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EL CHANTAJISTA OPORTUNISMO DE LA EX CONCERTACIÓN

March 7, 2020

 

 

VOXPRESS.CL.- ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué irá a pasar? Dos interrogantes que gran parte de la población se hace con progresiva incertidumbre, ante  una crisis política que mantiene en vilo a una inmensa mayoría que percibe, desorientada, que Chile cae y cae en todos sus niveles, cual tobogán sin fin.

 

Nadie escucha a otro, en tanto el escenario de violencia fuera de control sigue entregado a la resistencia y agobio de las policías como única alternativa, estérilmente viable, para recuperar una normalidad que no se divisa. Los partidos opositores –excepto el PC y el Frente Amplio- dicen “no estar de acuerdo con la violencia, como si ello fuese un mérito merecedor a un premio, pero no actúan para exterminarla. El Presidente, en lugar de imponer la autoridad en todas las formas expresadas en la ley, es el primero en demostrar su miedo al extremismo, al conmemorar los diez años del maremoto del 27/F desde una nave de la Armada, lejos del borde mar,  para esquivar las manifestaciones.

 

Así como de pan y cebolla no vive el hombre, tampoco se podrá recuperar el orden público a punta de llamados a la unidad a quienes, precisamente, rehúsan  cualquier tipo de avenimiento. En el marco de este pantano en el cual se hunde, hora a hora, el país, la política ha revelado su peor cara: individual o sectorialmente, todos quieren obtener algún dividendo, pero no para el país.

 

Son escasísimas las opciones de caminos que lleven al término de una crisis que partió siendo política y que hoy, por sus consecuencias, derivó en una de magnitud social gigantesca. Una de esas poquísimas luces que ofrece el túnel la tienen en sus manos los líderes políticos con capacidad de mando y de convencimiento. Pero como éstos no existen, la política –politiquería en este caso- opta por llevar agua a sus propios  molinos y no al del país.

 

Dramática evidencia de ello fue una carta pública firmada por dos centenares de personajes y personajillos de la ex Concertación, coalición gobernante desde marzo de 1990 hasta marzo del 2011, período más que suficiente para haber hecho historia y consolidarse poco menos que de por vida en el poder.

 

Este grupo de viejos tercios que manejan los hilos de la oposición en el Congreso Nacional creyeron que por ese hecho, por presencia iban a incidir en las odiosas conductas de los extremistas. No fue así, y hace tiempo que no viene siendo así. Dos factores terminaron por cortarle el cuello a esta generación concertacionista: el haber gobernado dentro del modelo neoliberal y el surgimiento de la (ex) Nueva Mayoría, con la incorporación activa del PC.

 

El 2005, el entonces Presidente Ricardo Lagos (doble militancia PPD/PS), entre vítores y con un incondicional apoyo de su sector, modificó la Constitución de 1980 y calificó la firmada por él como “democrática”, al excluir de su texto los enclaves autoritarios de la anterior. Nadie de la izquierda, en dicha oportunidad, levantó un dedo para exigir una hoja en blanco: el PC no era parte de la coalición y no existía el Frente Amplio.

 

Para preservar su permanencia en el poder, los jefes de partidos concertacionistas peregrinaron hasta las oficinas de la Secretaría Mujer de la ONU para convencer a Michelle Bachelet (PS) que se presentara de candidata presidencial. Ésta, asegurándose de no correr riesgos y de fracasar en su segundo intento, puso como condición que la plataforma de la coalición se ampliase “hacia todas las sensibilidades” y que “nadie de pensamiento de izquierda, quede al margen”.

 

La plataforma electoral llegó a los extremos, accediendo a la nueva coalición el PC y todos los emergentes movimientos autónomos extremistas, enquistados en la educación, a quienes, en su condición ya de candidata, Bachelet los definió como “mis chiquillos”. Son quienes hoy se agrupan en la montonera del Frente Amplio.

Si bien el escándalo familiar incidió en su crisis de gobernabilidad, Bachelet sufrió el impacto de las constantes fracturas al interior de la (ex) Nueva Mayoría y terminó  esterilizada por la disputa entre quienes la empujaban a subirse a la retroexcavadora y los cautelosos que veían oscuro el futuro de la mano de una revolución. Según la ex Presidenta, los únicos que “siempre me fueron leales fueron los comunistas”.

 

En esa pugna de poderes se selló la suerte de los ex concertacionistas. La primera víctima fue Ricardo Lagos, a quien el PC le echó abajo sus aspiraciones de ir a una primaria de la izquierda que nunca se realizó, porque el comunismo  designó a dedo al candidato  Alejandro Guillier. Ahora, en que el ex Mandatario ‘sonaba’ como alternativa de consenso para encabezar un eventual Gobierno de transición, otra vez la misma colectividad lo sepultó, al hacerle público la elusión, por años, de contribuciones de propiedades en Caleu.

 

El rol que están protagonizando los ex concertacionistas no parece ser más que un oportunista lavado de imagen ante la ciudadanía, mirando hacia un futuro incierto. Aparecen uniéndose al llamado presidencial respecto de un frente común de unidad nacional contra la violencia, pero continúan hostigando al Ejecutivo desde el Congreso Nacional, y en su carta agregaron “la necesidad de cumplir con las demandas sociales y hacer reformas políticas profundas”.

 

Lo decepcionante para ellos es que, en lugar de encontrar eco, incluso  en sus propios partidos, recibieron críticas y la consabida molestia por no haberlos consultado antes de divulgar la carta pública. Peor, imposible: su convocatoria no la comparten sus colectividades, las mismas que si bien de boca manifiestan estar en contra de la violencia, actúan con  la certeza de que ella es la única vía para forzar la salida de la derecha desde el poder.

Más dura fue la reacción de los promotores directos de la violencia, el PC y el Frente Amplio, quienes aprovecharon la publicación colectiva para condenarlos como “parte de la autoría” de la situación actual, “porque durante 30 años manejaron  el poder y nunca hicieron algo en favor del pueblo”. Así se los enrostró el alcalde recoletano, Daniel Jadue (PC).

 

A propósito de este jefe comunal, viajó a Osorno para participar en un conversatorio a favor de una Asamblea Constituyente, ocasión en que un menor lanzó una bomba Molotov al local del encuentro. El joven autor fue rápidamente ubicado y detenido y llevado a la Justicia, y el Gobierno se apresuró en expresarle su solidaridad al edil, lo que no ha hecho nunca con las decenas de carabineros y locatarios comerciales que han sido víctimas de artefactos explosivos.

 

No sólo los ex concertacionistas son unos oportunistas.

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