EL ‘NUEVO CHILE’ ES EL MISMO DE SIEMPRE

April 19, 2020

 

VOXPRESS.CL.- Los extremistas que planearon y ejecutaron el Golpe del 18/O quedaron convencidos de que, al fin, habían fundado un nuevo país, ahora más solidario y con mayor bienestar, como cualquier régimen socialista…  Bastaron que pasaran cuatro meses para que se presentara, con toda su desnudez, el Chile a medio desarrollar y con sus precariedades a la vista, ello a raíz de una pandemia que tiene a todo el mundo casi en ruinas.

 

Los ‘idealistas’ que a punta de incendios y saqueos quisieron sacar al Presidente para reemplazar el sistema democrático, es de confiar que se hayan percatado de que lo que hicieron fue iniciar el cavado de un pozo en el cual se está hundiendo socio/económicamente el país. Más que los perjuicios y la aparición del hambre originados por el virus, Chile ya ha empezado a pagar un costo inédito en lo social, humano y económico, como nunca antes lo había vivido. Esta cruda realidad es más terrible que el conteo de contagiados y fallecidos por el virus.

 

Produce escozor escuchar cotidianamente un cúmulo de sandeces que salen de la boca de improvisados expertos en que se han convertido comunicadores, alcaldes, políticos y cualquier personaje que aparece haber tenido su lengua en una cuarentena de años. Una vociferante abogada de la Defensoría de la Niñez atacó duramente a todas las autoridades “por el manejo de la crisis” sin reparar que, como nunca, en este trance los menores son los mejores salvaguardados, y el vicepresidente del Colegio Médico las emprendió contra “los ricos que huyen en helicópteros”.

 

En este apetito por opinar, casi todos -menos los que entienden del problema y le buscan soluciones- se empeñan en cuadrar el círculo: exigen cuarentenas a granel y, luego, reclaman que el hacinamiento originado por ellas tiene a la gente sin trabajo y, por tanto, sin dinero para alimentarse. Felizmente, más temprano que tarde se recurrió al buen criterio de flexibilizar los confinamientos, porque los costos del encierro estaban saliendo más caros que los de salud: violencia intrafamiliar, daños psíquicos, castigos a los hijos y excesivo consumo de alcohol.

 

Con gran obsesión se insiste en competir estadísticamente con los contagiados y fallecidos en Estados Unidos, Inglaterra, Italia y España, ignorando un dato tremendamente clave: en ninguna de esas potencias se le dio importancia a la aparición del virus y la reacción de sus autoridades fue increíblemente tardía. En cambio, un país que estaba sacando su cabeza hacia el desarrollo y todavía medio hundido, tuvo gente lista, visionaria y previsora, como Jaime Mañalich, que alertó a todos y adoptó las primeras acciones locales, cuando en la misteriosa China aún el virus tomaba vuelo: el  ministro advirtió, con probables números, cómo y cuándo la pandemia llegaría, y lo que se requería para combatirla.

 

La realidad de este ‘nuevo Chile’ es la misma que la del anterior y la misma de todos los anteriores: pocas camas UCI, escasez de respiradores mecánicos y falta de hospedajes para internar a sospechosos y contagiados. Salud, y muy a tiempo, empezó a dar la pelea “a la chilena’, y aún sigue dándola porque el país no es grande, ni menos una potencia: a la rápida se forman expertos en manejo de ventiladores y los egresados de Medicina entran al ejercicio de la profesión sin titularse.

 

Resultó insólito que el MINEDUC adelantase para abril las vacaciones de invierno de los escolares. No obstante, se vio obligado a hacerlo, ya que la enseñanza on line llega a muy pocos estudiantes -una mayoría carece de las herramientas-, porque los profesores no están capacitados para hacerlo y muchos envían  las guías por internet y desaparecen de su computador sin resolver las consultas, las mismas tan habituales en un aula. La solución inmediata al problema, fue poner en el aire un canal público de TV con material didáctico… ¡al igual que hace 50 años con Teleduc! El Chile de siempre.

 

Éste es el país real azotado con rabia por la peor epidemia que se recuerda. Como ya estaba mal parado por obra del extremismo de izquierda, cayó de bruces en la peor catástrofe económica de su historia: cuando aparecieron las primeras ollas comunes, la crisis del salitre, es, ahora, un cuento de niños al lado de ésta…en la cual ya hay funcionando ollas comunes.

 

Aunque el país ha progresado y es más moderno, sin duda, no cuenta con tecnología de punta, ni con una asistencia hospitalaria pública a la altura de los súper desarrollados, y por décadas de décadas mantiene bolsones de pobreza donde las familias viven hacinadas en viviendas sociales que las sacaron de la miseria, pero no las hicieron menos pobres.

 

Éste, el de hoy, es el mismo Chile de muchos años atrás, sólo que el lechero no deja las botellas en los pórticos de las casas. Pero la energía eléctrica continúa dejando sin luz a comunidades enteras, el agua potable es un lujo faraónico en muchos sectores y la congestión en el transporte público –en días normales- es la misma que en las cacharrientas góndolas de los 50.

 

Indigna escuchar discursos necios que exigen medidas acordes a la modernidad del país, siendo que se trata de un país todavía pobre, ahora con pocas fuentes laborales. Es vergonzoso escuchar tanta ignorancia entrometida entre los poquísimos que se esfuerzan en aportar su inteligencia para poder equilibrar factores sanitarios y sociales tan contrapuestos que están, hora a hora, en juego. Que levante el dedo quien tenga la fórmula de hacer encajar piezas en este puzzle: la cuarentena es indispensable para evitar los contagios, pero impide que la gente trabaje y, sin éste, no recibe remuneración alguna para alimentarse. Quien sea capaz de resolverlo sí puede considerarse habitante del nuevo Chile descubierto por los extremistas el 18/O. 

 

 

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