EL DERECHO DEL SOCIALISMO A OCULTAR LA VERDAD


VOXPRESS.CL.- El domingo 26 de abril, día en que originalmente se iba a realizar el plebiscito constitucional, en la remozada y normalizada Plaza Baquedano se hizo presente un grupo de extremistas con overoles blancos para ‘conmemorar’ una fecha en que nada se celebraba (en la foto). Eso en lo formal, porque en el fondo esa movilización política correspondió a una advertencia de que el movimiento desestabilizador de la democracia, está vivo. Al estarlo, se vendrán días conflictivos, no descartándose la reanudación de la violencia, pese a la permanencia de la crisis sanitaria.

Estos días de temor por el retorno al vandalismo, coincidirán con una segunda discusión por la reprogramación de las fechas electorales, entre ellas, la consulta popular por una nueva Constitución.

Este instrumento es el único caballo de batalla que le queda a la izquierda para apoderarse del poder y perpetuarse en él, de tal modo que está firmemente aferrada a esa opción de supervivencia. Cuando se inició la pandemia en el país y todavía no se tomaba la decisión de aplazar el plebiscito, el PC y el frenteamplismo hicieron circular un video en el cual argumentaban, sin argumentos, que “de haber tenido Chile una Constitución nueva, no hubiera sufrido la llegada del virus”…

Más allá del embuste, la izquierda tiene tal certeza de que mediante una nueva Constitución va a implantar en el país el modelo socialista, que no cederá fácilmente en una nueva postergación de la fecha para votarla (25 de octubre) y dificultará cualquiera recalendarización, porque dicha consulta popular tiene que coincidirle con ‘tiempos políticos’ favorables. Para el extremismo, la fecha primitiva resultaba ideal, por estar el país sin salir aún del clima generalizado de efervescencia social y descontento, tras el Golpe del 18/O.

Desde el Frente Amplio se notificó al país que, ahora, hay que “tener cuidado”, porque con el “retorno seguro” (?) o “nueva normalidad”, se crearán las circunstancias para que vuelvan las protestas, en tanto una dirigente gremial comunista advirtió que “la violencia no entró en cuarentena”. Para comenzar a encender el clima “de resistencia” y el regreso de los primera línea a las calles, la emergente figura del Frente, la activista y médico Izkia Siches, y la diputada tercera edad y abogada Carmen Hertz (PC), con sólo horas de diferencia, denunciaron haber sido amenazadas de muerte, un recurso añejo en la política, que nunca termina por comprobarse y que por tratarse de una maniobra mañosa para posicionarse en un primer plano, no suele dar réditos. La doctora va a la reelección como presidenta del Colegio Médico y, por ende, cree que su victimización puede ayudarla.

Es indispensable detenerse a reflexionar sobre la afirmación comunista y frenteamplista en cuanto a que “con una Constitución socialista”, la pandemia no habría llegado a Chile… El punto de inflexión es que los paraísos de izquierda no sólo no se salvaron de ella, sino algunos fueron duramente afectados e incluso en una de esas dictaduras se generó. Ello prueba la falacia simplista de que un “documento democrático” sea capaz de evitar un contagio o enfermedad, pero sí oculta, miente y engaña al mundo acerca de sus respectivas realidades.

Semanas permaneció congelado el cadáver de Leonid Brehznev, el dictador soviético, esperando que el Comité Central del PC decidiese a su reemplazante; resultó escandaloso el juego de ataúdes y cortejos fúnebres del chavismo para desconcertar sobre la muerte, aún sin causa oficial, de Hugo Chávez, y nadie supo el número de casas de seguridad de Fidel Castro y tampoco cómo, ni cuándo, ni dónde ni de qué falleció. Ahora, con el misterio sobre el heredero de la dinastía Kim Jong-Un de Corea del Norte, ocurre lo mismo.

De Nicaragua, al mando del ex guerrillero sandinista Daniel Ortega, se sabe que tiene prohibido el acceso a templos católicos, pero permite multitudes en centros deportivos para boxeo, sin entregar un solo dato sobre la pandemia. De Cuba no hay información oficial sobre víctimas, pero los turistas –entre ellos, una extremista chilena- sólo quieren huir desde allí, en tanto Venezuela solicita ayuda desesperadas porque sus ciudadanos, sin cuenta alguna, están muriendo como moscas. En Argentina, con el retorno del socialismo peronista, su Presidente decidió que “haya más pobres antes que más muertos”, pero por la precaria situación de la salud pública de su país, la OMS calcula que los contagiados son tres veces más que los revelados oficialmente y los fallecidos, al menos el doble.

La China de los comunistas capitalistas –que enviaron a su solidaria Argentina, y en avión propio, un obsequio de dos millones de mascarillas- es el arquetipo del oscurantismo, el mismo del que acusó la activista Izkia Siches al ministro de Salud. No sólo fue la comprobada generadora de tan devastadora pandemia, sino ha modificado en dos oportunidades las cifras “oficiales” de fallecidos y, curiosamente, el virus jamás salió de la provincia de Wuhan. Pero en ese solo territorio en 48 horas desaparecieron 2 millones de números de teléfonos móviles y se incineraron 2 mil cadáveres sin identificar. A los pocos días de que, desde Beijing, el Presidente Xi Ping declarase el retorno a la normalidad, se informó de apariciones de rebrote. De los 100 ‘voluntarios’ que fueron inoculados con un experimento de vacuna anti- covid nunca más se supo…

Mientras este tipo de manejos tan descarados de situaciones gravísimas son habituales en regímenes socialistas, acá en Chile, cada mañana, y puntualmente, el ministro de Salud y sus voceros son bombardeados, sin piedad, a un bombardeo en un obsesivo intento político por descubrir algún error en sus cuentas ceñidas a estadísticas reales y comprobables.

Chile, y es así, ha sido puesto como ejemplo por el manejo de la crisis sanitaria, por su sistema de prevención y por la exactitud en sus pronósticos de evolución de la pandemia, pero ello no parece ser suficiente para aquellos que en su ADN llevan el sello de los sistemas que ocultan, distorsionan y engañan a su población. Son los mismos que pregonan por una nueva Constitución.

La gran, y salvadora, diferencia entre una y otra Constitución es que la democrática, como la chilena, le garantiza a todos el derecho a ser informados, en tanto, la otra, la socialista, les asegura a sus ciudadanos el derecho a no hacerlo.

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