ABORTISMO DEPORTIVO


VOXPRESS.CL.- Se ha vuelto a levantar (en Chile) la antigua polémica por la despenalización del aborto, popularmente conocido como aborto libre o por deporte. La interrupción del embarazo por tres causales es ley desde el Gobierno de la socialista Michelle Bachelet, cumpliendo un compromiso de su parte con las mujeres. No obstante ello, antes de dejar su cargo en marzo de 2018, reveló que si algo sentía como “pendiente” en su mandato fue el no haber dejado oficializado el aborto libre, “por tratarse de un derecho humano”.


Lo ocurrido hace poco en Argentina, donde el Senado dio luz verde a su despenalización propuesta por el Presidente Alberto Fernández, entusiasmó y envalentonó a las miles de feministas de los pañuelos verdes de Chile a exigir que acá se hiciera algo similar, presión que fue de inmediato recogida por la izquierda, la que, de inmediato, dio vida a un proyecto para quitar la vida a los que están por nacer.


Cual transmisión del virus chino, la fiebre del abortismo en Argentina llegó a Chile, y las libertinas de nuestro país, entre las que se incluye a una recién proclamada precandidata presidencial, se entusiasmaron con una ley en ese sentido.


En la actualidad, las mujeres embarazadas que se arrepienten de ser madres, están protegidas para interrumpirlo, argumentando una (supuesta) violación. Este tipo de justificativo o excusa no suele el caso tradicional y clásico de una agresión forzada y violenta sin el consentimiento de la víctima.


Esta causal, enmascarada por el argumento de la denuncia de violación, se da mayoritariamente en adolescentes, y la estadística enmarca entre los 13 y 15 años el promedio de adolescentes que recurren a los servicios de salud, tras argumentar que fueron violadas, sin mediar una investigación policial que acredite tan, supuesto, brutal ataque.


De hecho, el aborto está legitimado en el país con esta ley de tres causales, sólo que la interrupción del embarazo implica, en la mayoría de los casos, un engaño. La mujer realmente ultrajada, y con constancia policial, es conducida al IML más próximo para una exhaustiva evaluación de las evidencias y el consecuente procedimiento para evitar un embarazo. En la nueva normativa, ese trámite no llega al 0,1% por no tratarse de violaciones reales.


Así y todo, el feminismo extremista local ha tomado nuevamente sus banderas -los pañuelos verdes- para empujar este proyecto de ley del aborto por deporte. La iniciativa propone modificar el Código Penal con el objetivo de que “el aborto decidido por la mujer dentro de las primeras 14 semanas de gestación deje de ser un delito”. No obstante, las feministas no están conformes con la iniciativa porque ella descarta la legalización, exigencia clave del movimiento.


Alegan que la despenalización por sí sola, sin la legalización, no permite que el aborto sea considerado un derecho respetado por el Estado, por las instituciones de salud pública, por los Gobiernos y por la sociedad.


Si bien, argumentan las libertinas, con la despenalización se pone fin a los abortos clandestinos, al no ser un derecho garantizado por el Estado, las mujeres no pueden practicárselo de manera segura y con menos riesgos en hospitales y centros médicos, supervisado por profesionales especializados.


La iniciativa es patrocinada por la Corporación Humanas y por diputadas del Frente Amplio, del Partido Comunista y del PPD, y el feminismo le impugna el no haber sido discutida, antes, por las integrantes de las coordinadoras y organizaciones de mujeres, como Pan y Rosas, ni por el propio movimiento, los que impulsan la legalización y no sólo la despenalización. Ello –dicen- “constituye una gravísima violación a los derechos humanos de las mujeres”, al desconocer su condición de “sujetas de derechos, de ciudadanas plenas y de soberanas de sus cuerpos”. De acuerdo a la peculiar visión de estos grupos, “seguirá, como hasta ahora, siendo un negocio de las clínicas privadas”.


Esta postura debe, sí o sí, ser impugnada: las mujeres tienen la soberana decisión de decidir qué hacer con sus cuerpos. Pueden mutilárselos, pintárselos, cambiarlos de color, estirarlos y, como lo hacen ahora, hasta lucirlos desnudos en las calles. Pero no tienen el más mínimo derecho, como no lo tiene la especie humana, a decidir la vida o muerte de otro, en este caso del ser que portan en su vientre, y que no por su decisión, pidió estar ahí.