DICOTOMÍA QUE SE REPITE


VOXPRESS.CL.- Aunque parezca inverosímil, Chile es una de las tantas democracias plenas existentes en el mundo, las que, formal y oficialmente, son definidas como sistemas en que sus máximas autoridades son electas libremente por la ciudadanía, con un modelo de Gobierno de derechos soberanos de las personas y con la independencia de los Poderes del Estado. Exactamente, el reverso de lo que son las dictaduras comunistas.


El denominado ‘pueblo’ –en las democracias- no tiene atribuciones directas respecto a la gestión administrativa, sino elige a quienes lo representan.


Etimológicamente, y de acuerdo al concepto para identificar a una democracia, Chile lo es en plenitud. Pero, increíble aunque cierto, es la única en el mundo, ¡la única!, cuyo poder Ejecutivo está en manos del Partido Comunista.

Chile vivió, ya, esta misma experiencia, cuando el 4 de septiembre de 1970 eligió a un castrista para Presidente, y de no haber sido por la intervención militar, el país llevaría casi medio siglo sometido a una dictadura comunista. Tras mil días en que la democracia fue reducida a su mínima expresión y hecha pedazos, el marxismo fue finalmente expulsado.

A partir de este 2022, otra vez el país es gobernado por el comunismo, aunque su hegemonía fue duramente cercenada por la ciudadanía con su categórico voto Rechazo el 4 de septiembre.


En 1973 fue expulsado, pero ahora continúa tomando las decisiones en el Ejecutivo e imponiéndole sus pautas al Presidente de la República.


El poderío del PC local no es nuevo y su influencia la evidenció desde antes de ser Gobierno: le impuso al SERVEL las fechas de ambos plebiscitos constitucionales para conmemorar fechas particularmente emblemáticas: el de entrada coincidió con la revolución bolchevique, y el de salida, con el día en que fue electo Allende. Nadie se percató de la maniobra.


Excepto en las dictaduras en las cuales es partido único, en Chile recién ha llegado a una adhesión popular de un 10%, luego de transitar por décadas por promedios que no superaron el 5%. El padrón electoral es de casi 15 millones de personas facultadas para sufragar, y frente a este número, el PC ni siquiera es la colectividad con más afiliados, pues este liderato lo tiene el naciente y debutante Partido de la Gente. Registra 46.068 disciplinados militantes y su presidente Guillermo Teillier, en una encuesta reciente, resultó ser el personaje público más despreciable para la ciudadanía.


En este escenario atractivamente precario, el PC es el que manda en La Moneda y tiene sembrado el Gobierno de ‘asesores’ en puestos claves, entre ellos el Ministerio de Defensa. En su momento, dominó sin contrapesos en la Convención Constituyente, la que, sagazmente manejada por Marcos Barraza, se propuso implantar una Constitución radicalmente transformadora y excluyente que posibilitara, institucionalmente, el tránsito de Chile hacia un totalitarismo comunista.


De no haberlo evitado la ciudadanía el pasado 4 de septiembre, el país ya estaría en vías de sumarse a China, Corea del Norte, Vietnam, Laos, Cuba, Venezuela y Nicaragua, aunque ésta aún en proceso de consumación.


Desde 1921 hasta la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), el Kremlin dirigió una oprobiosa y sanguinaria dominación sobre países euroasiáticos, todos “protegidos”, según el sovietismo, por una solidaria Cortina de Hierro.

El aislamiento auto impuesto por su estrabismo dogmático, los lleva, invariablemente, a no ver las genuinas realidades de las sociedades. La esclavitud a que la Unión Soviética sometió a millones en Europa del Este no pudo sostenerla por el alto costo de dicha esclavitud: le resultó imposible de financiar y de manejar.


En la víspera de la primera conmemoración oficialista del Golpe político del 18 de octubre de 2019, el PC realizó una reunión de su Comité Central, en el cual estableció, en lo primordial, tres puntos: dicha fecha la ubica como el inicio del “nuevo ciclo político” que incluye la instalación de un régimen totalitario con un partido único; un plan nacional de movilización de masas, que tuvo su mayor muestra el martes 18 con una muy mala intencionada lectura, en cuanto a que se trató puramente de acción delictual, y la repetición de un proceso constituyente, tal como el anterior, con Convención y escaños reservados para comuneros terroristas. Respecto a la abrumadora derrota del 4 de septiembre, el Comité Central la definió apenas como “un percance”, siendo que siempre calificó dicha elección como “la madre de todas las batallas”: la consolidación de un Estado totalitario dependía de ella.


En un encuentro post saqueos en el aniversario golpista, el Presidente Boric, casi al borde de las lágrimas, manifestó que “los carabineros se despresan por combatir la delincuencia”, ante lo cual varios portavoces del comunismo le aclararon que “los policías no estaban en las esquinas mirando, sino directamente reprimiendo”. El díscolo alcalde recoletano Daniel Jadue, y permanentemente acosado por sus sospechosos manejos de dineros públicos, fue más allá: “por mandar a que se atacase a pacíficos manifestantes, se permitió que los delincuentes actuasen libremente”…


Esta dicotomía entre los socios del pacto de Gobierno ha ido in crescendo en forma galopante, y de continuar este ritmo de fracturas y fricciones, es incalculable la dimensión del desenlace.


Siendo tan ultraizquierdista como los comunistas, el Mandatario, aunque con arcadas, trata -falsamente, desde luego- de instalar una imagen de socialdemócrata, besando sobre lo que antes vomitó, porque su proyecto gubernamental murió junto con el estrepitoso fracaso de la propuesta constitucional, rechazada abrumadoramente por la población. Suele, eso sí, traicionar a su propia hipocresía, al inventar que tiene un mandato popular para una nueva Constitución, ya que, según él, un 80% de votantes del plebiscito de entrada así lo demandó. De acuerdo a la reforma constitucional de fines de 2019, el proceso, por cualquiera de sus dos vías resultantes, finalizó, y para siempre, el 4 de septiembre.


Lo medular es que por estructura y orgánica interna, el PC es el único de los socios del pacto de Gobierno con un libreto dogmático escrito sobre piedra y que persiste, a como dé lugar, en llevar a Chile hacia una dictadura. El Frente Amplio, cada vez más opacado, disminuido y disperso, carece de contenidos y de caudillos, ante lo cual es depredado fácilmente por su voraz aliado, el mismo que se jacta de reírse en la cara, no sólo del Presidente, sino en las de sus ministros obviamente no comunistas.


¿Hasta cuándo durará este hostigamiento del socio poderoso sobre el más farruto? ¿El Presidente resistirá por mucho tiempo este constante desafío a que es sometido por el PC?


Es dramáticamente evidente que el Mandatario no se anima a decir públicamente todo lo que el PC lo insta a explayarse, aunque es de público dominio que tanto el uno como el otro aspiran a lo mismo: la refundación del país, y si la violencia de masas es necesario para ello, tiene que darse.


El Presidente, ante una asamblea de PYMES, manifestó, con orgullo, que “fuimos respetuosos de la voluntad popular que rechazó el proyecto de Constitución”. ¿Tal decisión fue, acaso, exclusivamente un motivo de orgullo? ¿O fue una gentileza de la ultra izquierda de no salir a la calle el 4 de septiembre a desconocer el resultado?


Chile está sentado sobre un polvorín, y ello porque, siendo muy minoritario y perenne portador de la antipatía general, el PC es el que manda en el país y, para mayor contrasentido, lo hace en una democracia plena, lo que constituye toda una dicotomía. Y ello, por la falta de visión y de coraje de la oposición, la que le hace el juego en lugar de darle un portazo definitivo, reforzando el voto mayoritario de chilenos que prefirieron el afianzamiento de una democracia auténtica y rechazaron de modo tajante la amenaza de una dictadura comunista.