DE NADIE Y PARA NADIE


VOXPRESS.CL.- Luego de que el actual Presidente claudicara ante la izquierda para mantener su puesto, dejó que el vandalismo extremista transformase en un botín y basural el monumento a Manuel Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico y ex senador de la República. Quitado de su lugar a solicitud del Ejército, el Mandatario proclamó, en una de sus tantas promesas incumplidas, que una vez restaurado por los daños causados por los “primera línea”, volvería a su lugar.


El 11 de marzo, y gracias a leales senadores de Chile Vamos, muchas veces ignorados por él, el Mandatario podrá entregar la banda a su sucesor, pero la estatua ecuestre del emblemático personaje histórico, no estará en su sitio ocupado por 90 años.

El Gobierno, todavía el suyo, acaba de anunciar que la pintarrajeada base de la estatua, también será retirada desde la rotonda de la plaza que llevaba el nombre de Baquedano, también para devolverle su pulcra estampa original.


Previamente fue sacado desde allí el cadáver momificado de un soldado desconocido que combatió en la batalla de Tacna, cuya urna fue trasladada al mausoleo institucional del Ejército.


La institución castrense jamás fue autorizada a custodiar el lugar, tal como lo hizo la Armada con el amagado y amenazado monumento a sus héroes en la Plaza Sotomayor de Valparaíso. Éste nunca fue dañado.


La izquierda, tanto la subversiva como la parlamentaria, quieren que la plaza se mantenga como recuerdo de la “hazaña octubrista”, llevando el nombre de Dignidad y que en su centro se erija un monumento “que dé unidad a los chilenos”… ¿Qué puede unir más a un país que una guerra por su territorio?


Dignidad es el nombre que sugirió el PC para el pacto de Gabriel Boric. En el mundo no debe haber algo más indigno que la dictadura soviética y sus descendientes, como Cuba, Venezuela y ahora Nicaragua. Hay que estar decididamente ‘volado’ como para considerar “dignos” levantar barricadas, incendiar templos, saquear locales comerciales y utilizar cuchillos y bombas Molotov.


Para evitar esta guerrilla de gustos y pasiones ideológicamente desbordadas según las tendencias, lo sensato es que al no haber rotonda en el lugar, no es necesario levantar allí estatua alguna, y el sitio tendrá que dejarse de llamar plaza, evitando, así, que continué siendo tentación para reuniones extremistas. Si con los cambios que vienen, Chile será otro, distinto al actual, la primera modificación, y la más a mano, es hacer realidad un proyecto de modificación urbana que sólo por falta de financiamiento no pudo ejecutarse: dar continuidad en superficie a las avenidas Bernardo O’Higgins y Providencia.


La gran dificultad que estancó la iniciativa fue el gasto que significaba hacer cuatro vías subterráneas, dos este/oeste y dos poniente/oriente, ello para preservar la glorieta en cuyo eje estaba la estatua a Baquedano. No estando la figura que lo recordaba, es cuestión de unir dos calles, y punto.


El ‘sacrificio’ del general Manuel Baquedano será agradecido por millares de agobiados conductores que circulan diariamente por el lugar, quienes ya no tendrán que eludir la rotonda, y ello con el atasco respectivo.


Convirtiendo la venida a menos plaza en parte de una avenida longitudinal, no será necesario embarcar a la población y a las nuevas autoridades en una estúpida disputa por el futuro nombre del lugar, pues ya dejó de tener su razón de ser. Ese sitio público, como todo espacio público, no es ‘propiedad’ de ningún grupo en particular.


Quienes estaban al acecho de que la hoy vacía rotonda llevaría un monolito de su ideología, es mejor que se vayan olvidando. Nadie, jamás, podrá sustituir la figura de un héroe real, valiente, que, ni más ni menos, con su coraje, contribuyó en su momento a agigantar las fronteras de Chile, algo que ninguno de los ‘heroitos’ actuales podrá repetir jamás. Ni en broma.