EL FIASCO DE LA REPRESENTATIVIDAD POPULAR


VOXPRESS.CL.- Sólo 59,9 (60) de 2.496 propuestas ciudadanas hechas llegar a la Convención Constitucional fueron admitidas a discusión por las Comisiones y, posteriormente, lo serán por el Plenario. La única condición para ser debatidas fue que tuvieran el respaldo, al menos, de 15 mil personas identificadas con sus cédulas de identidad.

La Convención, con su directiva anterior, ideó este procedimiento para acentuar su cacareada “representatividad” y, así, hipotéticamente, poder jactarse de que la nueva Carta Fundamental sea producto de la voz de la gente.

Hizo conocer su parecer -o su capricho- un 2,4% de las 2.496 propuestas. Una multiplicación simple de dichas cifras, permite concluir que, agregando que un par de propuestas, llegaron a las 40 mil firmas, apenas un total de 950 mil personas, menos de un millón, le hicieron saber sus gustos a la Convención para que los tomasen en cuenta.


Los ciudadanos con derecho a pronunciarse en las elecciones y, por tanto, las que pudieron manifestarse sobre lo que quieren para Chile, son 15 millones. Quienes lo hicieron no llega a un millón.

¡Menos representatividad popular, imposible!

Si esta desilusionante respuesta no resulta suficiente para los ideologizados convencionales, es gigantescamente peor el contenido de las propuestas, lo que, sumado a la indiferencia total de la población por su nueva Constitución, lleva a pensar que no hay mejor camino que la disolución de la Convención.

La ciudadanía no le presta atención y el puñado de interesados que lo hace presenta ideas ideológicamente comprometidas o simplemente idioteces. Por ello, carece de sentido que una instancia, aparentemente seria, se aboque a la tarea de utilizar políticamente proposiciones minoritarias e intrascendentes. Por su mismo abortado interés de arrogarse “representatividad” de la ciudadanía, más vale que se disuelva, y más aún si entre las “ideas” propuestas por ‘la gente’ existen algunas como consignar en la nueva Constitución el derecho de la mujer a lucir su cuerpo desnudo, el otorgar beneficios durante el período menstrual, encarcelar al actual Presidente, eliminar toda restricción a las manifestaciones callejeras con barricadas incluida y –la más votada- terminar con el derecho de propiedad.

Aunque preocupante, es una realidad la indiferencia y la apatía de la ciudadanía por no pronunciarse por los asuntos de interés de su país, y ello se traduce en las altas abstenciones en los procesos electorales y en el total desconocimiento -así de simple- de la existencia de una Convención Constitucional y, por consecuencia, la ignorancia en cuanto a que habrá un plebiscito de salida con votación obligatorio para aprobar o rechazar la nueva Constitución.

Ésta es una verdadera tragedia nacional, porque de un lado se hallan los idiotas que viven -si es que lo hacen- al margen de la sociedad, al no importarles nada de nada, y del otro están los “interesados” que han hecho llegar este estrambótico tipo de propuestas a la Convención.

¿A qué se debe una realidad tan terriblemente deplorable como ésta? No queda más que apuntar, y muy directamente, al precario nivel intelectual de nuestra población, la cual, en promedio, tiene un coeficiente de inteligencia de 90, siendo que los mejores en esta trascendental categoría están entre los 110 y 109.

Aunque a nivel mundial, el coeficiente de inteligencia de los chilenos es el tercero en Latinoamérica y se encuentra entre los 20 primeros del orbe, los hechos hablan por sí solos: el rendimiento en las pruebas de admisión universitaria va de mal en peor, cada año se cierran más escuelas de pedagogía, el profesorado se niega a evaluaciones y la deserción escolar aumenta de modo alarmante.

Chile cada vez es más ignorante. una veintena de convencionales constituyentes tiene sólo octavo básico, y decidirá acerca de una nueva Constitución.

El ranking mundial de promedios de coeficientes de inteligencia es producto de una ardua investigación realizada por los científicos británicos Richard Lynn y Tatu Vanhanen, quienes tomaron en cuenta el promedio de coeficiente de 113 naciones.

En Latinoamérica, Chile está detrás de Uruguay y empatado con Argentina, superando a los países, como Brasil, con una gran influencia indígena. Un muy buen dato para la Convención que tiene más que una tentación por indigenizar a Chile.