UNA COALICIÓN ROTA POR EL PERSONALISMO

July 19, 2020

 

VOXPRESS.CL.-“No veo al Gobierno en una actitud de continuismo de Chile Vamos en el poder”. Esta expresión, créase o no, corresponde a Mario Desbordes, hasta noviembre próximo, presidente de RN y uno de los personajes de la coalición oficialista, quizás el único, con llegada e influencia sobre el Mandatario.

 

Este diputado por un distrito sur metropolitano y que gran parte de sus trabajos profesionales –es abogado- los hizo en la administración pública durante la (ex) Concertación, es una de las víctimas del ‘después’ de la votación adversa a las AFP’s en la Cámara. Hasta esa fecha, desde el primer día de Gobierno, estuvo a la orden de los deseos presidenciales, dada la antigua afinidad creada entre ambos, cuando, como ex carabinero, Desbordes fue el jefe de avanzada durante la primera campaña electoral de Sebastián Piñera.

 

Fue la voz del Presidente la noche del 15 de noviembre, cuando en el Congreso santiaguino se negociaba su permanencia en el cargo a cambio de que entregara al adversario político la Constitución para plebiscitarla. 

 

Es apuntado por la mayoría de su partido y por la totalidad de la UDI -los dos colectivos más grandes de la coalición- de ser el responsable directo del quiebre interno del sector por su populismo exacerbado que, incluso, en sus discursos llegó a hacer suya, haciéndolas pasar como del bloque, ideas absolutamente de izquierda.

 

Sin ser asesor ni pertenecer al equipo del segundo piso, Desbordes se paseaba por las oficinas de La Moneda y tenía libre acceso al salón presidencial. Su populismo lo llevó a unirse al amplio grupo de parlamentarios oficialistas que se abstuvo de votar por el retiro de fondos desde las administradoras de fondos de pensiones, con lo cual, en el acto, perdió su estatus de privilegio en Palacio. Su reacción fue la lógica y natural en quienes se sienten  despechados: “el Gobierno no proyecta la permanencia de Chile Vamos en el poder”…

 

Su expresión refleja, a las claras, el motivo más trascendental del por qué el Presidente está solo, casi aislado de su propia coalición: Desbordes habla de “el Gobierno”, como si se tratase de un ente autónomo de la alianza que lo llevó al poder en diciembre de 2017.

 

Eso es así, y siempre fue así desde el principio de esta segunda administración de Piñera. Por un lado, el Presidente oyéndose a sí mismo, decidiendo a su total arbitrio, y del otro, una coalición que hacía hasta ridículos esfuerzos por convencer a la oposición mayoritaria de que había que votar sin chistar por todos los proyectos enviados por el Ejecutivo.

Personalista el Presidente y personalista el jefe del principal partido de Gobierno, he aquí la más simple de las explicaciones para entender por qué la derecha, por segunda vez consecutiva, se ve enfrentada al escenario de  devolverle el poder al socialismo.

 

Jamás el Presidente actuó como  equipo con su propia coalición y no pocas veces sus parlamentarios se impusieron “por la prensa” de decisiones suyas que iban, y fueron, en sentido contrario a la ruta de navegación que se fijó Chile Vamos.

Alguien poco informado podría creer que fue el ’piñerismo’ el que lo indujo a tomar un camino no acordado con los suyos. No, ello no es efectivo, porque el  supuesto movimiento piñerista no existe ni ha existido, y se restringe a un puñado ínfimo de devotas sin jerarquía. Hasta la fecha, la gestión de este economista muy exitoso en lo personal, ha tenido dos etapas: la del egocéntrico hambriento de celebridad internacional que se desentendió de la creación de empleos y de materializar “días mejores” a sus electores, y, después del 18/O, la del rendido ante la izquierda y dejarla que ésta comparta el poder y le atomice sus atribuciones. Claudicó para salvarse él y no cautelar el futuro del país, pese a tener todo el respaldo de la Constitución, a la que rehusó echar mano por imposición de la izquierda.

 

En ambas etapas, no aparece por detrás, sosteniéndolo, su propia bloque aliado. No estuvo, ni ha estado nunca, respaldándolo con firmeza, porque las decisiones presidenciales han sido  inconsultas, sin pasar por una indispensable información previa a su propia gente. Siempre a solas, a excepción solitaria de Mario Desbordes, con un grado de responsabilidad en algunos nombramientos de funcionarios de discutible competencia.

 

Ahora, ya derramada definitivamente la leche, este diputado atribuye la causa de la oscura realidad que vive el Gobierno a “que no supimos asumir nuestra diversidad interna ni tuvimos cultura de coalición, como sí la tuvo la Concertación”…Desmemoriado o mal intencionado, olvida que en el primer Gobierno de Bachelet su alianza estuvo a punto de sacarla a los tres meses y que, luego, durante cinco meses ningún oficialista pisó La Moneda. No debe recordar, imaginamos, la ruptura del pacto histórico DC-PS.

 

Lo que éste ex teniente de Carabineros no asume es que fue su personalismo y su apetito de figuración los que contribuyeron a los desencuentros de la coalición de Gobierno y generaron al interior de RN una potente disidencia, que hoy lo tiene temblando. Su particular postura y su ideario de izquierda mal puesto al servicio de la derecha, fueron los que deslavaron a Chile Vamos como coalición genuina representante de un amplio sector de la sociedad, hoy parte importante de ella puesta en jaque por la peste.

 

Más temprano que tarde, el Presidente tendrá que tragarse sus palabras expresadas al aún conmovido Comité Político, tras la votación sobre las AFP’s, en cuanto a que “a partir de ahora, la coalición tendrá que ser más chica, más acotada”, en alusión a que “deben salir de ella” los que no están incondicionalmente de su lado.

 

El Presidente, a estas alturas, no puede exigir incondicionalidad, responsabilidad ni “una nueva forma de hacer política” a quienes no les ha brindado  lealtad ni consecuencia, y Desbordes no puede estar pidiendo reunirse a puertas cerradas con los presidentes de la UDI, EVOPOLI y el PRI, porque el desaguisado que él generó sólo podrá superarse con su salida del mando de RN, a la espera de un liderazgo político que haga olvidar su ambicioso personalismo.

 

 

 

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