DE LA CALIDAD A LA PRECARIEDAD


VOXPRESS.CL.- Los recuerdos están todavía muy frescos como para olvidarlos, y es este pequeño detalle el que tiene al Gobierno como esos carros locos de los juegos infantiles: va para todos lados sin control y chocando a los demás. A lo menos, un 50% de los 5,6 millones de chilenos que votaron por Gabriel Boric y su pacto de ultra izquierda en la segunda vuelta presidencial el 20 de diciembre de 2021, hoy ya no se encuentran en su misma vereda y se retuerce de rabia por haber sido tan ingenuamente engañado.

Según la encuesta Pulso Ciudadano del pasado 30 de octubre, el rechazo a la gestión del Presidente llegó al 75%.


El 11 de marzo de 2022, este -en ese entonces- adorable personaje, asumió con un 70% de aprobación, de tal modo que su vertiginosa desvalorización constituye todo un record en la historia de los habitantes de La Moneda.

Nadie más o menos atento a la realidad nacional puede sorprenderse de tan veloz desprestigio de la imagen presidencial. Ello -- así de simple— es consecuencia de la absoluta inexperiencia e ineptitud del Frente Amplio y del fanatismo dogmático del PC, toda una combinación de factores adversos. Más se agudizó su negro futuro, tras el descarrilamiento del convoy que los instalaría, por décadas, en el poder: la Convención constituyente.


Ambos partidos fueron los únicos presentes en la asamblea del Grupo de Puebla (ex Grupo de Sao Paulo) en Caracas, donde se planificó el Golpe político del 18/O destinado al derrocamiento del anterior Presidente.


Ese día de octubre de 2019 lo fijó el PC como el punto de partida del totalitarismo socialista (nuevo ciclo político) previsto para Chile, aunque momentáneamente fracasado, todavía no descartado por el Gobierno. La ministra del Interior volvió a referirse al “nuevo sistema político” que, según ella, se hará fuerte con las reformas estructurales actualmente en discusión.


No existió, como se cacarea, el inventado estallido social, y ello lo reveló la eufórica reacción de Nicolás Maduro, al imponerse del devastador saqueo del Metro de Santiago: “nunca imaginé que iríamos tan rápido… ¡Y ahora vamos por la Asamblea Constituyente”. Él envió a Chile a 300 instructores en revueltas para dirigir e instigar a los “primera línea”.


Al fallar, y por muy poco, la toma de La Moneda, el PC fraguó el largo y mañoso proceso constitucional, pero al fracasar éste por decisión mayoritaria de la ciudadanía, el Gobierno quedó, y está, herido de muerte. ¿Qué fue lo que activó la reacción de los chilenos para frenar la continuidad del camino hacia el comunismo vía Convención? La espontánea comprobación popular de que la prometida mejor calidad de vida en manos de la ultraizquierda se transformó, en un abrir y cerrar de cerrar de ojos, en una vida colmada de precariedades.


Este velocísimo cambio en la percepción popular sobre el Gobierno (75% de reprobación) dio origen al caos y a una total descoordinación en La Moneda. A ésta no le queda más que el falso recurso del diálogo y los acuerdos, y al PC, su perenne y prepotente amenaza del machete, incluso contra su socio.


Sin espacio de maniobra, puso en primerísimo plano las reformas tributaria y previsional, “las que traerán una mejor calidad de vida a las personas”, obviando las advertencias opositoras de que “no las votaremos fácilmente”, y todo ello agravado por su insistencia en la inexistente continuidad del proceso constituyente, para enfocar en éste la atención pública y embolinarle la perdiz sobre el agobiante día a día de la población.


A tal extremo es el estado febril del oficialismo, que un ex servidor de Michelle Bachelet y hoy dedicado a un supuesto neutral comentarismo político la noche de los domingos, manifestó -textual- que “la crisis económica se debe a la incertidumbre de la gente porque todavía no hay una nueva Constitución”… Tanto delirio fue borrado a las horas por dos encuestas: una estableció que en el ranking de prioridades de la ciudadanía, un nuevo proceso constituyente está en ¡el décimo lugar!, y la otra, que las preferencias de la población se inclinan ahora por mantener la actual y que no hay apuro alguno en redactar otra.

La ciudadanía, y así lo expresa, exige soluciones ojalá inmediatas a la inseguridad, la que en este Gobierno se ha incrementado de modo alarmante. Con Estados de Excepción ‘acotados’, las fechorías del terrorismo en La Araucanía se dispararon y los delitos comunes se duplicaron.


Ante la oferta de solución a 300 mil familias sin casas, el ministerio respondió que “está muy caro el suelo” y en las comunas previstas para construir no hay planos reguladores. Se suprimió el 50% de los subsidios para viviendas sociales en mal estado por su antigüedad.


La educación de calidad prometida se chantó por falta de presupuestos para más liceos bicentenarios; no habrá evaluación a los profesores, ni voluntaria; las universidades privadas no podrán ofrecer gratuidad y 9 de cada 10 niños de primero básico no distinguen las letras del abecedario.


La salud pública, hacia donde debemos ir todos, está a punto de reventar y el MINSAL giró miles de millones a privados para que atiendan pacientes de FONASA. Los pabellones de cirugía funcionan al 50% y el subsidio a la atención municipalizada tendrá un aumento de $ 100 -sí, cien pesos- por paciente.


La canasta familiar en cosa de días superó su costó de $ 60 mil, y el subsidio a las familias más pobres se mantiene igual -$10 mil al mes-, con lo que no financian ni una semana. Un 80% de la población reconoce una drástica restricción en compra de alimentos.


Se anunció para enero el alza del transporte público, lo que unido al creciente desempleo pronostica un duro verano para la clase trabajadora. A su vez, el alza en el royalty minero llevará a la quiebra automáticas a las PYMES dedicadas a la extracción de metales.


Antes de la subversión del 18/O, Chile era la primera economía emergente de Latinoamérica y el G 20 la miraba de cerca para incorporarla: hoy es la última, y peor. Desde esa fecha hasta hoy, crecieron en 352 los campamentos de extrema pobreza y en un hecho inédito, el promedio de homicidios en el país es de 2 al día y el de delitos llega a 1.700 diarios.


Para responder a ello, Interior convocó a un gran diálogo nacional sobre seguridad, pero, al mismo tiempo, extendió el Estado de Excepción sólo “para proteger a las personas y a sus bienes”, pero no para combatir directa y contundentemente a delincuentes y terroristas. La Moneda está impedida de hacerlo, porque la gran variedad de malhechores votó por Boric y por el Apruebo, de tal modo que el exterminio del delito anhelado por la gente no será realidad, al menos mientras dure este Gobierno.


En medio de una crisis socioeconómica motivada, en gran parte, por la presencia en el poder del PC, el desempleo está teniendo un rebrote explosivo, los ingresos del Fisco disminuyen y entre Hacienda y Trabajo -éste en manos de una comunista— ‘ratonean’ el aumento de las pensiones más bajas a los jubilados, incremento automático establecido por una ley al final del Gobierno anterior, cosa de mal gusto para La Moneda: “no estaba en nuestro programa”.

Un 6% de reajuste que la patronal tendrá que hacer para ahorro previsional de sus trabajadores será manejado por el Estado y la mitad de esa suma irá al pilar solidario.


Y así, suma y sigue con el deterioro del bienestar de la población.


No hay un solo motivo para extrañarse del porqué la gente ya esté contestando encuestas, a sólo siete meses de haberse iniciado este Gobierno, sobre sus preferencias por el sucesor de Boric. Lo más revelador es que entre los primeros diez preferidos no hay ningún, absolutamente ningún, representante de la Izquierda, incluso de la que se dice moderada.