EL 10% ES LO DE MENOS


VOXPRESS.CL.- En esta afición suya a acumular fechas emblemáticas y políticamente tan significativas como adversas, ahora el Gobierno suma otras dos, el 8/J y el 15/J como hitos de un cambio involuntario: sus propios diputados hicieron oídos sordos a sus llamados para que no se permitiera a los cotizantes a retirar parte de sus fondos de ahorro desde las administradoras de pensiones.

El mayoritario acuerdo de la Cámara de Diputados para que, como paliativo a su ruinosa situación económica personal, los ahorrantes puedan sacar hasta un 10% de sus propios fondos, hay que asumirlo, sin la menor duda, como un triunfo político de quienes, progresiva e históricamente, han estado en contra de las AFP’s y de su sistema.

La opción, inédita, de que los cotizantes puedan retirar un porcentaje de sus fondos acumulados, es casi una anécdota, porque hay tres millones de afiliados que tienen acumulado $1.000.000 y otros cinco millones de personas con $5.000.000, de tal forma que sacarles a esos montos un 10% casi no sacará de apuro a los afligidos afiliados sin empleo y que no tienen ingresos de ningún tipo.

Lo que en rigor implican dos contundentes votaciones –en general y en particular- de la Cámara, constituyen una anhelada ‘pasada de cuenta’ al sistema. A poco de andar, sus operaciones ya fueron puestas en tela de juicio, y en los últimos años, en especial en el último Gobierno socialista, el clima adverso llegó a las calles con manifestaciones increíblemente masivas. El gran patrocinador de una campaña sostenida para poner fin a las AFP’s ha sido el Frente Amplio, acicateado por su sorpresiva irrupción electoral del 2017. No obstante esta presión permanente, las administradoras nunca antes, como ahora, se sintieron realmente acosadas. Sólo las sobresaltó un solitario fallo de la Corte de Antofagasta favorable a una profesora jubilada para retirar el total de sus fondos.

El acuerdo de los diputados marca un “después” para las administradoras, porque lo resuelto es tremendamente más significativo y relevante que ser víctima de vociferantes reclamos callejeros. Hasta la semana del 8/J y 15/J, el blindaje de las administradoras parecía infranqueable, al punto que ni siquiera una intentona del socialismo, con Bachelet a la cabeza, logró conmoverlo: la poco célebre y recordada ‘Comisión Bravo’ no pudo dar con la llave maestra para sustituirlas. Es esa especie de inmunidad la que fue perforada ahora, y ello con una clara influencia política, porque quienes votaron en contra de las AFP’s y, coincidentemente, también en contra del Gobierno, no tienen la menor idea de cómo y con qué reemplazarlas.

Se les critica a los diputados oficialistas el populismo que posibilitó la mayoría adversa al Gobierno, pero quienes actuaron así lo hicieron como voto de castigo a quien se negó, de partida, a socorrer con liquidez inmediata a la inmensa clase media emergente, hoy en viaje de retorno a la pobreza. Su tardío reparo del error no resultó convincente: el dinero que en un principio no estaba, apareció de la noche a la mañana.

En lo que se debe reparar, y mucho, es en la treintena de parlamentarios de centroderecha que se abstuvieron, porque a ellos les dio lo mismo el retiro o no de ahorros de los asfixiados cotizantes, sino los motivó su disconformidad con el actual sistema de pensiones, defendido a ultranza por el Gobierno.

El frenteamplismo, el PC, el PS, el PPD y la DC argumentan que “las AFP’s siguen siendo un enclave vigente de la dictadura” y que su funcionamiento fue “diabólicamente concebido para beneficiar a los ricos, haciéndolos más ricos”, en alusión al paquete de grandes empresas a cuyos financiamientos concurren las administradoras con los fondos de los trabajadores ahorrantes.

Ninguno de los Gobiernos concertacionistas ni el de la Nueva Mayoría fueron capaces de introducirles modificaciones sustantivas para hacer del modelo algo más humano y equitativo. Pese a ello, el ex ministro de Hacienda de Bachelet, Rodrigo Valdés (PPD), confesó que “el debate sobre pensiones está ya maduro y es hora de hacer, de una vez, la gran reforma al sistema”.

El punto de inflexión sigue siendo qué tipo y cómo tendría que operar un nuevo modelo previsional para generar una o varias administradoras con características más beneficiosas para los ahorrantes y pensionados. Hasta el momento se ha desechado un sistema estatal, porque, para generar utilidades, tendría que recurrir a la inversión en las mismas grandes empresas que son beneficiadas hoy, y tiene el riesgo implícito de la tentación de ‘echarle mano’ a los fondos cuando flaquee la caja fiscal.

De acuerdo a las características de las nuevas generaciones, no hay ambiente para crear un sistema solidario de reparto, en que los jóvenes trabajadores de hoy ahorren más para ayudar a los viejos jubilados. Por el individualismo de la sociedad actual, no está el horno para bollos, y de ello dan fe los sistemas de este tipo vigentes en Europa y que están por reventar. Todo ello, al margen de la estrechez ocupacional para los menores de 25 años.

La censura generalizada apunta a las desproporcionadas comisiones que cobran las administradoras a los cotizantes para que sus fondos renten más. Es natural que ganen, y bien, cuando por el acierto de sus inversiones los ahorros de los afiliados aumentan, pero está mal, muy mal, que cuando no aciertan en sus inversiones, sólo el efecto negativo lo sufran los cotizantes. Ése es un punto que, a partir de ahora, parece estar condenado, ya que obtener utilidades con dinero ajeno, sin arriesgar el propio, no resulta lo más decoroso.

Ése es uno de los núcleos del debate que viene exclusivamente inserto en el sistema de pensiones, porque el otro, el bajísimo monto de las jubilaciones, no responde a las características de un modelo en particular, sino a una realidad incurable en Chile: la precariedad salarial.

Aquí radica el nudo gordiano, porque se trata de una polémica casi ancestral que no parece tener algún tipo de solución en el mediano plazo. Si la empresa privada es la que oferta el 80% de las fuentes de trabajo, cualquiera que ose imponerle una mejora salarial arbitraria, el desangramiento se producirá instantáneamente por la herida del desempleo.

Un modelo mucho más competitivo en cuanto a las comisiones, una facilidad de mutación de los afiliados y una utilidad menos abusiva de las administradoras, pueden ayudar a la facilitación de un cambio.

De hecho, a menor comisión cobrada por el controlador más dinero habrá para el ahorrante. Pero el dilema de la capacidad de ahorro del trabajador, no se remite a un sistema en particular, sino es mucho más complejo y sin avistamiento de solución. Obedece a otro debate, más cruento, e incluso a otro ámbito: el de los históricos bajos sueldos en Chile, un país mucho más caro para vivir respecto a lo que ofrece.

Pese a todos estos bemoles, a partir de ahora, algo está claro: las termas de las AFP’s dejaron de ser las mismas de siempre.

SIGUENOS TAMBIÉN EN REDES SOCIALES

© 2023 por "Lo Justo". Creado con Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now