EL “MÁRTIR” DEL LAGO


VOXPRESS.CL.- Mucho se les critica por su perenne inclinación a difundir falsedades, pero esta vez fueron las redes sociales las que les aclararon la película a muchos chilenos que, cándida e inocentemente, siguen creyendo en la ‘justicia’ de las acciones del extremismo de izquierda.

Con motivo de un hecho eminentemente policial en Panguipulli, en que un sargento de Carabineros se defendió, con causal de muerte, de un ataque con una afilada daga, los subversivos aprovecharon de montar una ola de destructivas manifestaciones destinadas a destruir la institucionalidad, utilizando como excusa la muerte de uno de los suyos en un enfrentamiento con Carabineros que sólo le pidió identificarse.



La víctima, Francisco Martínez (27) disfrazaba su condición de activista de la mal llamada “causa mapuche”, oficiándolas de ‘malabarista’ en una esquina de dicho pequeño pueblo lacustre.


Las masivas y vandálicas protestas extremistas se organizaron coordinadamente apenas dos horas después de conocida la muerte de este “artista callejero”. Tres objetivos tuvo esta oleada de violencia urbana: sacar del primer plano el vendaval de ataques y atentados en La Araucanía, con cifras sin precedentes: potenciar la campaña para la extinción definitiva de Carabineros y presionar para que al funcionario implicado en el episodio policial lo secaran en la cárcel y, por último, preparar el ambiente para el extenso y radical programa de violencia agendado para marzo, con la participación de “todas las fuerzas revolucionarias”.


En un solo día de operaciones en Arauco, Malleco y Cautín, los narcoterroristas quemaron nueve vehículos de transporte, un bus, una retroexcavadora y un auto particular, además, de un asalto incendiario a un centro vacacional de Lanalhue, a cuyas instalaciones accedieron en un bote, lanzando químicos aceleradores antes de prender fuego a las cabañas.


Todos estos hechos criminales no han generado detenciones, y menos por la muerte de dos agricultores, un cabo y un oficial de la PDI, asesinados a balazos. Las empresas forestales reportaron un recrudecimiento de ataques a sus instalaciones, retomando las cifras devastadoras de 2016.


Hace dos años, la acción terrorista, ahora en alianza con el narcotráfico, copiando el modelo de financiamiento de las FARC, saltó desde Arauco, Malleco y Cautín hacia las provincias de la Región de los Ríos. Se estima que por la cordillera andina valdiviana se produce el ingreso ilegal de armas con la finalidad de potenciar la guerrilla.


Este escenario, que ha roto los records de violencia política en La Araucanía, fue automáticamente excluido del primer plano por las masivas protestas generadas por la autodefensa de un carabinero para impedir ser asesinado de un sablazo. Veraneantes en Panguipulli denunciaron que un individuo que las oficiaba de “malabarista callejero” los atemorizaba, exigiéndoles propina, introduciendo una daga artesanal por una ventanilla de los autos. La comuna balneario tiene sólo 32 mil habitantes que residen en la localidad durante todo el año, y su alcalde es el socialista Rodrigo Valdivia.


El malabarista denunciado se instaló en Panguipulli, tras dejar su residencia en Bajos de Mena, una brava población de Puente Alto. Tres carabineros, encabezados por el sargento Juan González, de dotación rancagüina pero de refuerzo de verano en el sur, iniciaron el procedimiento habitual de identificación, pero el hombre lo atacó con una de sus dagas. Luego de alejarse varios metros y al ser seguido por el individuo empuñando su arma con la intención de herirlo (“te voy a matar, paco c…..”), se defendió con disparos que le costaron la vida.


Lo que vino después, se transformó en el más grotesco espectáculo de cómo opera el extremismo. En Panguipulli mismo, su alcalde instó a manifestaciones públicas, las que terminaron con su edificio municipal quemado. “Si yo fuera uno de ellos, naturalmente que también estaría manifestándome en las calles”, dijo. Luego censuró a Carabineros, porque “en vez de proteger la sede consistorial se dedicó a atrincherarse en su propia comisaría”, sin aclarar que ésta fue asaltada con bombas Molotov y piedrazos.


No había transcurrido una hora de la muerte del activista/malabarista, cuando fueron colmados la Plaza Baquedano en Santiago y otros habituales sitios de concentración del extremismo en diversas capitales provinciales. Todo muy bien coordinado: en el funeral de la víctima, tuvo especial lucimiento el festival pirotécnico de los narcoterroristas.


Un dato que ayuda a explicar la exaltación extremismo: el fallecido era tío del joven subversivo que cayó al Mapocho desde el puente Pío Nono, durante una violenta protesta en la Plaza Baquedano. Su mochila, repleta de bombas, piedras, botella con ácido y un cuchillo, fue rescatada rápidamente por sus camaradas antes de ser trasladado a un centro asistencial.


Gracias al registro de innumerables imágenes, muchas aportadas por ciudadanos agobiados por la violencia extremista, la población tendrá que terminar por convencerse de que es siempre preferible la verdad desnuda antes que la mentira disfrazada con la ropa de la verdad.


Así lo confirmo el fallo de la Corte de Apelaciones de Valdivia, la cual "castigó" al sargento González sólo con firma quincenal y arraigo nacional, esto es, lo dejó en libertad.