EL 100%, POR SEGURIDAD


VOXPRESS.CL.- Es una colisión similar a la de dos portaviones: cuando se estrellan la política y la economía suelen producirse situaciones como las que experimenta el proyecto, ya aprobado por la Cámara de Diputados, del cuarto retiro de otro 10% de los fondos de pensiones. Proporcionalmente, la idea planteada por la humanista Pamela Jiles, ha tenido –sarcásticamente- una demora inaudita en su tramitación al más puro estilo de la reforma previsional, la que lleva años esperando.


De haberse aprobado ésta en los tiempos en que correspondía, de seguro que las administradoras de fondos de jubilación, esto es, las AFP’s, prácticamente serían historia, al igual que los retiros del 10%.

Desde el primero de los retiros, el ámbito económico arriscó la nariz, por el impacto que tendría en las empresas donde estaban invertidos los ahorros. Al comienzo, se acordó exclusivamente que fuera uno, dado el impacto que iba a tener para la productividad.


Pero los retiros se desmadraron y hasta el Tribunal Constitucional estuvo de su parte, haciendo prevalecer su particular justicia popular.


Dada la abundancia de dinero circulante, precisamente por los retiros y por la infinidad de bonos fiscales para paliar la crisis social originada por la pandemia, la economía se sobrecalentó, la inflación se disparó, los precios se fueron a las nubes y, como agregado a tan negro panorama, el precio del cobre se desplomó y, por ende, subió bruscamente el valor del dólar. Los economistas de todos los colores políticos, hasta los más duros, salieron a explicar, y suplicar, que se detuviera el cuarto retiro.


Sin embargo, nadie por estos días puede asegurar que ello está más cerca que la materialización del retiro, y ello porque, en la actualidad, es más fuerte la necesidad de votos demanda por las elecciones del 21 de noviembre que el control de una inflación galopante.


La incertidumbre tiene su origen en las cada vez más afianzadas convicciones ciudadanas, en cuanto a que, de una vez por todas, se dé el gran salto para poner fin a las AFP’s en virtud de que el sistema que ellas encarnan está definitivamente condenado a muerte.


Desde esta perspectiva, el camino sería no sacar sólo un cuarto 10% de los ahorros, sino el 100%, o sea, no dejar un solo peso en las cuentas de los cotizantes.


Hoy, como nunca, parece tener sentido esta alternativa de vaciar a las administradoras, y los motivos no obedecen a la afiebrada pretensión de la izquierda de darles un golpe de gracia sólo porque fueron gestadas en el gobierno militar.

La campaña ideológica de derribarlas por ser una joya del modelo neoliberal y del capitalismo, por estos días es sólo un capricho que no se verá cristalizado como capricho, sino más bien por las malas sensaciones existentes entre los millones de chilenos que aún tienen sus ahorros previsionales en las AFP’s.


Existe un convencimiento generalizado de que sea cual fuere el próximo Gobierno, el actual sistema no seguirá tal cual y su futuro no será el mismo: las administradoras pueden desaparecer como sólo ser maquilladas o sustituidas por otro mecanismo. Es decir, defender a las AFP’s como se hallan ahora es una pérdida de tiempo, porque tienen fecha, al menos, de una modificación sustancial.


A ello hay que agregar el sentimiento generalizado que se arraigó en la población en cuanto a que, a raíz de la incierta situación del país, es más confiable tener y manejar personalmente los ahorros previsionales, ya sea destinándolos a instrumentos más rentables y a inversiones inexpropiables. “Hasta tener la plata propia debajo del colchón es más seguro” declaró un trabajador partidario del retiro total.


Gran parte del país –porque siguen existiendo los colgados que nada saben- está al tanto de los tremendos peligros que está ofreciendo la nueva Constitución, ello por obra y gracia de las violaciones y atropellos que están cometiendo una mayoría de convencionales extremistas. Nadie tiene dudas de que entre todas las bellaquerías en que están incurriendo, instalarán un sistema de ahorro previsional estatal, por lo cual es absolutamente segura la expropiación o nacionalización de los fondos personales, y privados, de los chilenos.


En un proyecto que se encuentra a la espera en el Congreso y patrocinado por Yasna Provoste, en uno de sus artículos se lee clarito que los ahorros de los trabajadores irán a un Cuaderno Nacional. El Estado, siempre temible y peor en manos del socialismo, hará lo que quiera con las cotizaciones acumuladas por años por los cotizantes de los más diversos pelajes.


Incluso, el mundo laboral que a duras penas ha logrado mantener cuentas sin lagunas que le permitan a futuro una jubilación digna, perdió las esperanzas en ello. Eso, pues sólo con más ahorros -que no los puede hacer por la precariedad salarial- podría mejorar sus expectativas futuras.


Otro sector importante de ellos ni siquiera se toma el tiempo de pensar en el futuro, sino en un presente muy complicado e incierto, y prefiere cautelar personalmente lo poco de ahora en vez de ilusionarse vanamente con un eventual mucho del mañana.


Es potente la cantidad de ciudadanos que ha hecho todos los retiros para iniciar emprendimientos, que les permitan mejorar sus condiciones de vida actual y, obviamente, las de su futuro.


Como nunca en los retiros anteriores, en éste, el más controvertido, parece existir unanimidad. Ni siquiera el Gobierno puede sostener seriamente su postura en contra, ya que fueron varios los altos funcionarios, entre ello, ministros y subsecretarios, quienes reconocieron que realizaron retiro. En buenas cuentas, la posición adversa es sólo un interés personal del Presidente, que, fruto de su terquedad y orgullo, ha querido siempre hacer pasar como “del Gobierno” decisiones que él toma sin consultar a nadie.


Más por seguridad que por necesidad, los chilenos bien se merecen ser protegidos con la cesión de absolutamente todos sus ahorros por parte de las AFP’s. Todos por igual están bajo una muy real amenaza de ser despojados de ellos.