BACHELET ESTÁ AQUÍ


VOXPRESS-CL.- Es ineludible hacer una breve reseña antes de adentrarse en detalles acerca de esta militante del PS, quien, empujada por su gran amiga, madrina política y ex jefa Michelle Bachelet, irrumpió no sólo en la precandidatura presidencial de su partido, sino en el de toda la izquierda, dadas sus características y, de algún modo, su oportunista pensamiento de socialdemócrata, enmascarando su conocido, y duro, socialismo ortodoxo.

Se trata de Paula Narváez Ojeda (49), quien le comunicó al presidente del PS la oficialización de su candidatura para competir en “cualquier tipo de primaria presidencial”.


Con ello, puso fin al enigma en torno a quién será el rival de los postulantes PPD, DC y PR en el marco del bloque ex concertacionista. Al consumarse la división de la izquierda -el PC/FA por su lado-, se terminó el entusiasmo por competir de Carlos Montes y José Miguel Insulza y quedó como único interesado Álvaro Elizalde, pero con la más absoluta convicción de que iría al sacrificio.


En momentos en que, incluso, el socialismo dudaba acaso llevar aspirante a la primaria, surgió, desde Ginebra, la ex Presidenta Michelle Bachelet para leer una carta de un grupo de mujeres militantes, pidiendo que la postulante socialista a La Moneda fuese Narváez.


A excepción de un breve paso por la Fundación ‘Dialoga’ creada por Bachelet, todo el resto de su vida política la ha hecho en la administración pública y la mitad de ella en cargos territoriales en Los Lagos. Nació en Osorno, pero su niñez y adolescencia las pasó en Puerto Montt, donde curso Básica y Media en el colegio de las monjas de la Inmaculada Concepción. Después viajó a Santiago para estudiar y titularse de psicóloga en la Universidad Andrés Bello. Su religión es el budismo.


En el primer Gobierno de Bachelet fue su Jefa de Gabinete y en el segundo, su ministra vocera, donde se ganó fama de dureza y de inflexibilidad, superando, por lejos, al ‘cara de palo’ Francisco Vidal. Éste igual mentía, pero jamás, como ella, trató en forma insolente al periodismo.


Siempre vinculada al tema de las mujeres en política, Bachelet le consiguió una pasantía en la ONU cuando fue Secretaria General de la Mujer, y concluido su segundo mandato, el 2018, y nombrada Alta Comisionada ‘apitutó’ a Narváez en la Agencia para las Mujeres en Política para Latinoamérica y el Caribe, el que desempeñó a distancia, desde Puerto Montt, hasta que su amiga y ex jefa le pidió que fuera precandidata. “Nunca más el socialismo puede dejar de tener representación en una presidencial” le dijo, en alusión a las elecciones del 2017, cuando el PC obligó a Elizalde a cancelar sus primarias internas para apoyar a Alejandro Guillier.


Al margen de su prepotencia en su función de vocera, el consciente colectivo la recuerda por su estrepitoso fracaso como Delegada Presidencial (2008) para el desplazamiento de los habitantes de Chaitén, afectados por el estallido del volcán del mismo nombre, hacia Llanquihue. El traslado humano no le resultó, los vecinos la expulsaron a gritos y el pueblo continúa estando en el mismo lugar: con el macizo a la vista.


¿Qué de particular puede tener Narváez para transformar en éxito su imprevista irrupción? Lo primero es que se trata de una bacheletista incondicional, y hasta que la ex Presidenta aseguró públicamente que no sería candidata este año, la gente la seguía mencionando como su predilecta en las encuestas; y, lo segundo, es que se trata de una feminista a ultranza, lo que la hace estar en sintonía con el fenómeno que hoy ‘la lleva’ en el país, en la política…y, fundamentalmente, en el arisco Frente Amplio: a nadie debería extrañarle que el socialismo termine apoyando a Karina Oliva (Comunes/FA) en lugar de Claudio Orrego para la elección de Gobernador metropolitano del 11 de abril.


Luego de oficializar su precandidatura por el PS, Narváez planteó que la pandemia resultó útil para demostrar que las mejores respuestas a este gigantesco desafío los ofrecieron, en el mundo, “la socialdemocracia y el socialismo”. Ante el estupor general por dichas expresiones, explicó: “en el mundo, no solamente en el caso de Chile, el progresismo y la izquierda han sido cuestionadas por no dar respuestas a las necesidades que la sociedad actual tiene. Sin embargo, esta pandemia demostró que el ideario de la izquierda, de la socialdemocracia y del socialismo democrático(?) es fundamental para que nuestras sociedades puedan prosperar y desarrollarse… Aquellos Estados que respondieron mejor son los que están anclados a los principios de la socialdemocracia, y, por lo mismo, es tan relevante que nuestros principios puedan gobernar, porque traen mejor calidad de vida y bienestar a las personas. Le hacemos bien a Chile y el hacer bien a Chile tiene que ver con revisar aquellas cosas que no se han hecho. Yo no digo que todo sea perfecto, pero sí creo que hay una historia que nos da la razón para afirmar por qué la izquierda es una alternativa real de Gobierno y de gobernabilidad muy importante para el país”.


Con idénticos síntomas a los de los políticos de izquierda, Narváez no vacila en mentir al atribuirle al socialismo ortodoxo, como el suyo, características de socialdemocracia, en un torpe guiño, se supone, al sector PPD de Heraldo Muñoz y a la DC; no explica en qué dictadura socialista hay democracia, al referirse al “socialismo democrático”: no da cuenta de algún registro sobre la “demanda histórica” de Chile por otro Gobierno socialista, asegurando que dicho modelo “traerá una mejor calidad de vida”.


Si bien son muchos los cándidos y pánfilos que siguen creyendo en cantos de sirenas, es digno de esperar que una mayoría de chilenos no cree en “la mejor calidad de vida” de pueblos como el soviético, el alemán oriental, el norcoreano, el cubano, el nicaragüense o el venezolano. No fue una buena idea de Narváez partir su campaña con una falsedad casi infantil.


Claramente, el polo opuesto PC/FA desprecia cualquier asomo de socialdemocracia, ante lo cual la carta del PS recurre al discurso del diálogo y de los acuerdos el mismo que hizo imposible la unidad de la izquierda. Dice: “creo que nos podemos poner de acuerdo, a pesar de que tenemos énfasis distintos en algunos aspectos. Tengo la impresión de que vamos a estar todos bajo este arco de aquéllos que creemos en más garantías de derechos sociales para todos y todas y que queden plasmadas en la nueva Constitución. Siento que en eso, el amplio espectro de la izquierda y de la centroizquierda alcanza a todos quienes se identifican con ese proyecto. Puede haber visiones distintas, pero yo sigo sintiendo, y pensando, que con diálogo y con conversación y con acuerdos, podemos entregarle a Chile la mejor opción”.


Si se pone atención a la última parte de sus expresiones, la óptica de Paula Narváez está puesta en el desenlace de los procesos electorales que se vienen. Confía, dice, que, a la postre, “nos pondremos todos bajo el mismo arco”, en alusión a la solidaridad histórica de la izquierda a la hora de derrotar a la centroderecha: siempre termina unificada, y ello, lastimosamente, al revés de la centroderecha.


Su discurso de precandidata no tiene más peso ni es más liviano que el de todos los que se escuchan en cualquier sector de la izquierda. Es el mismo plagado de falsedades e interpretaciones antojadizas destinadas al engatusamiento de la ciudadanía.


En lo personal, ella sí tiene un hándicap respecto a los otros precandidatos de su sector: es ahijada política de quien, permanentemente, ha recibido un sentimiento especial de parte de la población. Es ese “sentimiento ciudadano” –como dice Narváez- lo único que le da un plus en esta carrera que recién se inicia. Es tan fuerte la incidencia de la ex Presidenta en su imagen, que, de la noche a la mañana, sin que nadie la conociera ni menos recordara, pasó a tener -qué milagro- un 30% de adhesión popular en las encuestas…


El resto, es puro verso y una mentira más por años escuchada, pero que, por ser unánime en la izquierda, hasta puede terminar en unidad.


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