AL FIN, PROFESORES POR VOCACIÓN


VOXPRESS.CL.- Las entonces escuelitas primarias del Chile austero y pueblerino, muy básico pero sin barricadas ni violencia de la década del 50, tenían, todas, un escudo en sus fachadas, y contaban con amplias y algo sombrías salas para albergar a bulliciosos niños de la pobreza de aquellos tiempos, una visible pobreza urbana, pero digna y respetuosa de una sociedad distante. Muchos de ellos, en el día a día, nos recordaban la meridiana realidad narrada por Gabriela Mistral en sus “piececitos azulosos de frío”.

Frente a estos mocosos parlanchines y alegres, auténticas maestras y maestros acuñados en el crisol de las Escuelas Normal de antaño, les transmitían sus propias sabidurías con paciencia y cariño y les enseñaban con paciencia las normas básicas de urbanidad. Millares de ellos son, hoy, octogenarios que vivieron una vida provechosa, honesta y dura, pero sin Molotov.

Estos recuerdos se vienen a la memoria gracias a la gran, y esperanzadora, idea de un importante número de profesores no ideologizados y con exclusivo acento en su vocación por la enseñanza, de formar un ente gremial paralelo, y muy distinto, al satánico Colegio de Profesores.

Se trata de una asociación gremial de docentes de todas las Regiones del país, exclusivamente en favor de brindar una enseñanza de real calidad y que ponga el acento en el aprendizaje por parte de los alumnos. Todos ellos carecen de militancia política, no saben de marchas ni protestas, y se hallan dispuestos a ser evaluados. No quieren al MINEDUC en la vereda de enfrente, sino en la misma, y guardan la remota ilusión de ser escuchados por la revolucionaria Convención Constituyente, lo que, de ser posible, sería toda una hazaña.

Agobiado y molesto por la política negativa del Colegio de Profesores de retomar las clases presenciales, en julio de este año, el profesor de historia y geografía, José Luis Velasco, a través de un solitario tuit en que revelaba su incomodidad, logró en pocas horas congrega, vía internet, a más de 60 docentes para conformar la Asociación de Educadores de Chile (ASEDUCH). La denominación lo dice todo: ¡educadores!

Coincidentemente, en esa misma fecha, una alumna de un liceo de Tomé denunció a su profesor de historia por afirmar que la violencia callejera es justificable.

El 27 de julio, Velasco publicó a través de su cuenta de twitter lo siguiente: “soy profesor y trabajo como tal, pero no estoy en el Colegio de Profesores porque nunca me ha representado, como a la mayoría de mis colegas. ¿Les tinca que armemos otra asociación gremial de profesores/as que se preocupe de las cosas importantes y sea un aporte a la educación y a la sociedad?”.

En sólo horas, el tuit recibió 7 mil “me gusta” y más de 2.400 reposteos. Dada esta reacción, Velasco convocó a un encuentro virtual para abordar la idea. Para fines de año, no sólo él, sino los ahora miembros de la ASEDUCH proyectan tener 2.700 afiliados.

La iniciativa, como era de suponer, no ha sido considerada como “interesante” por los medios de comunicación y el propio Colegio de Profesores ya dio los primeros pasos para urdir una estrategia que frente este organismo gremial docente apolítico. Esta añosa entidad, dirigida largamente por radicales y democratacristianos, está hoy, sin contrapesos, en manos del Frente Amplio y de los comunistas.

Son antiguas las disputas políticas por controlar al magisterio, pero nunca se había conocido una renuencia extrema por no asistir a clases presenciales como ahora por órdenes de su actual directiva. Cuando, finalmente, fue superada su excusa de la pandemia, la Orden exigió la vacunación privilegiada de la masa docente, pero no conforme con ello condicionó su asistencia al trabajo a la sanitización del Metro y del TranSantiago y. luego, a la inoculación de todos los alumnos para rematar su negativa por oponerse a una “evaluación voluntaria” de la calidad docente.

Miles de profesores clamaron por el retorno a las aulas, en especial quienes están a cargo de menores, y ello por el nulo control de éstos en el modo online; en tanto, otros se sentían estériles en su labor ante la falta de acceso a la tecnología de sus pupilos, en especial los rurales. Como guinda de la torta, el Colegio exigió que “volveremos sólo cuando cada niño tenga su propio computador”.

Nadie puede negar que trabajar desde la casa es muchísimo más cómodo, relajado e informal que hacerlo en el recinto donde se presta el servicio. Pero en el ámbito de la educación, el sistema a distancia “recién podría ser aplicable desde el 2030 en adelante”, como lo aseguraron investigadores de la Universidad Católica. Independiente del gusto de vivir el día en pijama o sin la necesidad de mudarse el vestuario, lo que todo docente debe priorizar es la calidad de la enseñanza que imparte. Desde la cama o desde la mesa del comedor de una vivienda, ello es imposible.

La ASODUCH promete la prescindencia ideológica, que viene a ser algo así como el oro perdido de la educación chilena. Cuando en la década de los 60, el Instituto Pedagógico fue infiltrado por el marxismo, se inició el camino al precipicio de la convivencia social, porque los futuros profesores adoctrinados se encargaron, a su vez, de adoctrinar a sus alumnos, y las consecuencias actuales están muy a la vista: generaciones completas sin una mínima base de conocimientos, más bien ignorantes, son las primeras en incumplir las normas que rigen a la sociedad.

Aunque, por cierto, no el único, gran responsable de la crisis política que vive hoy el país, es el profesorado, y en particular los afiliados al Colegio de la Orden, cuyo norte, desde hace mucho, no ha sido el de enseñar, educar y formar, sino sólo el de captar adeptos ideológicos para una causa política más que conocida.

Gracias a la iluminación de un docente decente, se ha formado una agrupación gremial de profesores que parecen caídos del cielo o provenientes de otro planeta: sólo aspiran a brindar una buena transmisión de conocimientos y competencias a sus alumnos, privilegiándolos a ellos por sobre cualquier otro interés. Eso se llama vocación.