EN LA TRANSICIÓN SE JUEGA CON FUEGO


VOXPRESS.CL.- Salen de sus confinamientos más de 600 mil personas al mismo tiempo, sumándose a los residentes de otras siete comunas a la fase de Transición, la segunda estación programada en el largo recorrido que están haciendo los habitantes del país para lograr llevar una vida lo más parecido a la normalidad, aunque nadie garantiza cuánto tiempo tomará retomar ésta en forma plena.

El director de la OMS, el etíope Tedros Adhanom, declaró que “es probable que nunca se descubra una vacuna contra el coronavirus y que debamos convivir por siempre con él”.

Al liberarse de su enclaustramiento a estas comunas, ya son 14 las que gozan de este más confortable estatus de Transición. En cuanto a la Región Metropolitana, lo relevante es la salida de su cuarentena de Providencia, pero no así de Santiago, que mantiene su encierro desde marzo, al jugar en su contra casi 300 casos activos de contagio y su alta movilidad, pese a estar en cuarentena.

El levantamiento progresivo del confinamiento no es una decisión consensuada de la Mesa Social de La Moneda, porque lo miembros ‘progresistas’ –ideológicamente, extremistas- los condicionaron, primero, a que la curva descendente de contagiados fuese de, al menos, un 10%, sin embargo, al superarse esa meta y llegar a8%, exigieron que “por igualdad”, todas las comunas deberían ser liberadas simultáneamente. “Sin privilegios” especificaron.

Fue el gran aumento de información sobre la trazabilidad y, luego, la sostenida disminución de los contagios, lo que impulsó a la autoridad a dar un paso que, así como justo y humano, también implica un enorme riesgo.

Dos factores venían empujando en forma potente el atenuar las cuarentenas: el humano y el económico. En un abrupto 61% aumentó la cifra de denuncias por violencia intrafamiliar y los psiquiatras alertaron sobre el fuerte impacto que el encierro está produciendo en los menores, especialmente en aquéllos en edad pre escolar.

El otro factor demandante, y desde el primer día, es la reactivación económica, pues cualquier atisbo de ella resulta imposible con casi la totalidad de la fuerza laboral y fuentes de servicios confinados en sus respectivas viviendas.

En el marco del temor generalizado que genera la peste y sus efectos, hay gente, y mucha, con un temor permanente al contagio, pero -y ello es demasiado evidente- existe una gran mayoría que ansía una cuota de libertad luego de tanto tiempo encerrado.

Gozar nuevamente de la libertad de movimiento y, gracias a ésta, volver a tener, o intentar tener, un trabajo como antes, son los pilares de esta política sanitaria/social/económica que revisa semanalmente el Ministerio de Salud para determinar ascensos o descensos, como le ocurrió a Punta Arenas, que, a decir de Enrique Paris, “se ha portado mal”.

Toda libertad tiene su precio y el preservarla es responsabilidad de quien la disfruta. Los más de 7 millones que han sido sometidos a las cuarentenas aprendieron de golpe y porrazo que sólo cuando se pierde, se aprecia lo que se tiene.

Para no volver a perder lo que tanto se aprecia, la población ‘en libertad’ juega un rol clave acaso no quiere volver a vivir la experiencia del confinamiento a causa de un eventual rebrote. Independiente de las controvertidas y escasas fiscalizaciones, el ciudadano en transición tiene que entender que sólo de él, y nada más que de él, depende que pronto ascienda a etapas más confortables. O descienda al encierro.

Desde que la epidemia tocó suelo chileno, la vivencia ha estado plagada de indiferentes, desafiantes y hasta de violadores de las restricciones sanitarias y, a no dudarlo, han sido esas conductas inducentes al contacto social las que impulsaron al alza la curva de contagios.

La responsabilidad social de los habitantes es la que se pone diariamente en juego, y los espacios de libertad y de desplazamientos hay que respetarlos para evitar una recaída.

Una contravención de ello fue el episodio protagonizado por una comercializadora de ropa en Vitacura, en Transición, que publicitó un ofertón en redes sociales, lo que derivó en una aglomeración sin respetar la más mínima restricción. La tienda fue cerrada en el acto.

El chileno, y ello está medido y comprobado, carece de responsabilidad social, y es el sector joven el que menos la respeta y conoce, ello, según un análisis estadístico realizado por la Fundación ProHumana. El estudio, realizado en forma anual, concluye en consideraciones globales que retratan esta realidad:

*Menos de la mitad de los chilenos han escuchado hablar de responsabilidad social;

*El concepto tiene mayor penetración en los niveles altos que en los bajos;

*Los jóvenes son el segmento etáreo que menos sabe del tema y muestra una preocupante disminución en su conocimiento;

*Persiste la tendencia a entender que la responsabilidad social es exclusivamente con la familia.

Estos lineamientos están permanentemente en juego en las etapas de Transición. Hay sectores de la población que parecen disfrutar jugando con fuego, dado el individualismo de las actuales generaciones, y ese capricho es el que mantiene al borde de la cornisa a todas las comunidades que hacen esfuerzos y extremos sacrificios para salir del trance de las cuarentenas, y también a las que hacen méritos para salir de ellas.

Guste o no guste, debe ser la propia población la que se transforme en fiscalizadora de sus pares para asegurarse de evitar una recaída, con la mochila de prohibiciones y hasta con las humillaciones que significan los confinamientos.

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