EL DUEÑO DE SU VIDA


VOXPRESS.CL.- Con la llegada del nuevo año se inicia la cuenta regresiva para una de las fechas más cruciales de este aún tierno siglo XXI: la decisión popular, en abril, para elegir a los asambleístas que redactarán la nueva Constitución.

Apenas materializado el Golpe extremista del 18/O, la izquierda -en particular el PC y el Frente Amplio- puso en marcha un plan de adoctrinamiento vecinal para inculcar, entre la población, cómo tiene que ser una Constitución “para el pueblo” y “hecha por el pueblo”.


Un texto artesanal, que se transó antes del primer y frustrado plebiscito de abril, circuló y se transó en el mercado informal callejero. Sus páginas contienen todas las medidas que “el pueblo” debe asumir para eliminar de raíz el capitalismo y la propiedad privada: la ciudadanía debe ser la dueña de su propio destino, ello mediante la conducción de sus vidas entregadas al dominio de un Estado solidario…y absoluto.


La sumisión ante el Estado omnipotente se premia, en tanto se castiga, incluso con la muerte, a quienes representen públicamente su rechazo a este tipo de esclavitud. Hace semanas, con motivo de las manipuladas y chuecas elecciones legislativas en Venezuela, el segundo de a bordo de la dictadura, Diosdado Cabello, anunció que “quien no vota, no come”, en alusión a la negativa opositora de concurrir a las urnas por el arreglo oficialista del acto.


En ese paraíso socialista, el Estado regula un básico abastecimiento a la población a través de tarjetas de racionamiento, como las hubo en Chile durante la Unidad Popular, sistema a cargo de Alberto Bachelet. Cualquiera podía solicitarla, pero para obtenerla debía firmar los registros de alguno de los partidos que apoyaban a Salvador Allende.


Hace tres décadas, la televisión norcoreana difundió el funeral del abuelo del actual dictador Kim Jong-Un, impactando las imágenes de muchos llorando casi desconsoladamente al paso del cortejo. Las escenas fueron calificadas de “montaje” en Occidente, pero eran, y serán siempre, reales en dictaduras como éstas, en que el Estado paternal es el que provee de todo a la población: vestuario, trabajo, educación y alimentación.


En su tradicional bendición al mundo por Navidad, Jorge Bergoglio, no desde un balcón sino desde un salón del Vaticano, pidió orar por Chile y Venezuela, metiéndolos a ambos en un mismo saco. La diferencia esencial entre ambos países es que uno ya está condenado al totalitarismo socialista y el otro sigue aferrándose a las pilchas de lo que es una democracia plena; falta por jugarse el lance en que puede salvarse y no estar, también, sufriendo el calvario argentino de vivir bajo las órdenes de genuinos maleantes.


Por nueve décadas, la izquierda ha venido preparando a su “pueblo” para que algún día llegue al poder. Lo hizo, pero transitoriamente: duró apenas mil días, porque fue la ciudadanía mayoritaria e incondicional de la libertad, la que urgió a las Fuerzas Armadas a que la desalojara del poder.


El adoctrinamiento permanente a decenas de generaciones ha llevado a millones a creer y pelear porque en Chile se imponga, incluso por la fuerza, un régimen totalitario socialista. Todos los días, en escuelas, liceos, universidades y poblaciones, les pintan de maravilloso ese sistema y les hacen creer que sólo así se logra la igualdad y la inclusión: más temprano que tarde tomarán conciencia de que fueron vilmente engañados. Y no habrá vuelta atrás.


El afamado escritor brasileño Paulo Coelho solía preguntarse “si son los pobres los que votan por la izquierda ¿a quién más que a ésta le interesa que lo sigan siendo?”. En pleno apogeo de su arbitrario poder, Hugo Chávez dijo, sin disimulo alguno, que “a los pobres hay que darles sólo lo suficiente, porque si les permites que progresen, se pondrán en tu contra”. Un concepto similar, y muy realista en cuanto a lo que puede esperarle a Chile, es lo afirmado por la diputada Camila Vallejo (PC): “la igualdad sólo es posible hacia abajo, esto es, descender a los ricos al nivel de los pobres”.


Los luchadores sociales, pasivos y activos, que hoy pululan en el país, pujando por la instalación de un modelo totalitario socialista, tienen un futuro garantizado de esclavitud, sometimiento y privaciones de todo tipo, partiendo por la libertad a la que apelan hoy para justificar su violencia y vandalismo.


Del ejemplo venezolano para imitar, mejor ni hablar, luego de conocerse el balance de la OEA con 15 mil fusilamientos de opositores al régimen. Es Cuba, con certeza, el más contundente modelo del Estado dueño de todo, igual a lo instruido por la izquierda al “pueblo” chileno para imponerlo en la nueva Constitución. La isla fue rica por su exportación de azúcar, y hoy, si no es por el turismo y los dólares del imperialismo capitalista, tendría incalculables cifras de muertes por hambre. La “población revolucionaria” carece de buses para el transporte.


En el tercer trimestre de 2019, el Estado subsidiario les anunció a sus habitantes que no habría más expendio ni disposición de todos los elementos básicos para la higiene corporal, “porque el Estado carece de recursos para adquirirlos”. De haber en esta isla comercio privado, éste lo podría importar directamente, pero la propiedad individual no existe. Los derechos, y más que elementales como es la limpieza personal, sólo cuentan para la cúpula del PC.


Cuba terminó el 2020 con una caída de un 11% de su PIB y a partir del 1 de enero, entró en vigor un aumento general de precios. La isla, un estereotipo de lucha contra el capitalismo, sólo tiene ingresos gracias a los turistas extranjeros y a sus dólares; al no recibirlos por el virus chino, se achicó aún más la, de por sí, atomizada caja fiscal encargada de mantener a toda la población. Cuba recibió 4,3 millones de visitantes en 2019, contra un 1,1 millón en 2020, concentrados en los tres primeros meses del año.


Éste es un buen modelo para ponerlo como ejemplo a quienes parecen indiferentes ante la elección de quienes escribirán la Constitución. La ‘oferta’ al país de la izquierda, de sus seguidores, de sus históricos y cándidos votantes y de estos ‘lavados del cerebro’ que todas las semanas ‘combaten’ por llegar a la fuerza a La Moneda, es exactamente la misma que hoy le ofrece Cuba a sus habitantes. Ellos apelan al turismo como su única fuente de ingresos, y, de llegar a tan fatídica instancia, un eventual Estado socialista chileno tendrá que remitirse a su cobre –tras las expropiaciones sin indemnización a las mineras privadas-, y todos conocen los vaivenes comerciales del metal y, también, el riesgo de que se descubra un sustituto.


Son muchos los pueblos sacrificados y martirizados por el Estado totalitario socialista, maquillado de “paternalista”, como para no prestarle atención a un acto electoral en que los chilenos, sin excepción, se jugarán su destino: Hace cuestión de horas, partió la cuenta regresiva para dilucidar tan crucial disyuntiva: condena o salvación.