CANALLAS INSACIABLES


VOXPRESS.CL.- La Real Academia Española de la Lengua es clarísima en las acepciones que le da a la palabra canalla. Dice: “gente baja, ruin” o “persona despreciable y de malos procederes”. Tan clarificadoras definiciones, fielmente apegadas al idioma, calzan como anillo al dedo con el anuncio de diputados del frenteamplismo, del PC y del PS de estar “reuniendo antecedentes” para presentar una acusación constitucional al ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, y también responde a la querella criminal presentada por el alcalde comunista de Recoleta en contra de aquél, de sus antiguos subsecretarios y que incluye al Presidente de la República “por su responsabilidad” en la muerte de vecinos de su comuna, víctimas del virus.

Fue ese alcalde, Daniel Jadue, quien rehusó cerrar el segundo centro de abasto más grande del Gran Santiago, la Vega Central, que por concentrar multitudes propagó el virus. Su locuaz relacionador público y múltiple locatario, Arturo Guerrero, estuvo a punto de morir por el contagio.

Los eventuales acusadores aseguran que el ex ministro merece ser sometido al juicio del Congreso por “su responsabilidad política”, por “los engaños” a la opinión pública y por su “falta de probidad”, esto último, dicho públicamente por el PS Fidel Espinoza.

Probidad, así de directo, significa “honradez”, de modo tal que acusar a alguien de ser deshonrada constituye un cargo que, de no probarse, se puede transformar en un boomerang judicial.

Por mucho que, con la mayor generosidad de alma, se trate de entender el nulo contenido intelectual de diputadillas y diputadillos, resulta de un descriterio descomunal que, en las actuales circunstancias que vive el país, existan mentes tan pobres que traten de cobrar inexistentes cuentas políticas a quienes, así de simple, no soportan.

Los y las mismas que están detrás de esta anunciada acusación constitucional fueron quienes impulsaron idéntico juzgamiento parlamentario en contra de los ex ministros Emilio Santelices (Salud) y Marcela Cubillos (Educación), las que terminaron en un estrepitoso fracaso.

En el caso particular de Mañalich, desde su aparición pública en el primer Gobierno del actual Presidente, fue odiado por la izquierda por su carácter fuerte y contestatario. Se constituyó en toda una excepción, al no “dejarse trapear” por sus adversarios ideológicos. Eso, no se lo perdonan, ni se lo perdonarán.

En cuanto a la querella del alcalde recoletano Daniel Jadue, si bien el tribunal –ideológicamente muy solidario- acogió a trámite el libelo, hasta un debutante alumno de Derecho puede aventurar el destino de tan mala aventura judicial, que populacheramente le viene bien al edil comunista, pensando en su reelección.

Es de tan inmedible ridiculez la eventual acusación constitucional en contra del ex ministro de Salud, que los mismos convocantes aseguran que “no hay apuro, porque tenemos tres meses para presentarla”… Esa sola aclaración resulta suficiente para entender los bajos propósitos del anuncio.

Dicen los eventuales acusantes –según ellos, continúan reuniendo antecedentes- que Mañalich, “por sus errores”, tuvo culpa en el número de fallecidos por el virus. Omiten que de no haber sido por él, con su rápida y preventiva acción, no se hubiera importado la gran cantidad de ventiladores mecánicos e implementado camas UCI que, proporcionalmente, salvan muchísimas más vidas que las que se pierden.

Son de dominio público la ferocidad y desconocimiento del virus y el caos y desconcierto que produjo en el mundo entero. Por lo mismo, las autoridades sanitarias de los innumerables países afectados abordaron diferentes vías para atacarlo. En el caso de Mañalich, optó por el camino que mostró la Organización Mundial de la Salud (OMS): ninguna de las acciones por él asumidas obedeció a una imaginación o creatividad personal. Otro antecedente relevante que los diputadillos se encargan expresamente de omitir, es que de tener la razón, los niveles, tras la salida de Mañalich del cargo, hubiesen disminuido notoriamente de haberse tratado, efectivamente, de un mal manejo de su parte. Visto así, el grupito de eventuales acusadores tendría que estar pensando también en incluir en su libelo a su sucesor Enrique Paris.

Es más, este minúsculo número de parlamentarios olvida, intencionalmente, que el ex ministro fue obligado a integrar una mesa resolutiva con asesores, entendidos o no, que incidieron en la toma de decisiones, donde figuraban, y siguen figurando, la activista frenteamplista Izkia Siches y el médico socialista Ennio Vivaldi, sin olvidar que en las decisiones conjuntas sobre medidas sanitarias influyó un centro de estudios públicos de orientación bacheletista.

Si de perseguir responsabilidades se trata, estos acuciosos buscadores de antecedentes para acusar al ex ministro, deberían llegar más lejos, alcanzando al titular de la OMS, un reconocido socialista etiope, y alcanzar hasta Xi Jimping, el presidente de la China comunista/capitalista, donde se fraguó la criminal cepa destinada a la guerra comercial contra Estados Unidos.

Aunque a la izquierda no le ha ido bien en las últimas acusaciones constitucionales que, también por motivaciones políticas urdió, hace el peor de los ridículos al buscarle atropellos constitucionales a Mañalich, siendo que ella misma tiene atochado al Congreso Nacional con 19 proyectos de leyes que son inadmisibles por ser, precisamente, anti-constitucionales.

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