CHILE PISOTEADO EN LA CONVENCIÓN


VOXPRESS.CL.- Cuesta entender la indiferencia y displicencia de los chilenos que se consideran, y dicen, ser tales, ante la prepotencia, avasallamiento e insolencia de un reducido grupo de extremistas miembros de la etnia mapuche que pisotean sagrados valores patrios, como el concepto de nacionalidad, unidad e integridad territorial del país.


La acción de algunos descendientes de pueblos aborígenes de imponer su propia mirada histórica en la Convención Constituyente y el impedimento a tiros a la policía para que ingrese a la comunidad Temucuicui en busca de un narcotraficante y terrorista domiciliado allí, colmaron el límite de tolerancia respecto al tipo de ‘derechos’ que existen en el marco de nuestra institucionalidad.


Cuando, para salvar su pellejo, tras la subversión del 18 de octubre de 2019, el Presidente le entregó la Constitución vigente a la oposición, en el Parlamento se la tuvo que modificar para insertar en ella el nuevo proceso. Por tanto, la de 1980, modificada por Ricardo Lagos sigue rigiendo la institucionalidad del país como hace más de cuatro décadas, y se supone que todos deben respetarla hasta su final…si es que lo llega a tener. Algunos convencionales constituyentes, los extremistas vándalos mezclados en un extraño paté con, al menos, una etnia, desde que asumieron se han dedicado a pasar a llevar la Constitución en regla, llegando al inadmisible e incalificable desaire de una de sus comisiones de eliminar el nombre de ‘República de Chile’, porque ésta “dominó por la fuerza al pueblo mapuche.


Al proclamar, en 1814, la Independencia de Chile, Bernardo O´Higgins sentenció que “a partir de ahora, absolutamente todos quienes habitan este territorio son considerados chilenos por igual”. Fue ése un claro gesto de no segregación a los pueblos aborígenes que poblaban estas tierras al momento del arribo de los conquistadores españoles.


Si bien muchas de esas etnias desaparecieron y otras están en vías de ello, la generalidad optó por mantener sus ancestrales costumbres de vida, pero integrándose a la sociedad chilena naciente. En el caso de los mapuches, la mayoría de su población emigró desde La Araucanía y por siglos son compatriotas iguales que los demás que trabajan en diferentes oficios, habiéndose destacados muchos de ellos en la cultura y las artes. Esta gran comunidad consanguínea llega actualmente a 1,5 millones, de la cual sólo una tercera parte se concentra en La Araucanía y de ésta, un 0,1 se reduce a las comunidades infiltradas por el comunismo, el terrorismo y el narcotrafíco, que son precisamente a las que pertenecen l@s convencionales constituyentes que a gritos y con insolencias, imponen lo que se les viene en ganas.


La abrumadora mayoría de mapuches que habitan La Araucanía sólo quieren trabajar sus tierras en paz y que sus cosechas no sean quemadas por sus hermanos terroristas. Una de estas mujeres agricultoras le solicitó a la presidente de la Convención, Elisa Loncón, que “por favor” deponga su empeño de indulto para terroristas rurales y urbanos, “porque sentimos mucho temor y nos dejan sin sustento”.


Desde 1990 en adelante, tras una desdichada oferta del entonces Presidente Patricio Aylwin, de devolverles masivamente tierras ancestrales a los mapuches, se generó con inusitado incremento un clima de violencia y vandalismo. Un simple derecho a una ordenada reparación, se transformó en un movimiento político impulsado por el socialismo internacional, ONG’s europeas, la ONU, las ex Concertación y ex Nueva Mayoría, y, ahora, de modo casi descabellado, por l@s convencionales constituyentes extremistas.


Todos juntos -dicho así por los dirigentes de la criminal CAM- “combaten” para desterrar desde La Araucanía a las empresas forestales y “recuperar”, a la fuerza, 9 millones de hectáreas. Conseguido ello, pretenden crear un Estado Mapuche soberano, con deslindes territoriales y su propio Congreso Legislativo.


Hierve la sangre de quienes observan que la “lucha” en terreno y política por esos objetivos ha ganado en dimensión, cantidad y criminalidad, como si se tratase de una guerra real, pero en la cual no hay adversarios. Nadie se les opone.

Los terroristas divisionistas de Chile no son buscados y menos exterminados, porque para los Presidentes, el hacerlo es un error estratégico y un atropello a los derechos humanos, en tanto, sin contrapeso, ellos aniquilan, generan caos, provocan éxodos obligados y son responsables de muchas muertes no aclaradas, porque el hacerlo es “incorrectamente político”.


La cobardía del Estado llegó a límites de incredulidad, cuando los comuneros de Temucuicui impidieron a balazos que la policía ingresara a su predio para apresar a un werkén narcotraficante que se declaró en la clandestinidad para huir de la Justicia. El haberse llegado a una situación como ésta, en que un territorio específico es impenetrable “porque no es de Chile”, no admite demoras.


Simultáneamente a ese inconcebible episodio, en la Convención Constitucional, con sede en un símbolo republicano como es el Congreso Nacional en Santiago, se “conmemoró” el primer mes de funcionamiento de dicha instancia con ceremoniales indígenas y banderas que no son las de Chile, la única válida para ser izada en un foro de la institucionalidad y que, se supone, es la cuna de una nueva Constitución que será válida -si es que lo llega a ser- para todos los habitantes por igual. Cada día de sesiones se atropellan y vulneran, de una y otra manera, los sagrados valores patrióticos, supeditándoselos a los intereses de un grupo de presión aislacionista que no supera las 20 personas, y todo ello ante la pasividad del resto de la población que parece importarle un bledo lo grave de la situación.


Tanta indiferencia ciudadana por este nivel de abusos, hace aparecer como “normal” y hasta “correcto” que la Convención se haya transformado en un ceremonial mapuche, hasta imponiendo su lengua. Ruth Hurtado, una ‘huinca’ constituyente –casi equivalente a una extranjera para la rabiosa presidenta- hizo público un reclamo por lo ocurrido en Temucuicui, y de respuesta tuvo que “vamos a seguir hasta el final con el apoyo “a nuestros hermanos” y fue amenazada de ser pasada a la Comisión de Ética por su “imprudencia”.


Es realmente indignante que los chilenos que se dicen amantes de su Patria, y, por tanto, bien nacidos, no atinen a reaccionar frente a tanta arbitrariedad y violación permanente de los valores nacionales.