EL ÚLTIMO, Y FINAL, DISPARO EN LOS PIES


VOXPRESS.CL.- El Acuerdo para ponerse de acuerdo y alcanzar algunos acuerdos para acordar lo que dice que hará la izquierda después del plebiscito, terminó siendo su último disparo en sus propios pies, luego de los muchos que se ha auto infligido tras fracasarle el Golpe político del 18/O.


Lo resuelto por las dos “almas” del oficialismo para sumarle votos al Apruebo, no hizo más que evidenciar, una vez más, que dichas almas están súper lejos de poder ser una sola y que lo convenido no convence a nadie.


Las modificaciones al proyecto constitucional impuestas por la ex Concertación no consiguieron perforar el blindaje de los comunistas. Lo sustancial del repudiado texto quedó “para ser conversado después”.


Nadie más que el abundante periodismo comprometido, interpretó tales modificaciones como un fuerte aventón al Apruebo “porque convencerán a los indecisos”... Tan artificial optimismo es insuficiente para atenuar el impacto originado por el anuncio del presidente comunista Guillermo Teillier, en cuanto a que no garantiza que, en su momento, respete lo acordado.

En la eventualidad de que existan incautos que interpreten estos acomodos como un suavizante a la monstruosa propuesta constitucional, lo definitivo es que en lugar de hacerle un favor al Apruebo, lo resuelto es un tiro en los pies, porque revela que, efectivamente, no había falsedades ni mentiras de parte de los adherentes al Rechazo.


Si los mismos implicados en la redacción del texto concurrieron a arreglarlo, sustituyéndole artículos atemorizantes para la ciudadanía, es suficiente para aplicar el aforismo jurídico “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

Esta pugna entre extremistas --PC y Frente Amplio— y ex concertacionistas --PS y PPD—, terminó con “maquillajes” muy puntuales sin tocar el corazón del proyecto, esto es, el sistema político: Teillier se negó a cambiarle una sola coma, ya que de éste depende todo lo demás.


La jugarreta resultó estéril, pues las agujas de las encuestas ni se movieron en contra del Rechazo, al igual como antes ocurrió luego de la irrupción de la “querible figura” del Presidente en la campaña y de la franja de propaganda televisiva.

Aún más, la emergencia por los votos que le faltan al Apruebo, impulsó a La Moneda a pedirle al presidente del PS que pusiera en tabla en el Senado el proyecto de liberación para los “presos políticos”… e instruyó a su vocera que convocara a sus huestes duras “porque de seguir con la actual Constitución, no podremos hacer las reformas profundas”.


¿Qué aprobará, ahora, quien lo haga por esa opción? ¿Votará por un texto virgen intencionalmente mal concebido o por una “intención” sin garantías de remendarlo a futuro? Quienes confíen en que el documento será mejorado después del 4 de septiembre, pueden tener la certeza de que se morirán esperando, si es que prestan atención a la advertencia del presidente comunista.


La única interpretación correcta a lo ocurrido es que se trató de un tiro en los pies, y que, por una cuestión de tiempo, debe ser el último de los varios disparos que se ha auto proporcionado la izquierda en su aventura iniciada en octubre de 2019 y que todo apunta a que tendrá su final el 4 de septiembre de 2022.


El comunismo y el frenteamplismo pactaron derrocar al anterior Presidente, con el respaldo del Grupo de Puebla reunido en Caracas. Algún día tendrá que escribirse que la subversión estuvo a menos de una hora de su objetivo de copar La Moneda.

Fracasado el intento, la ex Concertación, absoluta e intencionalmente desinformada por los golpistas, cercó a un Presidente en pánico y lo obligaron a firmar un Acuerdo de Paz engañoso, en el cual éste cedió parte del poder del Ejecutivo y firmó el proyecto de plebiscito para una nueva Constitución.


Ése fue el primer disparo en los pies de la izquierda, porque el PC y el FA no firmaron el ficticio pacto para, así, poder continuar con su vía violenta. Tal desencuentro se agudizó en la elección de convencionales y se acentuó por la segregación de que fueron víctimas quienes olían a ex Concertación.


Recién ahora, la izquierda asume como grueso error haber incentivado que postularan a convencionales “primeras líneas” camuflados de “independientes”, de dirigentes de organizaciones civiles (?) de dudosa existencia y de atomizados tamaños, como colectivos comunistas y hasta juntas de vecinos. Enrabiados con sus propias vidas y fracasos, se unieron en la Convención para aportar su tonelada de odio al proyecto constitucional.


Otro disparo en los pies, clave para entender el escenario actual, fue que Boric no se imaginó que mucho más temprano que tarde necesitaría de la mano que escupió. El PS arribó a La Moneda para atenuar el desvarío en la gestión presidencial y maquillar la falta de competencias de los ministros.


Pero el PS no tuvo la fuerza, y decididamente no la tiene, para doblegar a los comunistas empoderados en cargos estratégicos, aparentemente de segundo orden. Éstos no se rinden ante la opción, inédita e histórica, de perpetuarse en el poder a través de una pacífica vía institucional. Teillier lo dijo, lo dice y lo seguirá diciendo hasta el 4 de septiembre: “es la batalla de todas las batallas”.


Ninguno de tantos balazos en sus pies tuvo la gravedad de haber asociado la suerte del Gobierno a la de la Convención. Este vínculo, propiciado por el propio Boric, fue fruto de su convicción de que el Ejecutivo, por su propio carril, no concretaría la refundación del país por falta de votos en el Congreso, y optó por entregarle ese rol a los constituyentes. El shock se produjo cuando la ciudadanía, después de meses de funcionamiento de la asamblea y al tanto de sus errores y horrores, le dio vueltas las espaldas.


Muy rápido, la gente entendió el real significado de la promesa de Boric de “profundizar la democracia”, es decir, enterrarla.

Quien acertó plenamente en el diagnóstico de lo ocurrido con este tragicómico acuerdo oficialista por el Apruebo fue Jorge Sharp, revolucionario alcalde de Valparaíso, líder renunciado del FA por incompatibilidades con Boric y propuesto en su comento como precandidato presidencial. “El Acuerdo tiene baja eficacia electoral, divide más al Apruebo y refuerza la posición de que el proyecto es malo”, dijo.


Para mal de males del oficialismo, el Presidente, siempre con su acento mesiánico, aseguró que “yo seré el garante de que, de ganar el Apruebo, se cumpla lo resuelto”. Lo manifestó en el marco de una denuncia -otra más— de la Contraloría por el intervencionismo electoral del ministro SEGPRES y sólo horas después de que su titular del Interior, por presión del PC, no cumplió su palabra de enviar el decreto de estado de excepción para sectores de la Región de Los Ríos.


La descomunal falta de credibilidad en este Gobierno es la que le proporcionó la munición para que sus partidos terminasen dándose un último tiro en los pies y arriesgar todavía más una derrota en la batalla de todas las batallas. A estas alturas, su panorama electoral es tan precario -ratificado hasta por encuestas de La Moneda— que no parece tener más espacio que para una sola salida: la intervención de una mano negra, interna o externa, en la elección.


Ante la eventualidad de esa escapatoria, el disparo ya no estaría dirigido a sus pies, sino hacia una clara mayoría ciudadana y, específicamente, en contra del único tipo de democracia que la humanidad valida.