EL GRAN CULPABLE


VOXPRESS.CL.- El ex ministro de Justicia de la presidenta socialista Michelle Bachelet tuvo el coraje de revelar un episodio reflejo de las prácticas poco éticas y casi inmorales de los Presidentes salientes. Recordó que, en la mismísima mañana del traspaso de mando al actual Mandatario el 11 de marzo de 2018, y antes de iniciar el viaje hacia el Congreso en Valparaíso, ella le pidió que, ya mismo, firmase un decreto de cierre del penal de Punta Peuco.


El tema había encendido el escenario de despedida de la Presidenta y las protestas y presiones del extremismo para que enviará a los ex uniformados a cárceles comunes, le quitaron el sueño y, naturalmente, le restaron adhesión en su desteñido adiós.



Al tanto de ello y de muchísimas otras irregularidades como ésas, el hoy saliente habitante de La Moneda no ha desperdiciado su tiempo, ocupándolo en anunciar medidas de última hora y comentar la actualidad, convencido quizás de que recién está comenzando su período.


Siempre oportunista, dice que sólo cumple con su misión de gobernar hasta el último día de su mandato -el próximo 11-, siendo que sus ministros hicieron el traspaso de mando y que en las jefaturas de servicios ya no quedan fotos suyas ni portaretratos de quienes las habitaron por cuatro años. Muy consciente de que en una de las comisiones de la Convención Constitucional hay una solicitud para que él, terminando su período, vaya a la cárcel, se aboca en los descuentos a demostrar que fue un muy buen Jefe de Estado, que hizo muchas cosas buenas, que se ha preocupado como nadie del bienestar del adulto mayor, que es un fanático del fomento al empleo y, como si aquél fuera a prestarle atención, rápidamente se subió al carro anti-Putin por la invasión a Ucrania.


Más allá de ello, lo peor que pudo haber discurrido es hablar de la Convención y de las severas groserías que está cometiendo. Tuvo la desfachatez de sugerir a su sucesor lo que debe hacer en ese ámbito, consciente plenamente de que Boric la utilizará como vía al totalitarismo.


Si acerca de algo, Piñera no debió ni tiene derecho a abrir la boca, es respecto a esta instancia que, grotescamente, está escribiendo la nueva Constitución. Una de sus últimas de las tantas vergüenzas que ha vivido en el cargo, fue la rotunda negativa de la directiva de la Convención a recibirlo y menos a visitarlo a él en La Moneda, ignorando su invitación. A estas alturas, debería ser ésta la última bofetada a su egolatría.


Frente al fracaso de ese tan soñado encuentro de gran protagonismo para él, ha dedicado sus últimas horas a criticar los acuerdos de la Convención: “no tiene sentido hacer una mala Constitución”, sentenció.


Convencido hasta el último de que no hay otra palabra más valedera que la suya, se ha tomado el escaso tiempo que le queda en criticar lo malo de lo obrado por los convencionales, pero lo hace recién ahora, siendo que ello se anticipó, se conoce, se denunció y se está censurando hace un año.


De los muchísimos que se han encargado de enjuiciar uno de los procesos más desgraciados vividos por el país, como es esta Convención, quien nunca debió abrir la boca es precisamente él todavía Mandatario. La existencia de este conventillo ideológico que juega con el destino de Chile, se debe exclusivamente a él. Fue sólo él quien renegó de la actual Constitución -ante la cual juró defenderla- y fue quien, eufóricamente, celebró la “histórica” firma de promulgación del plebiscito, como si

no hubiese sido una inflexible imposición opositora.


Es una desvergüenza desentenderse de su total y absoluta responsabilidad de haber entregado al enemigo lo más sagrado de un Estado, y ello a cambio de salvar su pellejo y no tener que irse para su casa.


Fue él, personalmente, quien a distancia y desde La Moneda, dirigió las maquinaciones para dar vida a un Acuerdo de Paz falaz que resultó ser todo un engaño: en él se incluyó el plebiscito y el armado del proceso constitucional, entregado por él a la voluntad de la izquierda. Mareado por la emoción de no haber salido a puntapiés desde La Moneda, se autoproclamó líder del Apruebo y ni siquiera se percató de la trampa tendida por el extremismo de crear un padrón exclusivo para indígenas y de regalar escaños a pueblos originarios, en una señal rotunda de refuerzo a la subversión terrorista en La Araucanía y alrededores. El presidente del Consejo Directivo del SERVEL acaba de recordar que la elección de convencionales fue la primera en la historia de Chile en que no existió la igualdad en los votos.


Conclusión: la Convención está definitivamente deslegitimada.


Muchos, por no decir todos, de los infelices pasajes por los cuales está atravesando el país, no se hubieran producido de no haber estado en La Moneda uno de los personajes más cobardes que se recuerden en el ejercicio del poder, al anteponer, siempre, sus temores personales por sobre los intereses del país. Un pequeño ejemplo de ello: hace dos años se opuso, por miedo al qué dirán, a un consejo del Ejército de cavar una zanja para frenar la incontrolable inmigración ilegal, de fuerte componente delictual y político. Ahora, de urgencia, tuvo que hacerse, sin escucharse comentario alguno de su parte.


Es frecuente observar en las imputaciones penales que a los enjuiciados se les ofrezca guardar silencio para no agravar su responsabilidad. Es lo que debió hacer el Presidente en retirada y no dedicarse a potenciar sus apariciones, poco menos que en cadena nacional, para intentar lavar una imagen que sólo él y nadie más que él, cree que todavía es tiempo de salvarla.