LA EPIDEMIA QUE NO SE CURA CON VACUNA

May 24, 2020

 

VOXPRESS.CL.- Seguro que este título puede violentar la sensibilidad de algunos, pero después de concluir la lectura de estas líneas, es imaginable que el sentimiento será uno solo. Mientras la población se infecta y es sometida a severos confinamientos por culpa de un virus ideado por un país comunista, en Bío Bío y La Araucanía, comuneros terroristas,  también comunistas, incrementan sus acciones criminales y, ahora, en un escenario peor, no sólo quemando camiones y maquinaria de los contratistas forestales, sino, con recursos más sofisticados, atacan y destruyen estructuras estratégicas, como viaductos y antenas de transmisión satelital. Aún más, y esta vez con un autobomba controlado a distancia.

 

El terrorismo en dicha zona se ha desplegado casi a gusto, instalando centros de entrenamientos guerrillero, con material bélico de última generación y con un financiamiento que supera a los consabidos y generosos aportes de las ONG’s de izquierda, de Gobiernos europeos y del socialismo internacional. Los subversivos se aliaron con agentes del narcotráfico para incrementar sus ingresos y, a su vez, amplificar un rentable e impune tráfico en la llamada macrozona del conflicto. Ésta  abarca desde Arauco a Contulmo por el occidente y atraviesa todo el valle de Malleco hasta Collipulli  y Victoria por el oriente.

 

Los terroristas hoy no sólo utilizan las habituales capuchas, sino en un buen número visten uniformes verdeoliva de mimetización, los mismos utilizados por la guerrilla cubana y por las FARC. La dirección de operaciones sigue estando en manos de la CAM (Coordinadora Arauco/Malleco), la que planifica y dirige las operaciones de sus brigadas ORT, denominadas así por corresponder a las siglas de Organizaciones Recuperadoras de Territorios. Todas tienen sus bases en  comunidades extremistas, siendo la más conocida  la Temucuicui –liderada por la familia Catrillanca- o en movimientos más amplios y radicalizados, como Resistencia Mapuche Lavkenche.

 

Tanto los grupos de comuneros como los movimientos no sólo están integrados por mapuches comunistas, sino por huincas que,  acogiéndose a la Ley Indígena, pueden integrarse a la etnia como si fuesen nativos. En los registros policiales se consigna, también, la presencia de extranjeros entre sus efectivos.

 

Lavkenche se adjudicó un ataque explosivo en el puente Lleu Lleu con autobomba. Mediante un comunicado, expresó  que “reivindicamos la acción armada realizada en Lleu Lleu en contra de efectivos policiales al servicio de empresas forestales usurpadoras de nuestro territorio ancestral”. A la declaración se le adjuntó  la fotografía de  70 participantes en el operativo, fuertemente armados y con vestuario de camuflaje militar.  Posteriormente, fue atacado a tiros un hotel en el litoral y emboscada una comitiva de la Seremi de Salud del Bio Bío, quemaron un helicóptero en Pucón y con dinamita derribaron una antena de telecomunicaciones en Contulmo.

 

La Araucanía lleva un registro, como promedio, de 250 ataques terroristas al año y sólo el 2% de los atentados en una década -¡en una década!- ha tenido un desenlace judicial favorable.

 

Desde que se decretara (18 de marzo) el Estado de  Catástrofe en todo el país, con toque de queda,  en el entorno de Arauco se han contabilizado diez  ataques, que involucran cortes de camino, disparos a camionetas, quemas de cabañas y de automóviles, incendio de un camión frigorífico cargado con jibias, el ataque a tiros al Hotel Cüref de la caleta Quidico y el descarrilamiento de un tren en Ercilla, todo  ello al margen  de la ya consignada emboscada con armas de fuego a una camioneta con la Seremi de Salud de Bío Bío en su interior.

 

Por lo sugerente, es bueno recordar que la ola de  ataques terroristas en La Araucanía tuvo una pausa entre octubre y enero pasados. Las pocas investigaciones de cierto éxito sobre su accionar, dan cuenta de que sus efectivos se trasladaron a Valdivia, Concepción y Santiago para reforzar a los extremistas que en ese período pujaron por sacar al Presidente del poder.

 

Luego de retomada con más violencia  sus operaciones en la macrozona, llegó hasta allí el ministro del Interior, Gonzalo Blumel –junto con Rodrigo Peñailillo, han sido los más livianitos en ocupar esa cartera desde 1990- para, finalmente, emitir un juicio con gusto a nada: “Carabineros –dijo- carece de los instrumentos para contrarrestar ese tipo de acciones armadas”. Eso no es así ni nunca ha sido así, porque la policía uniformada posee el potencial humano y material para desbaratar la guerrilla, pero no lo puede concretar por impedimentos políticos y por la inhibición de su personal, tras los desastres de la Operación Antorcha y del caso Catrillanca, con (ex) funcionarios enjuiciados.  

 

Desde 1990 en adelante, todos los Gobiernos han sufrido de pánico ante la ONU, entregándose de manos atadas a todo lo que ésta ordene, naturalmente en beneficio a sus propios intereses, probada y conocidamente de izquierda. Los Altos Comisionados han manifestado un especial cuidado en proteger a los comuneros terroristas.

 

La moral de Carabineros en La Araucanía está por los suelos, luego de la muerte de Camilo Catrillanca, y de la consiguiente baja de funcionarios a raíz de ese hecho: cayó hasta su Director General. Recientemente, una patrulla detuvo por ebriedad a Marcelo Catrillanca, a su hijo menor y a un amigo por conducción en estado de ebriedad: el personal no se atrevió a llevarlos detenidos a la comisaría. Al día siguiente se certificó que la camioneta era robada.

 

El escenario es devastador para los soñadores del olvidado plan antiterrorista en La Araucanía. Al margen de que los guerrilleros cada vez más cuentan con mayor financiamiento por el narcotráfico y con mejores recursos bélicos, el Gobierno sólo quiere parlamentar para no echarse encima a la izquierda y a la ONU, todo ello en medio de una desoladora y explicable inacción de Carabineros que no puede actuar como se debe ni puede hacerlo como es capaz, porque se le tiene prohibido.

 

 

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