UNA PROPUESTA INDECENTE


VOXPRESS.CL.- El Servicio Electoral de Chile (SERVEL) es un organismo autónomo con personalidad jurídica y patrimonio propios, “encargado de la administración, supervigilancia y fiscalización de los procesos electorales y plebiscitarios, del cumplimiento de las normas sobre transparencia, límite y del control del gasto electoral”. En ninguna parte de su razón de ser figuran las licencias que se está tomando su actual Consejo para encarar el plebiscito constitucional del 25 de octubre e incluso la propuesta de modificaciones para todos los actos eleccionarios del próximo año.

Su audacia y atrevimiento para sugerir cambios a las elecciones, no están dentro de su rol establecido en la Constitución y menos en el bien marcado territorio en el cual puede, y debe, desenvolverse. El hecho que su Consejo Directivo, encabezado por Pedro Santa María, esté dando pasos más allá de sus límites, habrá que endosarlo a este clima de permeabilidad ofrecido por el Gobierno, que abrió la puerta de la cohabitación para que muchos, en especial sus adversarios políticos, se tomaran el derecho de restarle atribuciones, aumentar las suyas y compartir el dominio del poder. Si bien es autónomo, el SERVEL tiene la cancha bien rayada como para que esté sugiriendo modificaciones a los actos eleccionarios, partiendo por el aún programado plebiscito del 25 de octubre.

Si bien desechó la propuesta de un Centro de Estudios de izquierda de realizarlo vía voto postal o de cualquier otro modo que no sea el presencial, propone que el referéndum se lleve a cabo durante dos días “a raíz de la pandemia”.

Hasta la fecha, ninguna autoridad sanitaria, la única oficial, se ha pronunciado acerca de su realización o aplazamiento, como para que el SERVEL se anticipe a los hechos, con una modificación inédita y sustancial que implica otra reforma constitucional.

Visto casi como un atropello, el SERVEL le hizo llegar un documento al Gobierno, (“Plebiscito Seguro”), sugiriéndole la instalación de una Mesa Técnica, y especificando hasta los eventuales componentes de la misma. Más sensible aún, aconseja que “los cambios abarquen todos los actos eleccionarios programados para el 2021”, con cierta certeza todos sin pandemia de por medio…

En forma inaudita, advierte que sus propuestas son “para garantizar una alta participación de la ciudadanía”, una señal más que inquieta, pues ello implica un tipo de “intervención electoral”, al revelar su particular interés en que sea mucha la gente que concurra a los locales de votación.

No es incumbencia de este organismo el posible número de votantes o abstinentes, por lo que su atrevido propósito es una presión indebida sobre la ciudadanía, rol que le cabe exclusivamente a los interesados (o no) en la asistencia de sufragantes: los partidos políticos.

De ellos depende llamar a votar o estimular la abstención; de nadie más, ni del Gobierno de turno y menos del SERVEL.

Dice el presidente de su Consejo Directivo que para concretar sus proposiciones se analizaron las realizaciones de 25 actos electorales efectuados en medio de la pandemia, fundamentalmente en Europa y Asia. Es engañoso el argumento, tratándose de culturas e idiosincrasias totalmente diferentes, y, por ende, de conductas y comportamientos tan diferentes como insospechados.

El SERVEL descarta, de momento,” el voto postal y el por vía electrónica “por no garantizar el debido secreto”, pero no hace referencia alguna a la pobreza tecnológica de nuestra población, que ha quedado en dramática evidencia con motivo de la peste. Pese a desechar dichas opciones de sufragio, en su documento recomienda invitar a la Mesa Técnica a…quienes las plantearon. Resulta, hoy, oportuno recordar el referéndum comunal que organizaron las municipales de la oposición para evaluar el tipo de plebiscito constitucional, ello mucho antes de que llegara el virus al país. El mañoso y tramposo voto desde celulares, bloqueó cualquiera ruta transparente y honesta a ese tipo de pronunciamiento ‘a distancia’ de la ciudadanía.

Lo grave, gravísimo, de la idea del SERVEL de realizar el plebiscito durante dos días es que, desde ya, genera muchas suspicacias y temores. La noche de un día para el otro ¿dónde quedarán las urnas con los votos ya emitidos? No explica en su proposición una situación tremendamente incierta como ésta, y que por violarse el distanciamiento social es imposible que los presidentes de mesa las porten hasta recintos del Servicio. Si llegasen a quedar en el mismo sitio ¿quién da fe de que el resguardo de un pelotón de uniformados con balas a fogueo será suficiente?

La única idea del SERVEL que, por obvia, resulta de lógica simple es que se aumenten los locales de votación para que, así, se generen más espacios y se preserve el distanciamiento social. Es muy bueno que ese escenario lo tenga presente el Servicio, recordando su gigantesco error de ubicar menos mesas para las primarias de julio de 2017, generando unos atochamientos monumentales y el aburrimiento de muchos votantes que optaron por abandonar, sin sufragar, las interminables y lentas filas.

Nada plantea el SERVEL respecto a lo más inquietante que ofrece el plebiscito constitucional, con pandemia o sin ella: la seria amenaza a la normalidad y a la seguridad en razón de las odiosas e irreconciliables posturas ideológicas que tienen fraccionado y súper dividido al país. Ésa, como ente fiscalizador, sí es una de sus misiones naturales –por estos días, quizás la más importante-, y no estar dando ideas a nadie, porque ello no le corresponde.

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