DEL MISMO SACO


VOXPRESS.CL.- Karol Cariola es una matrona que, desde sus años de escolar, fue adoctrinada por el PC. Mujer de absoluta confianza de su Comité Central y de su Comisión Política, puso a prueba su disciplina, al aceptar con dolor de estómago la orden de votar en contra del quinto retiro universal desde las AFP´s, habiendo sido una recalcitrante luchadora en favor de ellos en tiempos recientes.


Por su terquedad, fue designada como comisaria de punto fijo del entonces candidato presidencial Alejandro Guiller (2017,) para que en sus alocuciones, éste se ciñera al libreto del partido. Rostro visible de la subversión estudiantil del 2011, fue guardiana permanente en la casa de avenida Condell, donde se fraguó la asunción al poder del pacto frenteamplista/comunista. Se le designó presidenta de la importantísima Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados, cargo en el cual debutó con una brillante demostración de solidaridad política: dejó en nada el histriónico cuento de la ministra del Interior, Izkia Siches, sobre un vuelo imaginario de delincuentes venezolanos expulsados del país.


Ella, Cariola, en su condición de autoridad de dicha comisión, al tanto de que quedó en actas para la historia del Congreso tamaña mentira, debió convocarla a que rectificara su “errónea información” para que en los archivos de la corporación quedase establecida una ineludible aclaración.


Pero no lo hizo por expresas instrucciones de su compinche y también “luchadora social”, Camila Vallejo, ya que el Presidente y el Comité Político de La Moneda le habían dado su respaldo a la ministra, la que, dicho sea de paso, fue definida como “no preparada” y “con falta de cultura” por el ex ministro de Salud, Enrique Paris, quien debió compartir, y soportarla, en la Comisión Sanitaria de La Moneda durante la crisis de la pandemia.


Así se cuecen las habas en este Gobierno: el mismísimo Mandatario, adhirió a una falsedad que impactó a todo el país y que contribuyó a subir súbitamente la reprobación ciudadana a Gabriel Boric.


A los más antiguos conocedores de la política republicana, esta mal entendida solidaridad les pareció un disparate, pero a los más interesados, a quienes supuestamente dirigen al país, no. Su formación revolucionaria infanto/juvenil los hizo impermeables a las fallas, tratándose de hermanos de ideología. Se toleran todo. A la propia Siches, las balas le pasaron cerca en Malleco y a Boric le rebotó un piedrazo que un decepcionado hincha suyo le lanzó en su primera gira populista.


Todos quienes estuvieron involucrados en la revuelta del 18 de octubre son del mismo saco, con pequeñas diferencias y distancias más formales que de fondo. Se trata de revolucionarios -templadamente, conocidos como “luchadores sociales”- que desde el 2o19 mantienen vigente el vandalismo, en particular en quienes pugnan por la libertad de los mal llamados ‘presos políticos’, por los asesinos terroristas de La Araucanía, por los escolares radicalizados y, más recientemente, por los que presionan porque el Estado les entregue, a la brevedad, viviendas cómodas, aunque, para ello, muchos no le han trabajado un día a nadie.


A estos “luchadores sociales” se les encuentra por igual en el Gobierno y en sus reparticiones y entre los convencionales constituyentes. Sus líderes y cabecillas -algunos extranjeros- construyeron el tramado perfecto para el dominio totalitario del poder de modo legal y por la vía de la institucionalidad, luego de que les fracasara la toma de La Moneda a fines del 2019, estando sólo a horas de concretarlo.


Llama la atención la candidez, acaso inocencia, de la oposición democrática que denuncia sequía legislativa e inacción por parte del Gobierno. La propia Karol Cariola se encargó de aclarar que “desde un principio sabíamos que no teníamos un Parlamento favorable”, en alusión al rechazo del proyecto gubernamental de un retiro acotado de fondos de pensiones.


Los casi majaderos llamados del Presidente al diálogo y a los acuerdos, no son más que un caza bobos para aparentar que el Gobierno funciona o quiere que funcione. Él, personalmente, invitó a palacio a la directiva DC y su ministro Jackson hizo lo propio con la bancada del debutante Partido de la Gente, en un demostrativo propósito por evitar que se le origine otro fracaso parlamentario.


Sin embargo, tan dramática obsesión por los llamados a dialogar una y otra vez, el suyo es un teatral truco para que el tiempo corra en favor de la Convención Constitucional. A Boric y a su entorno gubernamental poco o nada le importa el destino inmediato de su gestión, porque sabe que el real trabajo se lo están haciendo los convencionales revolucionarios para imponer una Constitución que dará los frutos que su administración, por minoría parlamentaria, no podrá cosechar.


Boric y Siches declararon abiertamente que están jugados por la Convención, entregaron a ésta $ 400 millones para publicidad en favor del Apruebo -fondos fiscales que no abundan- y sellaron con la mesa de dicha instancia un acuerdo para “trabajar en conjunto” de aquí al 4 de septiembre, fecha del plebiscito de salida.


La Convención, y como es conocido, perdió un año regalándole su millonaria dieta a un estafador, se paseó a todo lujo por zonas del norte y del sur, algunos de sus delegados hicieron destrozos en un hotel, fuera de reglamentó se les extendió el plazo de trabajo a las comisiones y todos sus miembros de colectivos indígenas fueron electos al margen del padrón nacional, por lo que su proceso eleccionario resultó deslegitimado.


Así como La Moneda le dio un respaldo a la escandalosa falsedad de Siches, también le entrega su soporte y complicidad a la Convención, generosa en frivolidad e ignorancia. La razón de ello es una sola: son todos del mismo saco y los aglutina un solo objetivo, el de instalar en el país un Estado totalitario socialista e híper pluriterritorial, ofensivo a la soberanía e identidad nacional.


¿Qué importa lo que haga o no La Moneda? Nada, absolutamente nada. Es más inteligente y visionario dejarla en su paralización actual, porque en esta encrucijada por la libertad y la democracia, los revoltosos “luchadores sociales”, los de La Moneda y los de la Convención, están en amplia ventaja numérica. El escenario político es dramático: mientras el izquierdismo juega con 22, la oposición lo hace con 11.


Todos los esfuerzos por mantener a tope la democracia deben direccionarse hacia la Convención y hay que dejar de perder el tiempo en azuzar a un asno que carece del menor interés en apurar el tranco. Porque no necesita hacerlo.