LA CAMPAÑA DEL HONOR, NO DEL TERROR


VOXPRESS.CL.- Nicolás Vial Correa es su nombre. Estudió Periodismo en la Universidad de Los Andes, donde, se supone y dada la génesis y naturaleza de dicho plantel, recibió la enseñanza de valores inherentes a su profesión, como la ética y la objetividad. Parece no ponerlos en práctica en su condición de conductor del noticiero vespertino de la señal cable de TVN: al entrevistar a una parlamentaria de Chile Vamos, la interpeló “¿cómo lo harán para demostrar que la de ustedes no es una campaña del terror?”, ello en alusión a la franja televisiva en favor del Rechazo.

El episodio, limítrofe con la insolencia, es un fiel reflejo de la contaminación ideológica de quienes manejan e inducen las comunicaciones. Todos, enmascaradamente o a cara descubierta, ya tomaron una posición, coincidente con la de la izquierda.

Es una pequeña evidencia de la orquestación del extremismo para hacer desaparecer la actual Carta Magna y, a través de un nuevo contenido, arrasar con el modelo neoliberal y sustituirlo con el ansiado totalitarismo, el gran sueño frustrado de Michelle Bachelet y, ahora, puesto en ejecución por el Foro de Sao Paulo en Caracas y oficializado a la fuerza por un supuesto Gobierno de derecha que se doblegó ante la mayoría opositora del Congreso Nacional a condición de que terminara lo que nunca va a terminar: la violencia política.

Tan bien urdida pillería izquierdista, incluso, ha hecho sucumbir a algunos alcaldes de derecha, y de ultra derecha algunos, que se han unido a la causa del adversario en la convicción de que su populismo (“nosotros conocemos a la gente porque estamos en permanente contacto con ella y sabemos lo que quiere”) los puede catapultar a la reelección en octubre próximo. Uno de ellos, el más inconsecuente de todos, Joaquín Lavín, ha llegado a afirmar que “con una nueva Constitución tendremos un mejor país”…

A raíz de su percepción, fue un mal país el que lo eligió jefe comunal en tres ocasiones –una vez por Santiago y dos por Las Condes-, al que aceptó servir como ministro de Educación y al que quiso ofrendarse frustradamente en dos oportunidades como diputado y senador.

Como tantos otros al igual que él –entre ellos, el senador Manuel José Ossandón y el alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado- no quiere convencerse de que ninguna Constitución es el texto oficial de demandas sociales.

Desespera y enerva ser testigos de que funcionarios públicos de cierta relevancia y, supuestamente, con alguna preparación, le hagan el juego a la izquierda en cuanto a que una eventual nueva Constitución le mejorará automáticamente sus condiciones de vida.

La populista visión de este montaje ideológico se agrava todavía más con la omisión que hacen sus patrocinadores acerca del procedimiento escogido por el Congreso para determinar quiénes serán los encargados de redactar un eventual texto constitucional, una Convención Constituyente o una Asamblea Constituyente. Por cualquiera de las dos vías, una más peligrosa que la otra, se llegará al mismo objetivo: poner fin al sistema actual de institucionalidad. Éstos, los autores del ardid, no han tenido empacho en anunciar que su propósito es materializar un modelo socialista.

Ya hay interesados en integrar la Convención Constituyente: una de ellas es Josefa Errázuriz, una liberal socialista que por malversación de fondos dejó casi en la ruina a la Municipalidad de Providencia.

Según la mirada que de éste tiene Joaquín Lavín, ello garantizará "un mejor país”, como Cuba, cuya dictadura notificó a su pueblo que hasta abril no habrá abastecimiento de ningún artículo para el aseo personal, o como Venezuela, cuyo tirano Nicolás Maduro anunció la privatización de su tesoro negro, el petróleo, única alternativa para hacer caja ante la gigantesca crisis económica de su totalitarismo. A nadie en Chile se le ha ocurrido explicar al público la inaudita contradicción de un socialista privatizando…

Son apenas dos ejemplos de los resultados de Constituciones hechas “por el pueblo”, la gran tragedia que arriesga el país por las posibles acciones de una Convención Constituyente o, peor aún, de una Asamblea Constituyente. Una Carta Magna no es más democrática o menos democrática, sino debe ser más o menos inteligente para permitir una evolución generalizada del Estado y de la convivencia ciudadana. ¿Qué la Constitución tuvo enclaves autoritarios? Sí, claro, y ello nadie lo discute, pero sus redactores planearon esos estatutos de garantías para asegurarse de que en Chile nunca más volviese a asumir un régimen marxista que lo primero y único que hizo fue violar la Constitución, sin existir mecanismos contemplados en ella para frenar ese abuso.

Esa Constitución, con los enclave autoritarios eliminados el 2005 por Ricardo Lagos, permitió dotar al país de un modelo de vida, pasando del retroceso al progreso. Chile, envidiosamente, llegó a ser motejado como el ‘tigre latinoamericano’ y su economía emergente lo llevó a ser aceptado en la OCDE, saliendo de la lista de países tercermundista.

Esa Constitución no fue redactada por una sola persona, como siniestramente se ha hecho creer, sino fue elaborada por un conjunto de profesionales y académicos de probada inteligencia, sin fanatismos, y revisada, luego, por dos comisiones representativas de la sociedad. Todos quienes intervinieron en ella se basaron en las ediciones anteriores de 1883 y 1925 para fijar, a partir de los tiempos, el tipo de sociedad más apropiada a la modernidad.

Este inédito proceso constituyente implica dos aberraciones que, de concretarse, resultarán catastróficas: una, el partir de cero, con una hoja en blanco, es negar la existencia de la institucionalidad que ha regido y guiado a Chile desde 1980 a la fecha, y la otra es la dudosa independencia, jerarquía y aptitudes de quienes serán sus redactores. Puede resultar siendo un monstruo sin cabeza o un simple colectivo de políticos, a quienes la propia ciudadanía los desprecia, brindándoles un miserable 2% de aprobación.

Denunciar estos severos peligros para la democracia, dejar en evidencia a los incoherentes y alertar sobre la ineptitud de los eventuales autores de una nueva Constitución, es un deber patriótico, es un honor hacerlo, y es el polo opuesto a la supuesta campaña del terror con que la izquierda atemoriza a la población.

SIGUENOS TAMBIÉN EN REDES SOCIALES

© 2023 por "Lo Justo". Creado con Wix.com

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now