EL GRAN ENGAÑO


VOXPRESS.CL.- Sería de necios o de ciegos restar importancia al extrapolado impacto que producirá en Chile la elección del domingo. La mayor influencia que, a partir de marzo, tendrá la centroderecha en el Congreso Nacional, otorga, por cierto, algo de tranquilidad, pero no la suficiente, ni acaso la mínima, frente a la idea de que, ahora, da lo mismo quien triunfe en las urnas.

En las últimas semanas, luego de la primera vuelta, se produjo un vuelco tan asqueroso en el discurso del candidato extremista, que, poco menos, se mimetizó de centrista cristiano fuera de talla de alguien que carga sobre sus hombros con el histérico Frente Amplio y con el funesto Partido Comunista. Éste, sagazmente, se recogió a un segundo plano para no arruinar el mensaje pacífico y de puro amor que difundió Gabriel Boric.



Para despistar al ciudadano reacio al comunismo, a la violencia, a la abusiva arbitrariedad y a la pérdida de la propiedad privada, el comando boricista fue tapizado de asesores ex concertacionistas y rodeado por algunos DC, ello para dar la impresión de que un eventual Gobierno suyo será de centroizquierda, suavecito, sin dolores ni traumas. Incluso, una antigua y fiel colaboradora de Bachelet, Estela Ortiz, llegó a decir que “a Boric le pondrán una camisa de fuerza como lo hicieron con ella”, en abierta alusión a que los “poderes fácticos” de la izquierda le impedirán hacer las “transformaciones profundas”, al igual como su ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, se las frenó a ella, desbaratándole su retroexcavadora.


Sin embargo, el freno al desenfreno a Bachelet fue condicionado por un vasto pacto político, situación muy distinta a la actual y reducida alianza amplista/comunista. A excepción del PC, el resto de los partidos de aquella Nueva Mayoría no tuvo la menor idea del acuerdo caraqueño de 2019 en que participaron exclusivamente diputados frenteamplistas y comunistas para derrocar al Presidente de la República.


El senador y ex presidente de la Cámara Alta, Carlos Montes, comentó que “el socialismo debe tener muy en claro que el de Boric será un Gobierno sólo de Apruebo/Dignidad, y con el resto de la izquierda fuera”, en tanto, en una contradicción tan histórica como inédita, la DC le anunció a Boric que lo apoyaría electoralmente, pero que sería oposición en su eventual Gobierno…


El diputado liberal Vlado Mirosevic, casi desesperadamente afirmó que “el de Boric no será un Gobierno extremista, sino de centroizquierda”, pero, como siempre, el periodismo comprometido se abstuvo de preguntarle que él quien sacó a su partido del Frente Amplio -al cual pertenece el candidato- “por haberse izquierdizado en exceso”. El pequeño PL se refugió en las aguas termales del Pacto Social, apoyando primero a Paula Narváez y a Yasna Provoste, después.


Queda más que claro que las variantes introducidas al programa extremista para hacerlo menos atemorizante y confrontacional, fueron pasajeras, sólo para una brevísima y decisiva campaña, porque quienes trabajaron en cambios más templados no son del pacto.


Boric parece no darse cuenta de que sus contradicciones llegan a ser absurdas. Insiste en que hará "transformaciones profundas” (expropiaciones) para, luego, agregar que necesitará de los privados; dice que “haré de Chile un país más democrático” y añade su incondicional apoyo a la Convención Constituyente, cuya meta es imponer un Estado totalitario; asegura plena libertad de educación, pero en el programa original se lee que los patines de los alumnos ricos serán pasados a los más pobres; anuncia que será el Presidente de “todos los chilenos”, pero al mismo tiempo descarta que lo será, por ejemplo, de Chile Vamos: ¡cómo se le ocurre!


En el colmo del descaro, promete que “dialogaré con todos los sectores en busca de grandes acuerdos”, palabras que recuerdan al Piñera de marzo de 2018 y no a alguien que, junto a Daniel Jadue, se encargó de aniquilar cualquier entendimiento de toda la izquierda, incluida, por cierto, la DC.


De ser un diputado enemigo duro de leyes contra la inmigración ilegal, pasó a jurar que se compromete a cuidar con mucho celo las fronteras y, sin rubor, imita textual a su contendiente, al decir que “quien quiera entrar a Chile debe hacerlo por la puerta y no por las ventanas”.


Boric, pese a sus transformaciones, no puede renegar de algunas expresiones que ahora, mal intencionadamente, desconoce. Su pasado lo condena cuando dijo que “estoy a la izquierda del Partido Comunista”, aunque en las últimas semanas vaciló, siquiera, en mencionarlo.


El candidato, su entorno, sus partidos del Frente y el comunismo en particular, nada tienen que ver con el modelo tradicional de democracia tipo como la chilena, en la cual lo prioritario es la plena operación de todas las supremas libertades del ser humano. La alianza extremista, por formación y doctrina, practica la fe del totalitarismo socialista y opresor, al cual, falsa y cruelmente, llaman “democracia”.


Es cierto, el socialismo al que se deben es el único en el mundo capaz de lograr la igualdad: todos son simétricos en miseria, en hambre, en falta de bienes, en prohibiciones, en la carencia de expresión y con una convivencia sin opciones, censurada por un Estado policial.


Cuando en estos últimos días de campaña, de la candidatura extremista surgieron tiernos y armoniosos llamados para que incautos, inocentones, despistados e ignorantes se les unieran a su particular “democracia”, no fue más que uno de los muchos engaños a que el socialismo tiene habituada a la sociedad.