COMO PECAS, PAGAS


VOXPRESS.CL.- A los pocos meses de materializada la violenta toma del poder por parte de Fidel Castro en Cuba, el, en ese entonces, Gobierno norteamericano le exigió al tirano de La Habana la “inmediata liberación” de los presos políticos, encarcelados por el ‘grave delito´ de oponerse a la naciente y sanguinaria revolución. El dictador abrió las prisiones, exclusivamente para que salieran de ellas los delincuentes comunes, dejándolos ir a Miami.


Más de 70 años después, esta ‘avivada’ la revivió otro dictador, venezolano, llamado Nicolás Maduro, quien, al igual que su ídolo cubano, ha limpiado de delincuentes comunes las cárceles de Venezuela, dejando al interior de ellas sólo a los opositores, encerrados por pensar distinto y por disentir de la dictadura chavista.


Esa pléyade de delincuentes, entre ellos, asesinos, lanzas, motochorros, y narcotraficantes es la que, auxiliada por un puñado de dólares, es dejada en la frontera norte boliviana/chilena para que ingrese a borbotones a nuestro país. El destino preferido fue, y sigue siendo, Iquique, una ciudad históricamente simbólica, anexada a sangre y fuego en 1978 y que de somnoliento balneario pasó a una dinámica capital regional con un formidable dinamismo económico. Su estado hoy es deplorable y la otrora apacible vida de sus habitantes, es un real infierno: la delincuencia llegó al 92%, el uso de armas y cuchillos en la vía pública está en un 41% y a la semana hay un promedio de 4,2 homicidios. Sus cálidas y tranquilas playas son hoy campamentos de emergencia para extranjeros indocumentados que no tienen dónde ir, fomentando con su presencia la suciedad, los contagios y el desorden público.


El 90% de esta irrefrenable oleada de inmigrantes ilegales proviene de Venezuela, manchando con sus conductas agresivas y delictivas la imagen de los primeros ciudadanos de aquel país que vinieron huyendo de la amenaza que les significó, de entrada, la libre elección de Hugo Chávez.


Debe recordarse, como ejemplo de vinculación con lo que está ocurriendo en Chile, que Chávez fue electo por una gran mayoría, y él prometió que no privatizaría, que invitaba a inversionistas extranjeros y que si lo hacía mal, se mandaría cambiar antes de cumplir sus cinco años como buen gobernante demócrata.


El resto de la historia es vastamente conocida para volver a detallarla: se transformó en un dictador tirano y antes de su muerte dejó designado a dedo al ignorantón de Nicolás Maduro como su heredero. En su capilla ardiente, entre otros Presidentes sudamericanos, le hizo guardia de honor Sebastián Piñera.


De la tiranía chavista huyó una gran masa de profesionales, todos con estudios acreditados, con experiencia, serios, trabajadores y responsables. Muchos de ellos llevan años en Chile en puestos de responsabilidad en sus respectivas disciplinas. Entraron al país por el aeropuerto con antecedentes limpios y con su documentación en regla. Hoy, casi todos tienen su visa de residencia definitiva.


Además de un error, es tremendamente injusto que esa oleada honesta y aportadora de venezolanos esté hoy siendo manchada por estos compatriotas rufianes y de la peor calaña, quienes, sólo por cuestiones políticas internas, continúan llegando para agravar la delicada situación socioeconómica del país, objetivo al que apunta Maduro con este despacho de su podredumbre humana hacia tierras nacionales.


Se esperaba que esta exportación no tradicional ideada por el dictador venezolano para seguir vengándose del Presidente que viajó hasta su frontera para tratar de derribarlo, iba a cesar con la victoria de la mancomunión de la izquierda chilena personalizada en el egresado de Derecho, Gabriel Boric. Pero ello no ha sido así, y resulta sorprendente que, luego de un período a la baja de inmigrantes ilegales venezolanos, en las últimas semanas se haya hasta triplicado su acceso diario, y descaradamente, por el paso fronterizo de Colchane, un pueblito de 1.300 habitantes que no pueden salir de sus casas, porque si las dejan solas por algunos minutos, les son ´tomadas’ o saqueadas por los ilegales que llegan. Ocurre que Maduro y el socialismo internacional, se hicieron a la idea de que lo ocurrido en Chile el 21 de noviembre fue el triunfo de la revolución y que, así, Venezuela tendría un hermano y fiel aliado en el subcontinente. Sin embargo, con el brusco viraje de estrategia de Boric de pasar de una izquierda extremadamente dura y subversiva a una conjunción socialdemócrata, originó, simultáneamente, frustración y decepción en la élite venezolana, la que redobló el despacho de lo peor de su sociedad y, así, hacerles cupo en las cárceles caraqueñas a sus opositores.


Consecuencia de ello es que dentro de 35 días -la nada misma-, el mancomunado Gobierno de izquierda tendrá que hacerse cargo de este agudísimo conflicto. Fue su misma gente, siendo oposición, la que se encargó de proteger, e incluso de estimular, la inmigración ilegal.


El actual y terminal Gobierno, que ilusoriamente estaba destinado a ser uno eficiente de derecha, fue rápidamente desbaratado por la falta de autoridad de su Presidente y por su pavor a la izquierda, la que, como todo el país sabe, terminó cogobernando e imponiendo sus criterios. Uno de éstos fue negarse, terca y caprichosamente, a todo intento de que el país se dotase de una contundente política de inmigración; el único intento al respecto fue boicoteado y deslegitimado por la oposición para favorecer el incremento de los ingresos clandestinos en virtud de su irracional visión de la defensa de los derechos humanos.


También por pánico a las organizaciones de derechos humanos, el propio Ejecutivo contribuyó a oficializar la inmigración ilegal, al crear la autodenuncia que, consecuencialmente, permite el auxilio médico, el transporte y la residencia, se supone de emergencia, a los clandestinos.


Fue la oposición de izquierda, en su conjunto, la que sacó de la norma legal la expulsión de ilegales que llegasen al país con menores de edad “para no desintegrar” familias…Hoy, todos los que acceden ilícitamente a las fronteras lo hacen con niños y hasta con animales domésticos, los mismos que son víctimas de todo tipo de trabas por parte del SAG si son portados en vuelos comerciales, y con toda su documentación al día.


Cuando, tímidamente, el Ejecutivo que ya se va programó un ciclo de vuelos -pagados por el Fisco- para deportar a delincuentes extranjeros, la oposición de izquierda aportó abogados para que defendieran a los ilegales en los tribunales, y puso como exigencia que sólo se expulsara a extranjeros condenados. El resultado fue que no se volvieron a realizar los traslados de indeseables y que todas las acciones entonces punitivas se sustituyeran sólo por medidas paliativas, insignificantes para la tremenda dimensión del conflicto.


Quedan pocos días, muy pocos, para que la población en general y los iquiqueños en particular, conozcan y sepan cuál va a ser la mano de la izquierda en materia de inmigración ilegal y, específicamente, en el tráfico de delincuentes venezolanos que, con tanta generosidad, el dictador comunista Nicolás Maduro se ha encargado de financiar hasta la frontera chilena. ¿Regirá la tradicional solidaridad internacional del socialismo o el decepcionado Palacio de Miraflores, sin piedad, le meterá presión al que supuso, y creyó, su Gobierno mellizo?


La respuesta empezará a conocerse dentro de muy poco, cuando éstos “hippies progre” tengan la guitarra entre sus manos.