnas el 25 de octubre para decidir la materialización de una nueva Constitución y pronunciarse acerca del sistema para redactarla. La opción Convención Constituyente apabulló a la alternativa de una asamblea con presencia de los actuales parlamentarios, y dicha vía establece, por un acuerdo político, que para elaborar el texto es necesario un quorum de 2/3, proporción que fue resuelta para que la futura Carta Magna no se inclinara drásticamente hacia ninguno de los extremos ideológicos.

Dicha resolución, inapelable e indiscutible, fue suscrita por los participantes de aquella negra jornada del 15 de noviembre del año pasado, acto en el cual el Presidente de la República cedió parte de sus derechos presidenciales y se los entregó a la oposición izquierdista a cambio de mantenerse en La Moneda.

En aquel conciliábulo parlamentario no participó el PC, porque no creyó en un avenimiento con el Mandatario para salvarle el pellejo, sino quería, tal como se resolvió en Caracas con su presencia, que aquél dejase el cargo. “No confiamos en arreglos entre cuatro paredes” denunciaron y se mandaron cambiar.

El PC se negó a aportar su firma al documento, porque su propósito, como el del Frente Amplio, no era poner fin a la violencia callejera, sino, por el contrario, incentivarla hasta que el levantamiento popular provocara la caída del Gobierno de Chile Vamos.

Es inaudito, pero no incomprensible, que ahora pretenda cambiar un pacto en el cual no participó, y ello por la sola posibilidad de que la nueva Constitución no recoja su ideario totalitarista.

Algunos de los firmantes izquierdistas del Acuerdo, incluso, han llegado a decir que “se tienen que rescatar aspectos interesantes de la actual Constitución”, una opinión que le resultó vomitiva al PC. La iniciativa de Vallejo, además de algunos socialistas, contó de inmediato con el apoyo del Frente Amplio, el cual también se abstuvo de participar en la cita del 15/N del 2019, con la excepción del diputado Gabriel Boric, el único que se mantuvo en el encuentro y puso su sello en el texto final. Por ello, su colectividad le quitó el piso.

El nuevo escenario que generó Camila Vallejo con su proyecto, refleja a las claras que resulte lo que resulte de la Convención Constituyente, no será de su agrado. Es oportuno recordar que después del 18/O, el PC hizo circular un librillo como modelo ideal de la nueva Carta Magna, el cual se vendió en el mercado clandestino callejero. Ese texto fue un recopilado de los conversatorios y diálogos vecinales organizados por el partido y por el frenteamplismo en medio de las manifestaciones vandálicas.

El PC se montó sobre un caballo ganador recién al percatarse del atractivo plebiscito y del multitudinario interés del mundo joven progresista. Hasta ese momento, continuaba aferrado al típico concepto socialista de estructurar las normas de convivencia nacional sin consultar a la población.

Es cierto que la Convención Constituyentes puede ser reflejo de los porcentajes históricos electorales, esto es, con una mayoría de izquierda, pero la balanza no puede desnivelarse groseramente en la medida en que el quorum se mantenga en 2/3. De ser rebajado éste a un 2/5, como lo propone Vallejo, se enfrentaría el peor de los escenarios, es decir, con una Constitución marcadamente totalitaria y cuyo destino es previsible.

Lo más llamativo de este inesperado episodio es que uno de los primeros en salir a juzgar la propuesta comunista fue el Presidente de la República, el mismo que, a cambio de su continuidad en La Moneda, entregó en forma inconsulta la actual Constitución. “El Partido Comunista quiere hacer otra Constitución, una a su acomodo” denunció, olvidando que él también corrió por cuenta propia en esa fatídica fecha.

El arrasamiento del comunismo en su paso por diversas partes del mundo ahorra mayores comentarios sobre esta maniobra que, así de simple, pretende cambiar lo que, se supuso, fue un acuerdo solemne y con la firma de todos los partidos, menos el que ahora trata de alterar lo resuelto. Ello es una demostración para ingenuos e incautos de lo que es capaz esta doctrina, cuya única huella ha sido, siempre, de destrucción, hambre, opresión y muerte. Es siniestra.


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