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A DEFENDERSE OTRA VEZ


VOXPRESS.CL.- Vlado Mirosevic (35), diputado y fundador del partido regionalista ariqueño Liberal, durante su vida de dirigente escolar y universitario, fue tan comprometido con la izquierda, como lo es ahora con el Frente Amplio, su cobijo político.

Hombre de palabra, es jugado por este Gobierno, al cual le debe fidelidad y gratitud, tras colocarlo a él en la presidencia de la Cámara de Diputados. Ingenuamente convencido de que la sepultada Convención no era refundacional, dio la cara para ser el segundo vocero del Apruebo y mano derecha de la comunista Karol Cariola. La noche del 4 de septiembre, fue el único de la izquierda en sacar la voz, aunque balbuceante, para reconocer la aplastante derrota. Hasta la fecha, ni el Presidente ni el PC lo han hecho. Éste, incluso, fue más allá, al calificar de “triunfo” el que un Mandatario, él, haya permitido “la libre expresión de su ciudadanía”… Lo dijo ante la asamblea general de la ONU.

Mirosevic, sin ser atropellador como sus pares generacionales, es frontal, y en sus inicios como político, el 2017, no vaciló en admitir que fue su propio padre, Luis, quien le sugirió que legalmente alterase el orden de sus apellidos, porque el suyo –Verdugo— no le favorecería en su incipiente liderazgo ideológico.

De Verdugo Mirosevic pasó a ser Mirosevic Verdugo.

Luego de la firma del Acuerdo por Chile (?) --un grupo de parlamentarios se apropió inconsultamente de la voluntad ciudadana-- por una eventual nueva Constitución, el Presidente de la Cámara fue invitado a una entrevista por una chillona periodista/conductora televisiva que, tras no ser renovada en C13, ancló en TVN por ser de confianza para el Gobierno. En la oportunidad, ella le preguntó el por qué “el oficialismo” había sido tan débil con “la derecha” en las negociaciones del nuevo proceso constituyente. Mirosevic le respondió que “cuando uno es derrotado por goleada, como lo fuimos en el plebiscito de salida, no estábamos en una posición de igual a igual para imponer lo que queríamos”.

Ejemplar muestra de honestidad que, seguramente, golpeó fuerte el blindaje hipócrita de La Moneda, del Presidente, de sus ministros y el del pacto Repruebo/Indignidad.

El forzado y no pedido Acuerdo por Chile se logró, finalmente, por la insistente presión del Gobierno, el que, con urgencia, requería, al menos, de un tuto del pollo para seguir con la posibilidad, aún vigente, de introducir, primero, en el pre proyecto de los expertos y, luego, a través de los consejeros electos por voluntad popular, algunos de los caza bobos totalitarios que hicieron fracasar estrepitosamente a la Convención.

La izquierda, encabezada por el propio Presidente y el PC, ha reclamado que “el Acuerdo está deslegitimado” por no ser 100% electos quienes escribirán una nueva Constitución,…si es que la ciudadanía la aprueba.

La propia ministra del Interior manifestó que “nuestro foco continúa puesto en el plebiscito de entrada”, realizado el 25 de octubre de 2020. Esa fecha no la fijó el SERVEL, sino el PC en conmemoración, ese mismo día pero de 1917, del inicio de la revolución rusa, al igual como ocurrió con el “estallido” -el 18 de octubre de 1948, el comunismo fue declarado ilegal en Chile— y con el plebiscito de salida -4 de septiembre de 1970, elección de Allende.

El plebiscito de salida dejó en nada el de entrada, ello de acuerdo a la propia reforma constitucional que reguló el proceso rechazado y acabado. Marcos Barraza, el comunista que condujo a aquellos delegados hacia el proyecto totalitario, días atrás afirmó que el Acuerdo por Chile “es la continuación” de lo obrado por la Convención. Eso es falso, de falsedad absoluta: el que se votó el 4 de septiembre, según lo establecido en el Acuerdo de Paz del 15 de noviembre de 2019, concluyó formal y definitivamente con el plebiscito de salida.

La persistencia de Repruebo/Indignidad por alterar el reciente acuerdo parlamentario, es la típica reacción del revanchista que pierde. “Me habría gustado que lo resuelto no hubiera estado deslegitimado, al omitir una elección ciento por ciento popular”, dijo el Presidente, criticando, según él, el tutelaje de los expertos encargados de redactar un pre proyecto.

Gusten o no, malos o buenos, honestos o no, todos quienes ejercen una representación popular -en este caso, los parlamentarios- tienen la legitimidad de haber sido elegidos libremente por la gente. Si ésta se equivocó, ésa es harina de otro costal.

Según lo firmado por los partidos participantes en este Acuerdo, entre ellos el PC y el Frente Amplio, se establece una docena de “bases” como pauta de trabajo y, en un acto de respeto hacia la inteligencia, se fijó un rango mínimo de competencias y de aptitudes para los 24 expertos que serán seleccionados (12 y 12) por ambas Cámaras. En la Convención --y a no olvidarlo-- intervinieron pequeños caudillos de vecindades, colectivos, comunidades, coordinadoras, ‘primeras líneas’ --apenas con octavo básico— y hasta un estafador, hoy en manos de la Justicia.

La autoconvocada comisión que se juntó a impulsar una nueva Constitución, estableció un guardián de la democracia: el proyecto no es una hoja en blanco y preserva los numerosos derechos que iban a ser vulnerados por la propuesta de la repudiada Convención.

En respuesta a ello, el comunismo y el frenteamplismo llaman a movilizarse a sus “organizaciones civiles” para impugnar lo que, con su firma, respaldaron. “En el debate legislativo haremos cambios” advirtió Guillermo Teillier.

La Moneda y su pandilla, a partir del 4 de septiembre, están conscientes de que son remeros sin remos y constituyen una decepción para la izquierda internacional. No tienen, por ello, más opción que mantener en alto las banderas de la revolución y del “nuevo Chile”, abrumadoramente escupidas por la ciudadanía el 4 de septiembre.

Hay que estar muy despiertos y atentos para enfrentar con coraje esta nueva embestida anti demócrata de la izquierda. La desgraciada actuación de los (ex) convencionales logró unir a la población en contra de oscuros propósitos por imponer en el país un sistema político afín al molde del socialismo.

Chile ya dio una descomunal lucha por su libertad, plasmada el 4 de septiembre; ahora debe estar preparado para dar una nueva pelea por su libertad, ante la vileza de los partidos del pacto de Gobierno de desconocer lo que firmaron.


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