ALCALDES, A TRAZAR


VOXPRESS.CL.- Salsipuedes es una localidad rural ubicada en el límite sur de la Región de O'Higgins, y su exótico nombre -que le ha dado connotación internacional por su rareza- se originó por la división de una antigua encomienda colonial que incluía a varios pueblitos vecinos, entre ellos, Corcolén y Panquehue.


Su nombre alude a que, para acceder al poblado atravesando el río Claro, solo se contaba con una pasarela peatonal, por lo que resultaba imposible el tránsito de vehículos motorizados. ​


Salsipuedes grafica, por su nombre, el embrollo en que se haya metido el MINSAL, su Comité de Crisis y su Consejo Asesor por no estar, siquiera, cerca de un intento por amortiguar la tragedia nacional que ha originado el virus chino, más que por sus infectados y fallecidos, por los irreparables efectos de todo tipo que le ha originado a la población en cuanto a deterioros psíquicos, emocionales y pérdidas de trabajo y de bienes.


Desde el principio de la epidemia, ha resultado todo un rompecabezas dar con una acción que, equilibradamente, compense, por una parte, los efectos sanitarios del virus, y, por la otra, impida la caída libres hacia la nada de millones de chilenos incapaces de autofinanciarse.


La autoridad sanitaria, decididamente, en lugar de haber avanzado en el aprendizaje por el tiempo transcurrido, parece más atrapada por las dudas, las vacilaciones y las contradicciones. Ello gracias a que, ahora, entró en escena el factor político por la víspera de las elecciones. De una plumada, se desechó el anuncio de que “nunca más se someterá a una Región completa a una cuarentena” y que si tenía que ocurrir: sólo sería por comunas.


Al confinar a toda una Región, como en el caso de la Metropolitana, se evita la odiosamente explotada confrontación entre “ricas” y “pobres”, por encima de la abismante diferencia en los índices de contaminaciones.

Últimamente, las contradicciones de la autoridad abundan, y ello lo refleja en cada aparición del ministro de Salud con sus incontrolables carrasperas, y, también lo deja en evidencia el que se continúa “experimentando” con medidas que más que aclarar, confunden, como ocurrió con las limitaciones a ventas online, cuyo tiempo en ejecución debió ser rápidamente acortado.


Sólo después de un año de peste se iniciaron las fiscalizaciones de verdad y ahora, en una discreta ‘asamblea’ a través de Zoom con los alcaldes metropolitanos, la autoridad sanitaria los puso contra la pared para que fueran sus municipios los que lideren los controles de trazabilidad, conscientes todos de que estas entidades se hallan, casi todas, con cuentas rojas: recién con el pago de permisos de circulación les cayó dinero fresco para responder a la infinidad de demandas de sus habitantes, en su mayoría precavidos y cuidadosos de su salud. Resulta hasta un poco ridículo que mientras la inseguridad ciudadana se toma las calles y los vecinos claman por tranquilidad y por un trabajo para paliar o salir de la crisis, Salud les pide que se dediquen a los testeos para combatir el virus.


Eso es desconocer las paupérrimas realidades de la salud primaria municipal.

Dicha asamblea virtual de jefes comunales fue organizada por la Subsecretaría de Salud Pública. Asistieron un poco más de 30 alcaldes o, en su representación, directores de salud de los municipios. Si bien la invitación para conversar con la doctora Paula Paula Daza no tenía un tema específico, la mayoría de los presentes captó al instante que trataba de la trazabilidad. La OMS considera el ideal 4,5 personas aisladas, en promedio, por cada infectado.


A nivel país, es la Metropolitana la que presenta los peores índices de localización de contactos estrechos. Según el último informe sobre la estrategia de testeo, sigue posicionándose como la Región que menos traza, con apenas dos contactos investigados por cada caso.

En contraste, la Región de Coquimbo llega a 3,9 casos por cada infectado. Con todo, los resultados dentro de la Metropolitana son muy dispares. Tiltil, por ejemplo, identifica menos de un contacto por caso (0,4) y Providencia se acerca al estándar de la OMS, con 4,2, sin embargo el puerto de la Cuarta Región, en premio, salió de la cuarentena, teniendo menos trazabilidad que la comuna capitalina, pero ésta, no: sigue confinada.


Los asistentes a la reunión revelaron que, al menos en la Región Metropolitana, el grueso de la estrategia de trazabilidad seguirá en manos de los municipios.


La función principal de los municipios es la “administración local de la comuna, y como órgano de la administración de Estado, tiene sus funciones determinadas expresamente en la ley”. Ésta, que es una definición oficial, deja en claro que no es función suya sustituir un rol propio e inherente a la autoridad central de Salud.


Son conocidas las precariedades de muchos de sus servicios, entre ellos, los de Salud, que no disponen del personal suficiente para realizar a cabalidad ese tipo de trabajo, tan demandante como urgente.


Se le está transmitiendo a la opinión pública la sensación de que es la falta de testeos y trazabilidad (seguimientos) la causa de la incontrolable propagación del virus. No obstante, se dan señales contradictorias que nadie explica, como el caso de Renca, una de las comunas con más altos índices de contagios, casi con record de restricciones, y resulta que su alcalde ideó su propio sistema de monitoreo. Fue felicitado por ello, pero continúa con índices altísimos de infectados.


Lo inaudito de esta situación es que el alcalde Claudio Castro reveló su propia receta para trazar, y ella resulta un ejemplo de lo que debió hacer, hace meses, la autoridad sanitaria gubernamental: “un equipo propio de 80 personas, con funciones externos a los equipos de la atención primaria, y con un software propio. Incluso, incorporamos tecnología de inteligencia artificial que hace una serie de preguntas que permiten identificar con la respuesta o con el tono de voz si han tenido algún tipo de evolución negativa. Si es así, pasan al siguiente nivel, donde comienzan a tener seguimiento por parte de nuestro equipo”.


Genial la iniciativa u digna de ser imitada por el SEREMI de Salud, pero con el serio problema de la disposición del personal municipal, pues muchas, por su tamaño, no pueden distraer personal en otras tareas que no sean las propias. Un dato explica lo complejo del proceso: sólo una entrevista a un contagiado toma 40 o más minutos, lo que revela la súper demanda de personal y de tiempo.


El otro ‘detalle’ es que el sistema –según el jefe comunal de Renca- tiene un costo anual de $ 708 millones, fondos que en su mayoría los tienen destinados a la prevención del delito en sus calles. Para peor, el edil Castro informó que el MINSAL sólo le aportó $ 400 millones. Así y todo, en el último reporte, Renca figuró con 2,6 contactos estrechos identificados por caso, un 50% menos que Providencia.


Desde la Subsecretaría de Salud Pública también se recalcó que la investigación epidemiológica debe ser “más acuciosa”, pues el promedio de habitantes por hogar a nivel país es de tres, y muchas veces las personas solo declaran a un contacto estrecho.


Los ediles replicaron que para materializar ello precisan más personal -hoy, destinado a vacunación o con estrés- y recursos, frente a lo cual denunciaron que Salud les comprometió una transferencia de $ 7 mil millones de refuerzo al proceso, pero todavía no llegan.


Para el alcalde de Paine, Diego Vergara -comuna que registra solo 1,7 contactos estrechos-, la reunión “fue principalmente para dejar en evidencia a municipios que lo hacen bien y para que el resto tomen nota, lo que no se entiende conociéndose las grandes diferencias de extensión y población”.


En definitiva, la autoridad sanitaria terminó anotándose un poroto en dicho encuentro con los alcaldes metropolitanos, porque como siguen siendo ellos los responsables de los testeos y la trazabilidad, el que éstos estén lejos -en algunos casos, lejísimo- del promedio base exigido por la OMS, le permitirá a Salud, en este caso específico, seguir sacando las castañas con las manos del gato.


Para cualquier reclamo, diríjase allá, a los municipios.