EL PAÍS DEL TODO VALE


VOXPRESS.CL.- Al igual como hace ocho meses, en el país ha vuelto a cundir la alarma por la reactivación de contagiados por el coronavirus, y los hospitales dan cuenta de un escenario muy similar al del invierno pasado, en que el personal de la Salud estaba extenuado y cada vez con mayor número de solicitudes de licencias médicas. Oportuno resulta preguntarse en qué nivel de desastre estaríamos en estos momentos, de no haber sido por la visionaria persona -Jaime Mañalich- que ideó involucrarse monetariamente en las investigaciones de la vacuna y asegurarle al país ser uno de los primeros receptores del antídoto apenas se descubriese.


El panorama actual es algo distinto de la oleada inicial, pero engloba una incertidumbre absoluta, dado que se siguen conociendo los resultados de “las vacaciones” de los chilenos: decenas de comunas se hallan en cuarentena total y muchas otras, en el rango de parcial, ello al margen de la angustiante situación en los centros asistenciales.


Lo que ha ocurrido es producto del clima social imperante, lo más parecido al farwest norteamericano, donde cada cual impone su propia ley y nadie respeta al del lado. La prepotencia es el arma de cada cual para andar por la vida.


El rebrote veraniego del virus se debe al egoísmo e individualismo que identifican al ciudadano de hoy, que copó los balnearios, uno al lado del otro, sin mascarillas, haciendo caso omiso a las restricciones sanitarias, y, peor aún, actuando con total indiferencia ante los raleados fiscalizadores.


Fue explicable y comprensible el ilimitado reparto de “permisos de vacaciones”, ello en virtud de los feroces y perjudiciales efectos de los confinamientos, con daños psíquicos, algunos irreversibles. Sin embargo, nunca nadie imaginó que tal beneficio sería utilizado tan mal, con abuso y con desprecio hacia los demás.


Este auto asignado derecho a hacer lo que da la gana, no es patrimonio de los “veraneantes” multitudinarios que repartieron el virus a miles de personas y por todas partes. Este escenario es extensivo a muchos otros sectores de la sociedad, y lo más vergonzoso de ello es que son los políticos, irónicamente quienes hacen las leyes, los que ‘la llevan’ en esta genuina ley de la selva, en que todo se pisotea, lo que se firmó con la mano se borra con el codo y si te importa, no me acuerdo.


Se materializó, al fin, la inmoralidad de ampliar las elecciones del 11 de abril a dos días, en medio del peor clima político y de convulsión popular; la ampliación fue decidida a menos de un mes del acto electoral. No es más que un ‘arreglín’ con fines netamente de intereses políticos, ‘vendido’ a la ciudadanía como protección al adulto mayor, siendo que éstos se manejan con harta más lucidez que los estúpidos a cargo de tomar las decisiones.


En cosa de minutos, los parlamentarios cambiaron una ley antiquísima e inviolable, justificándose, al margen de “los pobres viejitos”, en el temor a la epidemia, duplicando con ello los gastos de financiamiento electoral, fondos que, perfectamente, debieron ir a las víctimas de la cesantía. Para agravar la falta de vergüenza, dicha innovación contraviene el derecho a decidir y la libertad de desplazamiento, pues se fijaron horas de concurrencia a las urnas como si se tratase de un cine.


Con este estilo de proceder de acuerdo a las voluntades de cada cual, era previsible que turbas ideologizadas inconscientes terminasen por hacer sacar de su histórico sitio a un héroe de la Patria.


Pasando a llevar las normas existentes, los parlamentarios hicieron una ley flash para permitir que un alcalde dejado fuera para repostular por el TRICEL, pudiese hacerlo en una lista especial en los comicios de abril. Claudio Castro, edil de Renca, renunció a la DC para presentarse como independiente, pero lo hizo después de la fecha límite. Sin embargo, en cosa de minutos, el Congreso aprobó una disposición que hace posible que “los candidatos a alcalde y gobernadores regionales, que tuvieron problemas para inscribir sus postulaciones y que además contaban con una sentencia en ese sentido por parte del Tribunal Calificador de Elecciones, puedan inscribirse en un registro especial”. En buenas palabras, un portazo a las disposiciones que dicta la Constitución. ¿A quién le importa? A nadie, porque hoy, nadie respeta.


El ex diputado e injuriador profesional, el comunista Hugo Gutiérrez, no ha podido ser habido para notificarlo de que debe presentarse a una audiencia por una querella en su contra presentada por 33 oficiales en retiro de la Armada. Resulta curioso que la policía, aunque después de meses, haya podido capturar a uno de los asesinos de un cabo de Carabineros y no pueda hallar al ex parlamentario que lo que busca con su “desaparición” es poder votar y ser candidato constituyente, lo que la ley se lo prohíbe automáticamente de estar involucrado en un juicio.


Pese a la catastrófica situación económica del país, los agremiados de las productoras de cobre, se aprestan a exigir millonarios bonos por “término de conflicto” gracias a la casi milagrosa alza del precio del metal. Nadie les ha dicho en su cara que el aumento del valor de la libra en la Bolsa de Londres es exclusivamente fruto de una demanda excepcional del mercado, y su labor de extracción nada tiene que ver.


Potentes reclamos y críticas se han llevado los propietarios de sitios –entre ellos, municipalidades- por el desalojo de tomas de terrenos -cada vez en aumento-, y pareciera ser que el conflictivo y cacareado híper control de las fronteras del norte se derrumbó, ya que al concluir las cuarentenas en esas regiones, casi por arte de magia se reactivaron los ingresos ilegales masivos de extranjeros al país.


Se ha mantenido en reserva el fuerte incremento de la evasión en el transporte terrestre: aduciendo no tener trabajo, casi un 70% de los pasajeros se ríe del esto y no paga su boleto, y qué decir del ningún respeto a las cuarentenas y al toque de queda. Siendo las 3 de la madrugada, un grupo de manifestantes gritó de júbilo, al momento de ser retirada la estatua del general Manuel Baquedano.


El ‘todo vale’ se ha apoderado del país, haciendo desaparecer el último y esperanzador vestigio del respeto, base piramidal de toda sociedad mínimamente seria: cada cual para su lado y poniendo el pie sobre el del vecino. Y nos referimos a quienes se auto definen como serios y honestos, porque si se sube a este escenario a la delincuencia desbordada, al terrorismo rural y urbano y al narcotráfico, mejor es cerrar los ojos y echarle llave por fuera a la puerta de un país que, antes, y no hace mucho, el respeto por las personas, por las leyes y por las normas, fue una característica, y cualidad, que lo identificaban.


En este país de incierto futuro no hay que endilgarle toda la responsabilidad al surgimiento de generaciones individualistas y desafiantes. Gran culpa de que cada cual haga lo que quiera y no conozca el concepto de respeto, se debe a la total falta de autoridad reinante en todos los sectores sociales y cuyo mejor ejemplo se encuentra en quien detenta la jefatura del Estado. Si él no se atreve a aplicar la autoridad que le confiere la autoridad, ¿qué le queda al resto?


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