CADA VEZ MÁS OFF SIDE



VOXPRESS.CL.- “Quien calla, otorga” reza un antiguo proverbio. Apoyándose en él, varias interpretaciones se pueden obtener del período de silencio en que entró el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, después del plebiscito y, muy especialmente, por los efectos que originó en su territorio comunal el amplio triunfo del Rechazo.

Empapado de un barniz que políticamente parece impermeabilizarlo a los remezones, no deja de ser sugerente que en medio del frenesí desatado por las alianzas y desencuentros causados por las nóminas para la Convención Constitucional, nadie, absolutamente nadie, haya considerado, ni en broma, la tesis del edil de que Chile Vamos debe postular a asambleístas de “todos los sectores, e incluso de oposición”, aunque, advierte, “menos comunistas”.

Hasta el momento, el ex sector de Lavín, está maniatado por un nudo que no es ni será fácil de deshacer: integrar a su lista al Partido Republicano. La UDI y un sector de RN son partidarios de ello, en el convencimiento de que mientras más amplias sean las fuerzas anti-izquierdistas, más opciones existen para que la Constitución que se redacte no sea totalitaria.

Sin embargo, el mal ‘fenómeno Desbordes’ –con apoyo presidencial- tiene poco menos que inmovilizado no sólo a RN, sino a sus socios de coalición, en cuanto a avanzar potentemente en una lista tan técnica como probadamente democrática. Hay tres pilares en los que existe coincidencia, libertades individuales, derecho de propiedad y economía abierta, pero en otras áreas hay divergencias, las que en el caso de las propuestas de Lavín llegan a ser ajenas a la centroderecha, como su doctrina de la socialdemocracia.

Lavín reveló públicamente que si Chile Vamos “desecha mi propuesta de un Gobierno de Convivencia Nacional, no seré candidato y me abocaré sólo a la reelección como alcalde de Las Condes”. Su propuesta incluye una eventual integración de la centroizquierda a su también eventual Gobierno, con la marginación, reconocida por él, del PC.

El edil parte de una base errónea, cual es percibir un país distinto al real. Hoy, Chile está más polarizado que nunca y la izquierda, incluso la no tan dura, percibe que

La izquierda, y esto se halla probado históricamente, termina por morderse los labios pero se une ante quien le permita subordinar a la derecha, por asqueroso que le resulte el candidato. Este bloque, hoy succionado por el extremismo ideológico, no tiene la menor disposición de integrarse a una idílica Convivencia Nacional, porque no lo ha hecho nunca, a excepción de un pasajero y pálido intento durante el Gobierno de Ricardo Lagos.

Así el panorama, con una izquierda que no está ‘ni ahí’ con su iniciativa y con una derecha que no se encuentra dispuesta a repetir la desgraciada experiencia actual de compartir con el enemigo partes simétricas de poder, el proyecto de Lavín termina siendo inviable, y con ello, tal como él mismo lo confesara, sus aspiraciones

“Si en mi sector no me pescan, yo feliz sigo como alcalde” le reveló a un panel televisivo, dando casi por hecho su convencimiento de que continuará a la cabeza de la comuna, lo que tampoco se le presenta medianamente fácil.

Al igual que el Presidente de la República y su ministro de Defensa, Joaquín Lavín se marginó del sentimiento colectivo de su propio partido, la UDI, para transformarse en un entusiasta portavoz del Apruebo, situando su campaña en el corazón de su comuna. Sin embargo, en Las Condes, el Rechazo triunfó con un 56% y según los cálculos de…¡Daniel Jadue!, un 10% de votantes de derecha de dicha comuna no concurrió a sufragar por su opción “ante la certeza de que perdería”. Considerando como posiblemente cierta esta opinión, la alternativa elegida por el alcalde fue simplemente vapuleada por sus vecinos, y ello abre más que una interrogante acerca de su reelección en abril próximo.

Al margen de ello, hay que evaluar en su mérito el silencio de Lavín ante el desafío público del candidato derechista a desalojarlo, el ingeniero Gonzalo de la Carrera, un comunicador radial, que creó la ‘Casa del Rechazo’ y que ha desafiado al edil a realizar entre ambos una primaria comunal, obteniendo como respuesta la mudez.

Si bien en las encuestas de ‘presidenciables’ sigue figurando, Lavín dejó de correr solo, como lo hizo por largo tiempo, y, progresivamente, ha ido perdiendo puntos.

En Chile Vamos, del único precandidato que se habla es de Mario Desbordes, quien se auto proclamó tener las condiciones y los méritos para serlo, pero es demasiado evidente que es sólo sostenido por una minoría de RN, ya que, al menos la UDI y EVOPOLI continúan teniendo sus propias cartas. En el seno del oficialismo resulta dramático comprobar que a Lavín prácticamente no se le considera y ni siquiera se le nombra, y ello por un hecho irrefutable: su utópico proyecto para un Chile polarizado resulta absolutamente ajeno al interés de la derecha, una derecha ganadora en las elecciones, pero atomizada en el Ejecutivo.

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