AHORROS BAJO AMENAZA


VOXPRESS.CL.- Aunque todos se proclamaron victoriosos, hasta los cotizantes que podrán materializar un segundo retiro de un 10% desde sus ahorros previsionales, no quedaron satisfechos. Al revés de la ocasión anterior, ahora deberán cancelar impuestos, los que se calculan en $40 mil por cada millón.


La idea de los legisladores fue que la fecha del retiro permitiera a la gente enfrentar sus gastos por Navidad, pero de frentón ésa nunca ha sido su preocupación. Esta política de ‘desabastecer’ a las AFP´s dejó de ser un auxilio, como se proyectó en el primer retiro, y ahora quienes pueden hacerlo, apuntan en otra dirección.


Decimos que nadie puede sentirse triunfante en esta nueva pulseada que obliga a las AFP’s, por segunda ocasión en poco tiempo, a achicar sus fondos acumulados y que, al invertirlos, les reditan millonarias utilidades a sus controladores.

Cuando, como por un tubo, el Legislativo aprobó el primer retiro del 10%, quedó escrito, y en actas, que sería “por única vez”. Como los parlamentarios acostumbran a borrar con el codo lo que escriben con la mano, terminó cumpliéndose la amenaza de que habría un segundo, pero, éste, con un contrasentido casi humorístico. Resulta que compitieron dos proyectos, uno de la humanista ex PC, Pamela Jiles, y otro del Gobierno, presentado de urgencia luego de denunciar el otro ante el Tribunal Constitucional. Alertado de que su popularidad caería aún más si se jugaba en defensa sólo de las AFP’s, el Presidente ordenó a Hacienda redactar rápidamente uno propio, pero con un buen número de restricciones.



Con ello, tanto el oficialismo y la oposición terminaron apretándose los dedos, porque la iniciativa de La Moneda, excepto en el ítem pago de impuestos, fue aprobada como tabla por la oposición, pero una vez que, a punta de indicaciones, la dejaran prácticamente igual a la de Jiles. Así, nadie pudo atribuirse una victoria: la oposición se quejó de que debió aprobarlo a la fuerza, “sólo para No perjudicar a la gente”, y el Gobierno vio con espanto cómo un cúmulo de sus indicaciones, “para proteger el ahorro y la caja fiscal”, quedaron en nada.


La Moneda, y con suerte, sólo logró salvar la obligatoriedad del pago de impuestos para paliar la flacura del erario nacional. Desesperado porque en el primer retiro nadie tributó un solo peso, el ministro de Hacienda intentó recuperar ese monto impositivo con posterioridad, pero lo pillaron. Cuando averiguaba las identidades de quienes sacaron fondos para que el SII les hiciera el cobro, fue sorprendido, y se excusó, argumentando que se hallaba sólo tras datos estadísticos.


Para el primer retiro, el gran justificativo opositor fue “el hambre de los chilenos”, y en esta oportunidad, el pretexto resultó ser que “la crisis económica sigue golpeando duro a la gente”. En ambos casos, las razones fueron falaces, porque, así como los hambrientos no tienen dinero para comer, menos disponen de él para ahorrar en inimaginables cuentas de ahorro previsionales, los que procederán, ahora, a un segundo retiro no son ciudadanos en crisis, ya que, por hacerse de una buena remesa de dinero fresco, pagarán sin chistar sus respectivos impuestos.


Por ley, las pensiones, al igual que las remuneraciones de una persona trabajadora activa, están afectas al impuesto único de segunda categoría. Sólo quedan exentas aquellas cuya remuneración no excede las 13,5 UTM mensuales ($440.000). En un “gran esfuerzo para la caja fiscal”, el ministro Ignacio Briones estableció en si proyecto que quedan libres de carga impositiva quienes perciben un salario menor a $700.000, pero la oposición subió al doble el límite para el no pago de tributos.


Este extraño escenario, más que económico, tiene un fondo político. Resulta evidente que quienes pueden acceder a un segundo retiro no son ciudadanos urgidos de vida o muerte a causa de la crisis originada por la peste, y eso refuerza el concepto de que la realidad de la gente enfrentada a sus propios ahorros, tiene otros componentes más que la simple acumulación de fondos para la jubilación.


Como algunas voces de la oposición hablan ya de un tercer retiro, el Presidente de la República, por enésima vez, salió a explicar que su proyecto de reforma previsional se encuentra estancado en el Congreso, pese a que en él se establecen varias figuras para mejorar el promedio (miserable) de pensiones y mecanismos para aumentar, en el acto, los montos de las jubilaciones de la tercera y cuarta edad.


Ocurre que esta reforma previsional permanentemente en carpeta parecía uno de los temas más sensibles para el oficialismo y para la izquierda, por ser el tablero de ajedrez perfecto para jugar al cambio de modelo socioeconómico. Pero, con la hoja en blanco de una nueva Constitución, la estrategia cambió de escenario y, naturalmente, lo social y, por ende, lo previsional, será el corazón del texto que discutirán los convencionales constituyentes.


En todos los bosquejos de la izquierda para esa hoja en blanco que se empezará a llenar el 2021, las AFP’s no figuran.

Es aquí donde nace el interés de los afiliados por retirar ya mismo sus fondos en lugar de cautelarlos para los años venideros. Por una parte, la población cotizante hace prevalecer su día a día por sobre su futuro, y no son pocos los que, gracias a una tendencia en aumento, se animan a aventurar en pequeños o grandes emprendimientos que les permitan mejorar su bienestar y, con ello, sus ingresos y sus ahorros personales, pero éstos puestos en manos de entes financieros que les den más rentabilidades y, sobre todo, más tranquilidades.


Hoy, el futuro de las administradoras de fondos de pensiones constituyen todo un enigma, por tratarse de un viejo y ansiado botín de guerra para la izquierda. Durante el Gobierno socialista de Michelle Bachelet hubo un intento, revelado por un ex ministro concertacionista, de echar manos a los fondos acumulados, utilizarlos y devolverlos “en un plazo hasta 2030”. Al iniciarse la administración de Chile Vamos, la oposición mayoritaria parlamentaria alcanzó a debatir la idea de “nacionalizar” los ahorros acumulados en las administradoras.


Los cotizantes viven sumidos en la incertidumbre acerca de qué pasará -y en cualquier momento- con sus fondos acumulados. El punto es que, así como se ‘interviene’ a cada rato la Constitución, de la noche a la mañana la mayoría izquierdista puede aprobar una expropiación, al estilo de las muchas ocurridas en los mil días de Salvador Allende.

Ésta es la razón por la cual el interés de retirar los fondos de pensiones es tan contundente y el por qué hay quienes, judicialmente, han exigido que las AFP’s les restituyan el total de sus ahorros. Por varios casos ya fallados, incluso el Tribunal Constitucional (TC) dejó de ser un férreo garante de una Constitución, dicho sea de paso, alterada, ignorada y hasta pisoteada.


La incertidumbre sobre el futuro institucional y democrático de Chile es tremenda, y ello no sólo por las elecciones de noviembre de 2021, sino, fundamentalmente, por la elaboración de una nueva Constitución hecha “por el pueblo”. Nadie, absolutamente nadie, puede apostar a la tranquilidad de su futuro y a la intocabilidad de sus bienes.


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