APENAS UN ECLIPSE DE VERANO



VOXPRESS.CL.- Si un sello diferenciador tiene la politiquería de la política -ésta, una ciencia- es su tremenda capacidad de engaño y, simultáneamente, de autoengaño de la población. Este fenómeno, al menos como lo conocemos en Chile, se ha ido acrecentando, al mismo ritmo de la degradación intelectual de la comunidad y, fundamentalmente, por el gran desconocimiento de toda índole que, por estos días, campea en nuestra sociedad.


En uno de los videos de la edición pasada de VOXPRESS.CL aludimos a esta deplorable realidad, al consignar una encuesta televisiva callejera: ninguno de los consultados sabía que en este 2022 está prevista una nueva elección, ahora de carácter obligatorio, que corresponde al plebiscito de salida, esto es, el pronunciamiento de la ciudadanía para aprobar -lo más seguro- o rechazar la nueva Carta Fundamental que será propuesta por la Convención Constitucional.


Espanta comprobar la abundancia de compatriotas, con sus respectivos derechos ciudadanos, que desconocen la realización de un acto electoral, y más grave aún, la consiguiente existencia de una asamblea que, ni más ni menos, se aboca a redactar lo que será la guía institucional para sus vidas.


Este ejemplo grafica la realidad de fantasía que vive gran parte de la población, convencida de que “no pasará nada excepcional” con el advenimiento de la extrema izquierda. Se respira, y se huele, un clima hasta de simpatía hacia el Presidente electo, como si con blancas alitas haya caído del cielo; se advierte, incluso, una especie de convicción de que él nada hará en cuanto a contravenciones a la institucionalidad y a la armonía de la comunidad.


Amparándose en la ignorancia generalizada que acompaña en sus vidas a generaciones a las que no les importa nada y lo quieren todo gratis -ojalá sin moverse-, se ha ido reforzando en el ambiente la creencia de que el país logrará la igualdad en todos los aspectos de la sociedad sólo porque alguien lo dijo en un discurso y que las facetas de disparidad se esfumarán por arte de magia con la generosa voluntad de la Convención.


Sin embargo, los hechos, ésos ignorados o no tomados en cuenta por la gente, dicen otra cosa. El nivel de conflictividad crece sin parar, y nadie se está entendiendo con el del lado. Prueba de ello fue el escandaloso y farandulero proceso de renovación de directiva de los convencionales constituyentes. Las escasas luces de una mayoría de delegados provenientes de las barricadas, originaron un espectáculo grotesco, de muchas horas y nueve votaciones, que ellos llamaron “reality de la democracia, porque todo lo hicimos de cara al público sin reuniones secretas ni cocimientos previos”. Ese papelón lo consideraron como algo ejemplar.


Lo aseguraron con un desparpajo que refuerza el proverbio de que “la audacia es el patrimonio de los ignorantes”.


Ello nunca fue así. Desde antes de las elecciones de la directiva de la Convención, se convino, entre el Frente Amplio y el PS, que la nueva presidenta sería Ramona Reyes y la secundaría Beatriz Sánchez, pero todo se les desarmó, tras la segunda votación, cuando se conoció que la primera de ellas había tenido decenas de solicitudes de destitución como (ex) alcaldesa de Paillaco y que todavía está siendo investigada por la Contraloría. A propósito, aún sigue recibiendo su dieta el estafador Mauricio Rojas Vade, un “primera línea” que hizo desaparecer los millones recaudados gracias a un cáncer inexistente y que debe $ 250 millones a un banco.


La Convención, con 117 delegados de izquierda de un total de 154, no pudo ponerse de acuerdo y el desfile de postulantes variopintos retrató de cuerpo entero las notables diferencias, hasta personales, que distancian las relaciones de la multicolor montonera que dominará el poder a partir de marzo.


“Se jodió Chile” fue la espontánea y sincera exclamación de la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, al conocer las primeras -sólo las primeras- nefastas consecuencias de la revuelta extremista de octubre de 2019. Y eso es realmente lo que ha ocurrido, y no sólo por la increíble elección popular de “distinguidísimos ciudadanos” para la Convención, sino porque, en su seno y a los gritos, siguen exigiendo que se indulte o libere a los “presos políticos”. Son los mismos que se tomaron la sede del INDH y de los cobardes incapaces de desalojarlos; son los mismos que invadieron una cancha de fútbol para golpear a los jugadores de los cuales, se supone, son sus hinchas; son los mismos que se suman al trabajo fácil y rentable del narcotráfico; son los mismos que priorizan los asaltos callejeros por sobre asistir a clases; son los mismos que no se vacunan porque les van a inocular un chip espía; son los mismos que no utilizan mascarillas en los apretujados aforos de las playas; son los mismos que le torcieron la mano al Registro Civil para votar fuera de hora; son los mismos que tapizan las veredas con su mercadería ilegal y son los mismos que fabrican y acopian bombas Molotov para utilizarlas en sus habituales jornadas de alteración al orden público

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La ceguera de quienes no quieren ver, por una parte, y la indiferencia generalizada de la población, por otra, distorsionan la realidad y esconden que Chile se halla sobre un polvorín. El engatusar a la gente es la causa de este eclipse de verano en que figuras, acciones y palabras engañosas de la izquierda tienden sombras sobre las amenazas que están muy encima y muy cerca de la gente, especialmente de aquella que no piensa y no quiere ver.


Pruebas al canto.


Una tradicional encuesta de la Pontificia Universidad Católica, hecha a fines del año pasado, reveló lo que le espera a Chile: una sociedad con conflictos clásicos y emergentes entre distintos grupos. Uno de los resultados de la medición destacó la percepción de que la meta de la reconciliación entre los chilenos está cada vez más lejos.

Ante la pregunta de “si en un plazo de 10 años se habrá alcanzado ciertas metas o se habrá retrocedido o seguido igual, en ser "un país en armonía", solo un 27% apuntó a que se avanzará. En la encuesta de 2019, realizada un año después de la subversión, un 34% creía en un reencuentro de los grupos sociales. Más relevante todavía, decreció, también, el número de quienes, en esa fecha, toleraron el uso de la fuerza para disuadir la violencia pública.


Un dato esclarecedor de este oscuro panorama es que la consulta ciudadana se hizo exclusivamente en las comunas populares del Gran Santiago y sólo entre personas entre 18 y 30 años.


La conflictividad social y la violencia política sólo están de vacaciones, aunque con excepciones. Los enfrentamientos entre el Gobierno saliente y el entrante por el “impuesto a los ricos” y por la licitación del litio y los ataques entre correligionario de la Convención, demuestran que la conflictividad está vivita. Lo que se pretende esconder para engatusar a la población es un eclipse artificial de un falso carisma que quiere irradiar el Presidente electo.


Pero su sector, sin que muchos se den cuenta, sólo le está echando carbón al fuego que comenzará a arder a partir de marzo.