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LA RENUNCIA DE UNA DERECHISTA VALIENTE

March 7, 2020

 

VOXPRESS.CL.- Los perros dejaron de ladrar, porque Marcela Cubillos Sigall dejó de cabalgar al interior del Gabinete ministerial del Presidente Piñera. Su renuncia como titular de Educación no fue un desenlace imprevisto, aunque sí lamentable porque puso fin al ciclo  de una de las pocas personas con coraje para enfrentar a la odiosa izquierda. Con gran entereza,  siempre tuvo una respuesta contundente y con el tono acorde a la cacería política de que fue objeto desde el primer día.

 

La ex ministra interpretó cabalmente lo que se entiende  como Gobierno de derecha, y para peor permanentemente acosado, pero terminó decepcionada del giro que tomó el Presidente en su inocente creencia de que, corriendo la valla, lograría los exitosos acuerdos que lo llevarían a su lucimiento personal nacional e internacionalmente.

 

Sin dudas, el fierro más caliente de todo Gabinete es la Educación, y más aún en el narco con que la recibió Marcela Cubillos, por la expresa instrucción presidencial de corregir los aderezos populistas y arbitrarios que dejó atados la administración socialista.

 

Convencida a full de los cambios conducentes a la todavía lejana educación de calidad, Cubillos se jugó a fondo, sin transar, lo que le costó el odio –porque ésa es la palabra- de los secundarios, de la CONFECH y del Colegio de Profesores, que la persiguieron sin piedad con el patrocinio  del Frente Amplio, el PC y el PS. Fracasó una acusación constitucional en su contra y  siempre fue el blanco a aniquilar por parte del extremismo y de la oposición, y ello por un motivo distintivo: fue una excepción en un Gabinete blandengue, obsecuente y timorato. Fue ella  la única que se negó a seguir al pie de la letra las instrucciones del Presidente en cuanto a hacer, una y otra vez, guiños a la izquierda para posibilitar la navegación de la nave gubernamental.

 

Actuó así por la convicción de que  a la izquierda en general y a la oposición en particular había que enfrentarla y, si era necesario, desafiarla, y no vivir del entreguismo y de las concesiones. Era partidaria de la mano dura contra los encapuchados extremistas que se tomaron y arrasaron liceos, y de los más emblemáticos, pero terminó siendo superada por la conveniencia política de un entendimiento entre los alumnos subversivos y el sostenedor municipal.

 

No flaqueó con motivo de una huelga nacional, aún con desconocidos motivos, del magisterio, al punto que dejó en ridículo al Colegio de Profesores, al llevar  adelante un paro…en medio de las vacaciones invernales de los estudiantes.

 

Por carácter, por una visión clara de la política de derecha y por el buen hábito de expresarse con coraje y sin rodeos, Marcela Cubillos siempre se sintió ‘pintada’ para integrar el Comité Político de La Moneda, un grupo de ministros obsecuentes y casi pateros ante la voz presidencial.  Jamás sintió que sus colegas se jugasen alguna vez por ella en materias sensibles para el Gobierno.

 

La falta de sintonía con el Gobierno, siendo del Gobierno,  llegó al extremo cuando eximió al MINEDUC de todos los conflictos originados por el extremismo en la última PSU. En medio de la batahola no tuvo empacho en dejar en evidencia la exclusiva responsabilidad del CRUCH y del DEMRE, revelando que “el ministerio le ofreció a los rectores, con la debida anticipación, reforzar la seguridad en las sedes de rendición de la prueba, pero se negaron, aduciendo que la presencia policial azuzaría más a los manifestantes”.

 

Aunque la hostigaron para que se inculpara,   blindó a su Secretaria de Estado sobre la ilegitimidad del proceso y aclaró, las veces que fue necesario, que “la culpa total es del CRUCH y del DEMRE”.

 

A Marcela Cubillos terminó resultándole nauseabunda la presencia, e influencia, de centristas con claras inclinaciones socialdemócratas, orientando el accionar del Gobierno. Resultaba indisimulable su molestia por el rumbo que decidió tomar el Gobierno ante el plebiscito constitucional y su proceder para recuperar el orden público. No recibió con agrado la instrucción de prescindencia sobre el referendo del 26 de abril (“yo no soy neutral” le respondió al Presidente) y consideró “inaceptables” las expresiones de la ministra vocera en favor de una nueva “e histórica” Carta Magna. Cubillos le manifestó su disconformidad al propio Mandatario, incluyendo críticas al titular de Interior, Gonzalo Blumel por su permanente tibieza.

 

El Presidente e Interior recibieron casi con alivio la oficialización de su renuncia, pues la percibían como una “incomodidad” para  sus gestiones con la oposición.

 

En su interminable esperanza de lograr la paz social, tanto Piñera como Blumel creen ver en la salida voluntaria de Cubillos una puerta abierta para aminorar la violencia del sector estudiantil, el cual, desde marzo de 2018, exigía su cabeza como condición para cualquier acercamiento.

 

La asunción del subsecretario Raúl Figueroa a la titularidad del MINEDUC revela que la renuncia de Marcela Cubillos nada tuvo que ver con el ministerio ni con la educación en sí, sino con un problema de convivencia ideológica  al interior de un Gobierno que, progresivamente, y con más relajo después del 18/O, ha dado cada vez menos señales de ser genuino emblema de la auténtica y tradicional derecha. Su decisión tuvo el valor de que, al fin, alguien desde las entrañas del Ejecutivo  tiene la valentía de decir las cosas por su nombre.

 

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