El NEFASTO CHILENO INDIVIDUALISTA


VOXPRESS.CL.- Un reciente estudio de la autoridad sanitaria realizado a 39 mil personas sometidas a cuarentenas obligatorias, comprobó que un 15% de ellas rompe el confinamiento, al menos, dos veces a la semana. Salen a la calle “por diversos motivos”, obviamente sin la autorización respectiva.

Independiente de este revelador informe, casi a diario, los propios vecinos en cuarentena o durante el toque de queda, notifican a las policías sobre masivas reuniones sociales o de encuentros grupales en domicilios o en espacios públicos.

Una empresa área arrendó un avión en $5 millones a un elenco de raperos marginales conocidos sólo en el mercado informal por la temática de sus ‘canciones’, ello para trasladarlos a una presentación en Valdivia. Los propietarios de la compañía aérea comprobaron que todos ellos portaban el salvoconducto sanitario obligatorio para viajar fuera de la Región Metropolitana. ¿Cómo los obtuvieron? ¿Con qué justificativo? Por el video que ellos mismos difundieron al despegar, su estado de excitación era muy superior al que origina un vuelo...

Hasta las lágrimas, la subsecretaria de Salud rogó que, “por favor, nadie rompa las cuarentena” y que se evite por todo los medios circular en espacios públicos, dado el vertiginoso ascenso de la curva de contagios, el aumento de los fallecidos y la masiva hospitalización en estado grave de adultos jóvenes. “La mayoría de las camas críticas, y que requieren ventilación mecánica, están ocupadas por personas entre los 26 y 40 años” reveló un jefe de una unidad UCI de un hospital público.

El recordado ‘cumpleaños’ con 500 ‘invitados’ en Maipú, el bailable de inmigrantes peruanos en Santiago Centro, el alegre asado en casa de un infectado en Las Condes y la humeante parrilla con carne en noche de queda que un grupo de amigos organizó en una multicancha en Coronel, son sólo algunos espejitos de la gran rebeldía de la actual generación, un fenómeno mundial que, como corresponde, tiene su réplica en Chile.

Criada y madurada en este siglo XXI, no sólo es la propietaria de la verdad absoluta, sino es la poseedora de la razón sin argumentos, voluntarista, irrespetuosa y, esencialmente, individualista: el del lado importa poco o nada, incluso tratándose de los padres. Su eslogan favorito es no tener miedos y, así como desafía a un virus mortal como si se tratase de un resfrío, se enfrenta sin inhibiciones a las fuerzas policiales y militares. El Ejército lleva presentada 27 querellas por agresiones a su contingente encargado de supervisar controles sanitarios.

No es una especie dispuesta a ser convencida ni menos a respetar órdenes de la autoridad. Se trata de individualistas que se asocian a otros de similares características hasta estructurar movimientos anti-todo. Con motivo de la firma del artificioso Acuerdo de Paz del 15 de noviembre, una entidad extremista se apresuró en comunicar que se acogía al “derecho a la desobediencia civil”, advirtiendo que no respetarían leyes y normas que restringiesen o limitaran los derechos humanos, con énfasis en los de movimiento y reunión.

Esta generación que no escucha ni obedece y que impone hasta por la violencia su peculiar percepción de la vida, es fácil hallarla en manadas en la Mesa de Unidad Nacional, una multigremial de pantalla, que agrupa a todos cuantos están en contra de un sistema normal de convivencia. Se desnudan en las calles, fabrican explosivos en sus liceos, consumen drogas en la vía pública y son contrarios hasta a los más elementales valores humanos. Más allá de no respetar a la autoridad, porque la invalidan, se mofan de ella, la desafían, la provocan y la insultan.

Según la sociología criolla, toda de izquierda, es una generación descendiente, directa o indirectamente, de la que vivió durante el régimen militar, y proclama no estar dispuesta a someterse al silencio y a la obediencia forzada de aquel período. La semilla de rebeldía tuvo sus primeros brotes a fines de los 80, creció progresivamente en los 90 y empezó a tomar cuerpo en este siglo XXI, específicamente el 2011, para hacer explosión el 2019.

Una definición universal de ellos, establece que “los individualistas promueven el ejercicio pleno de sus objetivos y los deseos propios, como su independencia y autosuficiencia”. Se oponen e impugnan cualquiera intervención externa sobre sus opciones, ya sean personales, sociales, estatales ​ o de cualquier otro tipo.

Un 25% de los automóviles que circulan por el Gran Santiago en cuarentena, sus conductores carecen de permiso alguno, y un promedio de 400 vehículos tripulados por dos o más pasajeros son devueltos desde las barreras sanitarias en las rutas. Confiesan que lo hacen por respeto a “mi derecho a desplazamiento”.

Según el filósofo rumano Eugen Relgis, “el individualismo hace del individuo su centro, con la premisa fundamental de que el individuo humano es de importancia primaria en la lucha por cualquier tipo de libertad”.

“El liberalismo, el existencialismo y el anarquismo son ejemplos de movimientos que toman al individuo humano como unidad central”, dice, a su vez, el sociólogo francés Gilles Lipovetsky.

Quienes con profesionalismo combaten esta epidemia -por el momento, sin freno- no sólo se enfrentan al escollo científico y a las dificultades propias de instalaciones, a medios hospitalarios precarios y a una población mayoritariamente permeable a las infecciones. También tienen que hacer frente a este nefasto sector de la población que, por su individualismo, es ciego para dimensionar la gravedad del conflicto y, por su porfiada rebeldía y temeridad, lo agrava todavía más. De paso, con su irracional soberbia y prepotencia, termina haciéndole la vida más dura a los sanos confinados.

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