EL ERRÓNEO DIAGNÓSTICO SOBRE LA SALUD DEL PRESIDENTE

March 22, 2020

 

 

VOXPRESS.CL.- Los niveles de confrontación, odiosidad e intolerancia se salieron de madre con la consulta presentada al Senado por un trío de diputados para que la Cámara Alta se pronuncie acerca de la posibilidad de inhabilitar al Presidente de la República por, supuestamente, tener una enfermedad mental. Aunque podría pasar por una simple anécdota, esta petición inédita en la vida política del país, refleja la ignorancia y falta de pudor de congéneres de quienes son rechazados por la ciudadanía, con un miserable 2% de aprobación: “¡que se vayan todos!” es el grito de la gente.

 

Tratándose de la Cámara de Diputados, donde se gestó esta inverosímil iniciativa, es, por lejos, la menos indicada para denunciar la paja en el ojo ajeno, conociéndose los bajísimos estándares de todo tipo de quienes la componen, partiendo por un deteriorado mental por causa de las drogas.

 

Resulta de la mayor incredulidad que los senadores de la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia tengan que malgastar horas que deben dedicar a materias urgidas por la situación del país, a indagar sobre esta inédita demanda y adentrarse en el Derecho Comparado para tener luces sobre el tema. Casi en forma unánime y transversal se ha coincidido en que “lo poco que se conoce es muy vago”.

 

La Comisión tendrá que emitir un informe que aclare cómo se debería aplicar el mecanismo para inhabilitar al Presidente de la República por “impedimento físico o mental”.  Ello, ante una “solicitud formal” de la bancada de diputados de la Federación Regionalista Verde Social (FREVS), y se justifica por el “comportamiento errático” de Piñera para enfrentar la crisis social”  (¿?)…Se apoya en el artículo 53, numeral 7 de la Constitución, que establece que “el Senado tiene la atribución de declarar la inhabilidad del Presidente de la República o del Presidente electo, cuando un impedimento físico o mental lo inhabilite para el ejercicio de sus funciones”.

El artículo 53 no detalla cómo proceder, quién lo puede solicitar,  qué profesionales médicos deberían intervenir y con qué quórum debería pronunciarse la Sala.

 

Aludido por esta presunción de tres diputados opositores de “enfermedad mental”, el Presidente respondió que “estoy muy bien de salud, pasé todos los controles habituales de mi edad, soy piloto de helicóptero y hago deporte periódicamente”.

 

Tanto los diputados regionalistas verdes, encabezados por Jaime Mulet (ex DC), como el propio Presidente, erraron rotundamente en el diagnóstico, porque se subentiende que el Mandatario no está enfermo, y él mismo recogió la piedra equivocada, al declarar que para superar los exámenes para conducir una nave aérea “hay que estar cieno por ciento bien de salud”. En rigor, ninguna de las partes debió utilizar el factor sanitario como razón.

 

El error parte de haberse asido la solicitud opositora de una definición de la Constitución que hace expresa referencia a un impedimento físico y no a una inhabilidad política, como, se supone, fue el propósito de los autores. La denunciada “conducta errática” del Presidente ante la crisis política, y no social, no es de origen mental o físico, sino consecuencia de una gravísima carencia suya, la de visión política.

Hay dos expresiones claramente descritas por la Academia Española de la Lengua que les dan la razón a los diputados, pero sólo ‘etimológicamente’. Define inhabilidad como “falta de talento o instrucción” e inhabilitar, como “declarar a alguien inhábil o incapaz de obtener o ejercer cargos públicos, o de ejercitar derechos civiles o políticos”.

 

Sin embargo, ninguna de ambas acepciones son las que figuran en la Constitución como causales para aplicarlas al actual Presidente. Este rotundo error de diagnóstico, y del cual se aferraron los regionalistas verdes, es de una bajeza increíble, porque denuncian públicamente al Mandatario  de un supuesto daño mental.

 

La trágica situación a que ha llegado el país, tiene dos brazos responsables: uno, el extremismo de izquierda, que decretó el Golpe del 18/OC para derrocar al Presidente, con su secuela de violencia sin control,  y, por el lado de éste, su falta de coraje para frenar la rebelión civil  con las herramientas legales y democráticas que le confiere, y lo obliga, la Constitución.

 

Efectivamente, el Presidente sí adolece de una falla, y grave, pero ésta no es física ni mental, sino el haber renunciado  al camino doctrinario, recto e irrenunciable  en el cual confiaron quienes votaron por él en diciembre de 2017.  Jamás, ni en la peor de sus pesadillas, soñaron que su Presidente se rendiría tan fácilmente para salvar las raídas pilchas de su ego herido.

 

Si alguna vez creyó serlo, políticamente hoy el Presidente es una ruina. En una entrevista en horario prime de la TV se vanaglorió del buen momento de Chile antes del 18/O y, simultáneamente, alabó una nueva Constitución “porque nos dará un Chile mejor”, y consciente de que el Congreso opositor  afila más sus armas para bloquearlo, se permitió  anunciar las tres nuevas etapas de la agenda de su Gobierno, “porque sé cuál es el norte, tengo claro el rumbo y mantengo firme el timón”...

 

La ceguera política y el auto engaño no son enfermedades propiamente físicas, de tal modo que el Presidente puede estar tranquilo de que la vaga norma constitucional para inhabilitarlo lo excluye. Pero sí es causal de despido una de las más grandes decepciones electorales que ha experimentado una mayoría de chilenos que nunca imaginó que la locomotora la terminaría conduciendo un niño.

 

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