EL GABINETE MATAFUEGO


VOXPRESS.CL.- Dicen que bastan pocas palabras, y a veces muy pocas, para marcar grandes diferencias. Por ello, es refrescante y esperanzador recordar algunas expresiones del flamante ministro del Interior, Víctor Pérez Varela (UDI), hechas públicas en momentos en que el país era arrasado por el vandalismo de izquierda y el Presidente, al borde del abismo, le entregaba la Constitución al adversario y aceptaba cogobernar con la oposición y con las consecuencia que se conocen.

Luego de su ‘triunfo’ parlamentario por el retiro de fondos de las AFP’s, ahora la oposición le da un plazo de un mes al Presidente para materializar “una inmediata y profunda reforma previsional”….hecha a gusto de ella, ahora enloquecida por el refuerzo que le llegara desde el mismísimo oficialismo.

En medio de los destrozos causados por los extremistas después de octubre, el entonces senador Pérez dijo que “durante muchos días de estas últimas semanas, Carabineros fue el que logró sostener el Estado de Derecho en el país” y que “mis profesores de Derecho Público me decían que la fuerza del Estado era legítima y que la violencia de los particulares era ilegítima, y que eso es la base del Estado de Derecho”.

A buen entendedor, pocas palabras: nunca, desde esa fatídica fecha del 18 de octubre, se había escuchado de algún ministro, y menos del Presidente, una frase tan exacta sobre lo ocurrido. El recuerdo de ese comentario, ceñido a códigos por los cuales debió regirse el Presidente, pero temió hacerlo, es lo que instó a la oposición a criticar sin piedad el arribo al gabinete de políticos experimentados, cancheros, ideológicamente corajudos y con ópticas muy distintas a la del Presidente. Un senador socialista, muy ligado al narcotráfico, casi estalló, al recriminar al Mandatario por “haber incorporado a la derecha más dura”. Su ardor es explicable: ahora, la oposición no podrá hacer lo que quiera gracias a la ineptitud e inexperiencia de, y, probablemente, muy simpáticos ex ministros, quienes, dado los aplausos que se llevaron al retirarse, llegaron a ser queridos…entre los funcionarios de La Moneda.

Esta vez, sin priorizar amistades, parentescos ni vecindades, ni a amigos de sus amigos o simplemente recomendados, el Presidente dio un giro, politizando lo que siempre debió ser político. Ojalá se haya aburrido del uso, y mal uso, de la oposición con él y decidiera, como tuvo que ser desde el primer momento, ponerle la proa al adversario en lugar de facilitarle el abordaje.

Ahora, afirmó tres frentes claves que están en luz amarilla y que, en cualquier momento, pueden pasar a roja: la seguridad interior, la acción de defensa interna frente al extremismo subversivo y las relaciones exteriores, convulsionada por unos exabruptos del Presidente argentino en cuanto a la plataforma continental oceánica y a los Campos de Hielo, y en lo local, frente a la Ley de Inmigración que se viene, preñada de peligrosas discrecionalidad ideológica.

Tres personas de carácter, y dos con fuertes convicciones, encabezan dichas sensibles áreas: Víctor Pérez (UDI) en Interior, y quien de entrada no eludió calificar de “terroristas” a los atentados cotidianos en La Araucanía, concepto que su antecesor nunca se animó a utilizar y, en cambio, atribuyó la violencia en esa zona a las limitaciones de material de Carabineros…

La Defensa tiene que estar presta a defender la democracia -guste o no, hiera sensibilidad y emociones extremistas- a ejercer el rol que le demanda la Constitución de cautelarla y, por ende, ajustarse a los articulados que ésta especifica de cómo, cuándo y contra quiénes debe actuar. A cargo del ministerio quedó Mario Desbordes (RN), un personaje cuestionado, porque siendo en lo personal de carácter fuerte, no ha demostrado hasta la fecha estar situado en el lado correcto de la centroderecha. De estrecho vínculo con un Presidente que no ha tejido relaciones con las FF.AA., otorga, al menos, una mínima confianza el que se haya impregnado del concepto de “orden” y “Patria” durante su permanencia como subteniente y teniente de Carabineros en una breve carrera en la Región del Maule.

A la Cancillería llegó Andrés Allamand, un viejo zorro de la política, animador de las luchas callejeras contra Allende en defensa de los estudiantes secundarios y fundador de su partido, RN. Se le vienen dos frentes al país, uno interno, el de nuevas inmigraciones masivas con intereses políticos, y el externo, en virtud de las majaderas interpretaciones que el Mandatario argentino le da a dos territorios limítrofes.

Con las modificaciones al gabinete ministerial, el Presidente -ya netamente en lo interno- pudo apagar un fuego que, de continuar, podía llevar a consumir en breve a Chile Vamos. De partida, corrigió las proporciones respecto al peso de cada partido de la coalición y con cuatro de los nombramientos terminó con los incendios internos en RN y la UDI.

En la antesala de una elección muy al rojo, sacó del partido a los emblemas de los dos bandos en disputa, el diputado y presidente Desbordes y el senador Allamand, incorporándolos al equipo de La Moneda. En cuanto a la UDI, en Interior colocó a Víctor Pérez, del sector de la actual presidenta, y en la SEGGOB ubicó a Jaime Bellolio Avaria, un abogado muy carismático, y también duro, pero del bloque disidente a Van Rysselberghe. Se acabó así, la indignación por haber puesto a un EVOPOLI para sustituir a Andrés Chadwick, un histórico gremialista, y empató con los dos sectores en pugna en el partido, con las designaciones de Víctor Pérez y de Jaime Bellolio, un disidente, en la SEGGOB. Un oportuno matafuego.

El tan cuestionado Comité Político no cambió por completo y sólo recibió refuerzos, como Pérez y Bellolio, completándose con Briones (EVOPOLI/Hacienda), Monckeberg (RN), desde Desarrollo a la SEGPRES, y Rubilar (Ind/ex RN), de la SEGGOB a Desarrollo.

Con propiedad puede afirmarse que éste es el cambio de Gabinete mejor evaluado por el sector del oficialismo en términos generales: no se hizo a la carrera y no se privilegiaron los cariños personales, aunque algun@s parecen ser vitalicios. El gran dilema, para variar es la interrogante que origina la nula sintonía política y personal que en sus trayectorias han tenido el Presidente y su flamante titular de Interior. Supuestamente en el mismo sector, se conocían de saludo, hasta que el lunes 27 charlaron más largo, cuando el Mandatario lo telefoneó para ofrecerle el cargo a expresa sugerencia de la presidenta de la UDI. Si el viraje que ha mostrado el Mandatario en las últimas horas se mantiene, es posible que hasta se entiendan, pero si continúa atado a las pretinas de la oposición, es difícil que el dúo funcione: Pérez es duro, Piñera, un blandengue.

No hay dudas: el nuevo gabinete ministerial puede extinguir varios fuegos de alto riesgo al mismo tiempo y ésa pareció ser la idea de quien pensó en los nombres elegidos. Hay dos que no puede apagar: la pertinaz negativa de la oposición a cualquier tipo de diálogo. Porque no le interesa al sentir, y saber, que tiene la presa entre sus garras, y el otro es el del propio Presidente, pues nunca se sabe por dónde soplará el viento que atiza sus llamas.

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