EL APAGÓN DE LOS ESCOLARES


VOXPRESS.CL.- El 2020 se anotó, con mucha anticipación, un hito en las fechas más recordadas de la historia moderna del país. Por la descomunal anormalidad que vive la sociedad, por la cantidad de muertos, por el record de desempleo y por sus interminables cuarentenas, serán varias las generaciones que grabarán a fuego en sus memorias esta dura experiencia.

Un particular mal recuerdo de este 2020 tendrán los tres millones y medio de niños y jóvenes en etapa pre y escolar que, distribuidos en 15 mil establecimientos, vieron alterados, como nunca, su sistema de enseñanza.

El 2019, a raíz del Golpe político extremista del 18/O, casi la totalidad de ellos vio interrumpida abruptamente su secuencia de aprendizaje y cercenado su año. La gran masa de estudiantes sólo vio el 56% del calendario de materia.

Si ya en dicho período, millones de niños y jóvenes quedaron con un déficit de conocimientos, lo ocurrido en este 2020 profundiza su déficit de competencias, al punto de que el MINEDUC, ya en mayo, recortó en un 50% el contenido para todos los niveles.

En abril, y cuando todavía el virus no se sospechaba que llegaría a ser tan desastroso, el ministro de Salud, políticamente tan cuestionado, aventuró un juicio que, al tenor de los acontecimientos, resultó ser una profecía: “así como se presenta el panorama y por el impedimento de contacto directo entre personas, soy partidario de que se suspenda, ya mismo, el año escolar”. Todo lo que ha pasado con posterioridad le ha dado la razón, pero su opinión no fue considerada por razones económicas y sociales. Resultó peor el remedio que la enfermedad: las teleclases, por el momento, están demasiado lejos de las presenciales.

En 2018, Times Higher Education, revista londinense que investiga materias estudiantiles, luego de una consulta a 200 especialistas, concluyó que “la pedagogía en línea no es posible en el corto plazo”, incluyendo en el diagnóstico a la enseñanza universitaria. Vaticina que el sistema no presencial podrá estar generalizado, con eficiencia, recién el 2030.

Según cálculos de la UNESCO, la crisis sanitaria mundial sacó de las aulas a más de 1.500 millones de estudiantes, entre ellos a los chilenos. Hoy, son utilizadas como albergues.

Ante la emergencia, de la noche a la mañana los profesores tuvieron que adaptarse a clases remotas, sin tener ellos ni sus alumnos las competencias tecnológicas para convertir la anormalidad en normalidad.

La Doctora en educación Natalia Ávila fundamenta esta poco feliz experiencia en que “este tipo de enseñanza requiere de un diseño especial que los docentes no aprenden de la noche a la mañana”. Califica de “fiasco” al improvisado sistema, porque los estudiantes están todo el día sentados frente a la pantalla en una clase tras otra vía Zoom, “y eso es lo que no debería haber ocurrido”.

Como “coronateaching” motejan los profesores a las teleclases, y no son pocos de ellos los que se dedican a publicar las guías y desaparecen de la pantalla para resolver consultas de los alumnos. La realidad de los prekinder se transformó, simplemente, en un drama, porque resulta imposible mantener a pre escolares sentados frente a una pantalla. “Muchas mamás nos llamaron para ver la posibilidad de juntarnos con grupos de niños del curso en una de sus casas para que, presencialmente, hubiera actividad y dinámica”, contó una educadora de párvulos de un colegio de La Dehesa. El gran trauma para la mayor parte de los docentes es que ésta, su primera experiencia en e-learning, esté marcada por tanta problemática y adversidad.

Del lado del estudiante, el trauma no es menor, dado que, en razón de la realidad del país, hay familias que carecen de la tecnología y de los equipos para recibir clases a distancia. Se conoce de jóvenes, realmente interesados, que en sectores rurales deben subir diariamente a los techos de sus viviendas para intentar conexión con la señal, al no existir antenas repetidoras en las cercanías.

El abandono prematuro de los estudios tiene una causa mucho más sensible que las dificultades para la conexión remota o el natural desentendimiento a la pantalla por la no presencia de un profesor ‘en vivo’: la imposibilidad de pagar las colegiaturas por motivo de la crisis económica. Miles de apoderados ya optaron por desvincular a sus hijos de sus respectivos colegios.

El presente y futuro del mundo escolar es terrible: entre niños y jóvenes que no son matriculados, los que este año quedaron sin ella pese a su interés y entre los que abandonan y abandonarán sus estudios, el MINEDUC estima la cifra en un 43% del total de la población correspondiente a Básica y Media, todo un monumento a la ignorancia.

Las dificultades del no pago tiene más que complicados a centenares de establecimientos, los que destinan sus cada vez más exiguos recursos a los salarios docentes. Por total carencia de ingresos, hay establecimientos, como uno particular subvencionado de San Bernardo, que, simplemente, dejó de enviar guías a sus alumnos: está cerrado.

En tanto representantes de la Asociación de Colegios Particulares Subvencionados piden a Hacienda que se les incluya en la política de créditos blandos, la Asociación de Apoderados exige mayor fiscalización al profesorado, “porque existen demasiadas evidencias de que no están pasando los contenidos establecidos por el ministerio”, incluyendo en su denuncia a algunos liceos emblemáticos. “Hay que estar encima del docente para vigilar que cumpla su deber como corresponde” reclamaron ante la Superintendencia de Educación.

Toda esta compleja trama es la que ha configurado, si no el peor, uno de los peores años para la enseñanza escolar en el país, escenario que va en directo perjuicio de los llamados a aprender, los alumnos. En 2019, a raíz del Golpe extremista, ya no conocieron la totalidad de los contenidos de sus respectivos cursos, y este año, además de una precaria transmisión de materias, ya se les disminuyó el 50% de lo que originalmente deberían conocer. Si el presente es más que gris, el futuro es definitivamente negrísimo, puesto que todos están plenamente informados de que esta temporada no habrá repitencia. Con una muy débil preparación en su actual año escolar, encararán el siguiente, con currículos más exigente, sin la base adecuada.

Este déficit pedagógico se verá enfrentado a un escollo adicional el 2021, cual es el cierre por fatiga financiera de innumerables colegios que colapsarán a causa de la crisis económica. Habrá, a no dudarlo, una escasez de cupos de matrículas que hará aún más agudo el apagón de conocimientos que está sufriendo la niñez y juventud de nuestro país.

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