A VOTAR POR CHILE



VOXPRESS.CL.- Ha llegado una hora clave, políticamente, para la centroderecha y, patrióticamente, para el resto de la ciudadanía afín a las libertades individuales y que se sienten conformes con la forma cómo se ha ido ‘reconstruyendo’ el país desde 1973, y ello, pese a todos los obstáculos, hasta la fecha. Se viene, en cuestión de días, una primaria para determinar al candidato que representará a un amplio sector civilizado, serio y bien intencionado de la población con vocación de independencia.


Hace algo más de 40 años, el país era una opaca estructura pueblerina con pocos asomos de una modernidad que desde el extranjero nos enviaba oleadas de envidia. El progreso forjado en los empeños de la propia sociedad, pusieron a Chile como ejemplo de las economías emergentes, pasaporte para ser incluido en el seleccionado club de la OCDE. Resultó tan sólida la construcción de este sistema que dos Gobiernos socialistas –uno con la plataforma del PC- y un odioso, vengativo y grotesco Congreso opositor, no han podido socavar las bases del desarrollo.


Nunca antes, desde 1973 a la fecha, este modelo de convivencia nacional se halla tan en peligro como ahora, ello por el pavor del actual Presidente, quien a cambio de la virginidad de su ego, permitió que el enemigo penetrara hasta las entrañas de un Gobierno supuestamente no izquierdista y hasta la cocina de Palacio. Nada, absolutamente nada de la situación severamente crítica de hoy, se hubiera hecho realidad de haber tenido el Jefe de Estado el coraje, la valentía y el patriotismo de aplicar lo que le mandaba la Constitución para frenar, en el acto, el Golpe que lo pretendió derrocar. Transó el futuro del país por evitar la vergüenza de tener que irse con su orgullo por los suelos. Fruto de ello, la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, reflejó así lo dramático de la situación: “se jodió Chile”, dijo.


Así, sin un Gobierno espejo que aliente las votaciones de los libres y eclipse el escenario de los totalitarios, la ciudadanía pro libertades y derechos naturales y fundamentales, se enfrenta, primero, a la elección de su candidato y, en noviembre, a defenderlo del acoso y las fauces de la izquierda más extremista y violenta.


Los electores se preguntan y preguntan a otros por el mejor candidato de la libertad para, más tarde, afrontar a los duros totalitarios del extremismo. De hecho, en la papeleta de Chile Vamos, el eje en el cual se deben concentrar los chilenos pensantes, tiene cuatro nombres, los que, de alguna manera, se han ‘desvestido’ con motivo de la Franja Electoral para las primarias internas. Seguro que hay muchos que, por militancia o familiaridad, tienen definido a quién le darán su preferencia, pero el chileno independiente, el buen vecino y el habitante propositivo, no puede ni debe ser cautivado por uno reductivo en particular, más aún si algunos de ellos han centrado sus promesas copiando textualmente discursos de la izquierda, como es golpear anacrónicamente “a la dictadura militar” o prometer “un nuevo traje para el nuevo Chile”. Las encuestas, que no han sido finas en sus certezas, y las de centroderechas mañosamente infiltradas por “consultados opositores”, insisten en que hay uno sólo de los cuatro (tres) candidatos de Chile Vamos capaz de derrotar al comunista Daniel Jadue en segunda vuelta. Si las mismas consultoras advierten que dicho aspirante muestra casi un 30% de rechazo, ¿puede, inteligentemente, aventurarse un éxito de dicho individuo?


Esta misma campaña de amedrentamiento a los ciudadanos libres, indujo a unos pocos ingenuos -felizmente, unos pocos- a promover que “para frenar a Jadue es preferible votar por Boric” en lugar de hacerlo por uno de la lista de Chile Vamos. Gigantesca estupidez, casi infantil, explotada comunicacionalmente para “revelar el pánico de la derecha”, hizo posible que el magallánico aspirante se burlase, diciendo “no gracias, no quiero un solo voto de la derecha”.


Puede resultar una expresión relativamente amplia, pero el desafío de concurrir a votar a la primaria del sector, tiene que ser, primero, una demostración de interés general en el futuro libertario del país, y segundo, por lo mismo, al marcar una preferencia, se tiene que priorizar a quien, por representatividad, diversidad de adherentes y esté acorde a los nuevos estilos de vida y a los cambios en las visiones sobre la sociedad, en especial de las nuevas generaciones. Quien pase a segunda vuelta debe ser el más capaz de garantizar la atracción de la más absoluta diversidad social que tengan como único eje el de la total libertad.


Llegó una instancia en la que nunca soñamos que, al votar, habrá que ser fuerte para desechar cualquier interés de tipo personal, en incluso religioso, y subordinarlo al del país. Hay que convencerse de que para pasar a segunda vuelta y ser competitivo por la Presidencia, se requerirán de muchísimas manos que hoy no están vinculadas al sector: será la transversalidad del candidato electo en primaria, la única arma capaz de atraer a ciudadanos social y doctrinariamente distintos para que se unan a esta histórica causa de salvar a Chile.