LOS 200 METROS DE LA INFAMIA


VOXPRESS-CL.- El New England Medical Journal tendría que ser de lectura obligatoria de las autoridades sanitarias chilenas –y no exclusivamente del ministro de Salud- que, con gran ‘generosidad’, le permiten a los mayores de 75 años salir una hora a la calle, tres veces a la semana, sin superar una distancia de 200 metros en torno a su vivienda.

Esta piadosa autorización, según las autoridades, es para que estos supuestos ‘ancianos minusválidos’ logren fortalecer sus músculos, seguramente debilitados por la larga inamovilidad originada por las cuarentenas. Este vejatorio trato es válido tanto en las comunas en confinamiento como en las que se hallan en la etapa de transición.

En estas últimas, aunque siempre con la mascarilla como condición ineludible, los vecinos pueden circular libremente dónde y cómo quieran y recorrer las distancias que les parezcan. Esta total independencia de movilidad es igual para todos, humanos o animales, excepto para los mayores de 75 años.

No existe un solo argumento mínimamente válido para justificar científicamente esta arbitrariedad, ya que el ofensivo trato se escuda en una aparente e hipócrita protección a “nuestros abuelitos”…De esta falsedad se hace cargo el New England Medical Journal en un informe publicado el 2018 y que afirma que “la mejor etapa de excelencia productiva en la vida del hombre está desde los 70 hacia arriba”. La investigación difundida por este periódico médico, llega a la conclusión de que “a menor edad, es más baja la productividad”.

Categóricamente afirma que un adulto mayor tiene mucha más capacidad de concentración y menos elementos distractores cuando aborda una tarea.

En Chile, aunque ahora más politizado que racional, se conoce con absoluta precisión el proceso de envejecimiento de su población y se multiplican las políticas públicas que, se dice y se cree, favorecen dicho sector etario. El gravísimo error de percepción por parte de la autoridad, es que parece estar convencida de que se trata de seres dedicados a contar los días que les restan para morir. Por el inicio y evolución de la peste, llegaron a ser agotadores los cotidianos mensajes acerca del sobre cuidado a los adultos mayores, como si sólo estos se contagiarían: 1 de cada 3 que ha contraído el virus es menor de 60.

Hay quienes, médicos y metiches entre ellos, que confunden envejecimiento con enfermedad: asumen que por encontrarse en las etapas más maduras de sus vidas, tienen, o deben, hallarse con su salud quebrantada y corren peligro permanente. Este prejuicio por ignorancia pura, no considera que son, precisamente, el adulto mayor, y específicamente los más veteranos, quienes más se cuidan y evitan exponer su salud. Sanos, y muy sanos, los hay en abundancia, y de ello dan fe cifras oficiales de uno de los tantos estudios de sociedades médicas sobre la relación salud/vejez. La mortalidad en el grupo de 65 a 79 años es de 25,6 por 1.000 habitantes y las principales causas de muerte son infartos y derrames; tumores; crisis de los sistemas respiratorio y digestivo.

La población de 80 años, y más, tiene una tasa de mortalidad de 110,5 por 1.000. Las condiciones de salud crónicas presentan prevalencias más altas en mayores de 60 años, a excepción de los síntomas depresivos y el tabaquismo, cuyas prevalencias son muy menores a las de la población mayor de 17 años.

El deterioro cognitivo alcanza a 8,5% de la población de 60 o más años. Quienes sufren de este tipo de patologías, por lo general no requieren salir a “estirar las piernas” en los 200 metros permitidos, porque no lo pueden hacer.

A propósito del permiso sanitario para que los mayores de 75 años sólo salgan a caminar limitadamente, lo deja en entredicho una cifra que ninguna autoridad sanitaria consideró: apenas un 6,7% presenta una importante dificultad para desplazarse en terreno plano, y, por lo mismo, prefiere abstenerse de hacerlo.

Conocido este sumario de la salud de los adultos mayores -que no suelen vivir al borde de una cripta-, el mejor desmentido al ficticio justificativo de la Mesa Social de La Moneda es el extenso estudio del norteamericano New England Medical Journal, el cual comprobó que la edad más productiva en la vida del ser humano es entre los 60 y 70 años; y la segunda, es de ¡los 70 a los 80! Aún más, considera que la tercera es la que va desde los 50 a los 60. Como refuerzo, ejemplariza con la edad promedio de los Pontífices, 76 años, y la de los Premios Nobel, 65.

Estos valiosos, y muy científicos antecedentes, fueron obviados por desconocimiento o por ignorancia, aduciéndose proteger la vida de los adultos mayores, los que han llegado a esta fase de sus vidas por no excederse en sus dietas y no ser consumidores de drogas.

Este ignominioso permiso condicionado, incluso más estricto que el de las mascotas, es una afrenta a una parte, y muy participativa, de la sociedad, a la cual le ha dado lo mejor de sus días, y lo continúa haciendo.

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