EL AMARILLO NO ESTÁ DE MODA


VOXPRESS.CL.- “Sería repetir el mismo error que cometió ayer una parte de la derecha”. Esta expresión, aparentemente antojadiza, pertenece a un profesor de Castellano, gran consumidor de literatura, escritor, columnista y conductor de programas pensantes de radio TV: Cristián Warnken. Según propia confesión, a principios de noviembre del 2021 tomó conciencia -recién- del grave desarrollo de la Convención, que “está haciendo una Constitución refundacional del país, la que va en beneficio sólo de un grupo de ciudadanos”. Tan abrupto descubrimiento lo llevó a reflexionar que “los amarillos (que no son rojos ni verdes) estábamos callados frente a una situación que puede poner al país en un pie muy forzado”.

Para él, un documento que norma la institucionalidad de Chile “debe salir del diálogo y de la conversación de todas las partes para que represente, consecuencialmente, a todos”.

Para amplificar su repentina iluminación, a comienzos de febrero propuso la creación de un movimiento político llamado ‘Amarillos por Chile’ que saliese a predicar -recién ahora- lo que demócratas y hombres libres vienen alertando y denunciando desde el plebiscito constituyente, en mayo de 2020. Los resultados de éste y la composición de los convencionales presagiaron, en ese mismo momento, la tragedia que Warnken acabó por descubrir en noviembre pasado.

"Las grandes tragedias en nuestro continente y en el mundo entero han ocurrido cuando los amarillos hemos sido acallados o no hemos levantado con convicción suficiente nuestra voz", se lee en uno de los párrafos del documento fundacional de ‘Amarillos por Chile’, suscrito por 75 ‘personalidades’, en su casi totalidad ligadas a la ex Concertación y a la ex Nueva Mayoría, gran número de ellas ex o actuales militantes de la DC.

Los 75 firmantes de la ficha de nacimiento de ‘Amarillos por Chile’, denuncian que “existen ánimos refundacionales expresados en la Convención Constitucional, y, ante ello, hay que sacar la voz en favor del diálogo y la conversación".

"Hoy –dice el texto- enfrentamos el peligro de lo que alguien ha llamado 'estallido institucional', cuando se vislumbra la posibilidad de que la Convención Constitucional, en vez de ofrecerle al país una Constitución que nos incluya a todos y ayude a construir un pacto social, nos lleve a un callejón sin salida que empuje a muchos de los que votaron Apruebo y quieren que el proceso constitucional resulte, a quedar sin otra opción posible que la de oponer un Rechazo a una Constitución que no nos represente a todos".

Para graficar tal sentimiento, a Cristián Warnken se le ocurrió la peor de las comparaciones, al decir que “los autores de esta Constitución van en camino de cometer el mismo error en que incurrió parte de la derecha”, refiriéndose, mal disimuladamente, a la Constitución de 1980. Es esta expresión suya la que abre el abanico de un sinfín de increíbles contradicciones, y elementales, de ‘Amarillos por Chile’, aparte de una que ni vale la pena considera: su atemporalidad. “No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre” reza un proverbio guerrero de la antigüedad, válido para recordarle al fundador de este movimiento político que la escandalosa Convención partió a comienzos de 2021, y lo hizo en medio de una desmadrada manifestación callejera solicitada y amparada por miembros de ella.

El 2005 -y esto se omite intencionalmente-, Ricardo Lagos (PPD/PS) modificó, con su firma, aquella Constitución pinochetista del 80 y con bombos y platillos celebró que “al fin, el país tiene una totalmente democrática”. Fue al amparo de ella que crecieron y se fomentaron los partidos y que muchos ‘ilustres’ de ‘Amarillos por Chile’ vivieron y siguen viviendo de fondos fiscales y muchos otros vieron incrementado sus patrimonios personales.

Fue con esa Constitución que los firmantes de ‘Amarillos por Chile’ se desarrollaron y enriquecieron y fue a la que juraron, y le cumplieron, dos Gobiernos DC, dos de la Concertación y uno de la Nueva Mayoría, con el PC incluido.

Fue bajo ella que muchas libertades cortaron el elástico para transformarse en libertinaje y fue, también, bajo ella cuando surgieron los colectivos extremistas, llegando sin problema alguno al Congreso. Durante su vigencia han terminado por campear el terrorismo y el narcotráfico. Así, ¿puede alguien serio considerar sólo parcial a una Constitución con este canasto de oportunidades para todos y que transformó a un país pueblerino en uno de verdad?

Un punto realmente irresponsable es el que dice que “los amarrillos hemos permanecido sin sacar la voz o nos han acallado”. Ni lo uno ni lo otro.

La sola identificación de algunos de los firmantes que fundaron el movimiento, revelan un negacionismo de una permanente entrega de convivir sin chistar con el aliado enemigo sólo para conservar cuotas de poder. Políticos como Enrique Krauss, Mariana Aylwin, Carolina Goic, Ignacio Walker, Alejandro Foxley, José de Gregorio, Ignacio Walker, Andrés Velasco, Rodrigo Valdés y Soledad Alvear, entre varios otros- ¿fueron, acaso, callados por una Constitución opresora o simplemente nunca se envalentonaron para encarar a sus socios forzados por conveniencia?

El fundador Warnken hace un llamado a los convencionales, según él centroizquierdistas, a que no le tengan miedo a los refundacionales, siendo que desde 1990 a la fecha nunca estos ‘amarillos’ tuvieron el mínimo coraje de corretear al extremismo y hasta votaron juntos. Fueron algunos de estos mismos ‘amarillos’ los que hicieron posible el acceso del PC a las bancas legislativas y, luego, ser basureados por el comunismo, estando en la misma coalición. Recién ahora se dan cuenta de la amenaza y del peligro de caer en el abismo con el cual convivieron. Un tardío clamor de salvación.

Llega a ser ingenua la postura amarillista de que “sólo dialogando y conversando se construirá una Constitución para todos”, siendo que dicha posibilidad sólo es producible al interior de la Convención, la cual está dominada por el extremismo que postula, como lo ha hecho siempre, que las ideologías se imponen y no se conversan. Llega a ser una candidez hacerse a la idea de que desde afuera “y porque estamos alarmados”, este movimiento -que advierte que no es un simple grupo- tendrá siquiera una mínima injerencia o repercusión en el acendrado odio y revanchismo de los convencionales.

Huele más a una oportunista intención de hacerse presentes de quienes, así de simple, han sido borrados del mapa político, y precisamente por ser ni chicha ni limonada. Por ser amarillos.