LA BELLEZA DE NO PENSAR DE LA IZQUIERDA


VOXPRESS.CL.- De acuerdo a la conducta de millares de chilenos que, con su peculiar modo de razonar, contribuyen al incremento de contagios y muertes por el virus, pareciera ser que en este país ya no resulta una belleza el ejercicio del buen pensar. Todo se lleva a cabo con una clara mala intención en un afán por demostrar que lo único digno de valor es el –discutible- racionamiento propio.

En la medida en que la epidemia crece, adquieren volumen las impugnaciones y cuestionamiento a cuanta medida que adopta la autoridad sanitaria, como si el fenómeno epidemiológico que se vino encima fuese cosa simple. Los nulos ‘razonadores’ exigen respuestas mágicas e inmediatas a un sistema de salud mucho más colindante con el tercermundismo que, siquiera, un lejano avistamiento del desarrollo. Detrás de cada juicio se advierte, clarísimo, la prevalencia de un sentimiento ideológico, ajeno a una mínima y serena reflexión.

De ello da cuenta la experiencia vivida por el profesor de Estado, escritor, intelectual y erudito Cristián Warnken, la que revela el incalculable nivel de idiotismo de muchos chilenos, no sólo incapaces de abstenerse de perjudicar al resto de la población, sino incapaces de tolerar a quien no es de su ideología política. Fue atacado por un exponente del socialismo que se llena la boca reclamando por la diversidad y la participación, pero que no hace más que demostrar, en cada una de sus intervenciones, que su ADN es irrenunciablemente vinculante a su verdad ideológica, la que no acepta la libertad de expresión.

Warnken, creador de programas como "La Belleza de Pensar" y "Una Belleza Nueva", ha entrevistado a centenares de personajes de la cultura, las artes visuales, la ciencia, la literatura y la política. Nunca nadie reparó en la sensibilidad ideológica de sus variopintos interlocutores, hasta que invitó a conversar al ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, para, a su juicio, “conocer la intimidad de la persona, sus estudios, sus aficiones y sus experiencias en el seno de la medicina”. Su conversación con dicho ministro bastó para que un socialista lo cuestionase y lo juzgara por “su nivel de degradación”.

Alfredo Joignant (PS), profesor universitario, cientista político y miembro del consejo directivo del Servicio Electoral (SERVEL), se refirió en las redes sociales a “la lamentable degradación de Cristián Warnken, a quien no logró descifrar ni comprender". Horas después, académicos, intelectuales y políticos solidarizaron con el columnista y entrevistador, valorando su rol y su fiel apego a la diversidad de pensamientos.

Sin entrar en descalificaciones, Warnken respondió a los ataques de Joignant, aclarando que "he entrevistado, en televisión, radio y prensa escrita, durante dos décadas, a personas de las más diversas visiones políticas, religiosas y estéticas, desde Volodia Telteiboim a Miguel Serrano, desde Gladys Marín a José Antonio Kast, a liberales, conservadores, creyentes o ateos. Esa diversidad ha sido para mí una escuela de tolerancia, que me ha hecho entender que quien no piensa igual a uno no es un enemigo para denostar y destruir. Los que se sienten dueños de la verdad o esgrimen una superioridad moral son, simplemente, fanáticos. En el último tiempo han surgido personas que se dedican -casi profesionalmente- a atacar, injuriar y degradar a quien ose pensar distinto. Son verdaderos 'comisarios' que recuerdan prácticas estalinistas o fascistas y que han envenenado el debate. Sorprende que una persona con formación universitaria y experiencia en medios de comunicación hable de mi 'degradación' (una palabra muy fuerte y agresiva) por haber entrevistado a un ministro de Salud en plena pandemia. Me parece que Joignant cruzó la línea de la intolerancia”.

La universidad en que el militante socialista dicta una cátedra, tiene como elementos promocionales claves la diversidad y las libertades, las mismas que son vulneradas por uno de sus miembros con mayor marketing. El autor de la descalificación a Warnken no sólo lo agravió, sino mancilló un derecho consagrado en la Constitución –ignoramos acaso se mantendrá en una eventual nueva-, precisamente el primero de los derechos individuales: la libre expresión.

Este caso de “intolerancia comprometida” no es privilegio de Chile ni de algunos chilenos. El famoso, pero no neutral, New York Times, se disculpó y, luego, despidió a su jefe de redacción porque en una columna, un senador republicano, instó a que fuesen sacados militares a las calles para controlar el estallido racial. El mismo matutino había, y sigue haciéndolo, publica notas y opiniones a favor de los negros y en contra de la policía, y ninguno de sus colaboradores ha sido cesado por ello ni la Dirección se ha excusado ante sus lectores por dichas publicaciones.

Tanto en Estados Unidos como en Chile abundan quienes no piensan antes de actuar u opinar, porque hace tiempo que el pensamiento dejó de ser una belleza, sino, más bien, un estorbo para la imposición de una ideología en particular, la que, coincidentemente, en el mundo entero suele ser la de izquierda.

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